Tomas el cuchillo con mucho cuidado. Partes el aguacate, de manera perfecta, a la mitad. Dejas una de las partes en la mesa mientras la otra la tomas con la mano contraria viendo hacia ti. Con una técnica magistral, por no decir milenaria, lanzas el cuchillo hacia la enorme semilla del aguacate, y una vez encajado con fuerza, procedes a sacar la semilla. ¿Qué haces después? Tiras la semilla y disfrutas de un delicioso aguacate en su versión natural o en guacamole.

El aguacate, palabra que proviene del náhuatl ahuacatl, es un fruto con un alto contenido de grasas cardiosaludables como omegas, los cuales aportan una buena cantidad de calorías. También es alto en fibra, lo cual ayuda a la digestión y tiene funciones antioxidantes para reducir los radicales libres. Es decir, esas terribles moléculas con un electrón extra que dañan el cuerpo. Todas estas propiedades y cualidades del aguacate, se suman a su delicioso sabor y la cantidad de platillos en los que se puede utilizar. Por algo, por ejemplo, el guacamole es una de las salsas más populares a nivel mundial.

México es el país responsable de 50 por ciento de la producción de aguacate a nivel mundial. Así que podemos considerarnos los amos y señores de esta fruta que además es capaz de ayudar al planeta con la reducción de plásticos, material que de forma paulatina ha dañado el ecosistema, provocando un impacto negativo en el planeta.

Resulta que una compañía mexicana llamada Biofase, descubrió la forma en que un aguacate, o mejor dicho la semilla de este fruto, puede suplir objetos de plástico como cubiertos y popotes. Y no sólo eso, sus materiales tienen la capacidad de ser biodegradados en 240 días.

Hay muchas maneras de reducir el uso de materiales hechos de plástico en el día a día; sin embargo, no es suficiente. Actualmente, hay campañas a nivel mundial para evitar el uso de popotes, pues es uno de los objetos que más han contaminado los océanos con un tiempo de “vida” de hasta más de 500 años. El tiempo que le toma a un popote degradarse, resulta nocivo para la salud del planeta. Y así sucede con cualquier otro material de plástico como bolsas. Una iniciativa como la de Biofase, es el tipo de medidas económicas y de negocios, que se deben tomar para contrarrestar el efecto de la contaminación en el planeta.

Los cubiertos y popotes de Biofase, como mencionamos, tardan poco menos de un año en ser degradarse. Pero si se guardan en un un lugar fresco y sexo, pueden extender su uso hasta un año. Después de cierto tiempo, no hay marcha atrás… causando un impacto positivo que no sólo está relacionado con la reducción de plásticos, sino con la reutilización de materiales orgánicos como el hueso del aguacate. Junto a los productos biodegradables, también hay otra gama que pertenece a la categoría de composta. Los primeros se descomponen de forma natural y se reincorporan a los medios naturales. Los de composta, deben atravesar un proceso para que esto suceda.

Cualquiera de las dos formas, es buena para salvar al planeta de un desastre irreparable. De acuerdo con el Informe Estado del plástico 2018 de ONU Ambiente, un aproximado de 13 millones de toneladas de plástico terminan en los océanos cada año. En otro números –alarmantes–, 60 y 80 por ciento de los residuos marinos son de plástico, y como mencionamos, tardan cientos de años en degradarse, afectando de forma directa a la fauna marina. De acuerdo con National Geographic, poco más de 700 especies marinas han ingerido plásticos o han sido dañados físicamente por estos como el caso de la tortuga que tenía un enorme popote atascado en una de sus fosas nasales. Mientras se extrae el plástico, la tortuga se mueve de dolor y sangra… 

¡Bravo, México, por este tipo de iniciativas que podrían reducir los riesgos a largo plazo del plástico!