¿Por qué me interesa?

Nos acercamos a la regulación del uso de dispositivos móviles en México, una medida controvertida, pero necesaria.

Como en todos los países del mundo, en los últimos meses el debate sobre si se debe o no regular el uso de celulares en las escuelas ha llegado a México. Se trata de una medida, profundamente controvertida, que cada vez alcanza más visibilidad dado que se han publicado múltiples estudios que evidencian tanto los problemas de atención que generan los dispositivos en las aulas como el daño que un aparato de estas características puede hacer al proceso de aprendizaje de los pequeños. 

A propósito del regreso a clases, recientemente la presenta Claudia Sheinbaum hizo un llamado enfático a tomar en serio el tema y a abrir una discusión nacional sobre qué tan conveniente es el uso del celular en las primarias. Para la primera mandataria, nuestro país requiere menos tiempo frente a las pantallas y más interacción real en las escuelas. Cambiar el aparato por el cuaderno y convertir los recreos en espacios de juegos libres de tecnología.

Algunos piensan que el camino es la prohibición, otros la regulación./imagen Unsplash

Esta afirmación es parte de una campaña global para contrarrestar las consecuencias pedagógicas que trae el uso desmedido de los dispositivos. De forma concreta, los expertos han revelado que la exposición prolongada a internet afecta el desarrollo cerebral de los niños y los adolescentes, transforma su conducta, entorpece la retención de conocimientos y debilita la comprensión de lectura.

A pesar de las consecuencias visibles que generan los dispositivos móviles, otro sector de la sociedad sostiene que prohibir nunca es la solución, entre otras cosas porque no resolverá el problema de fondo. Y es que, aunque en la escuela se haga una pausa, los niños igual van a ver el celular y por eso más bien hay que enseñarles a usarlo con precaución, hablarles de la adicción al algoritmo e invitarlos a que tengan autocontrol.

¿Por qué México y por qué ahora?

Nuestro país se encuentra en un momento clave respecto a cómo regular su política de celulares en las aulas. Y es que no solo se ha intensificado el uso de la inteligencia artificial, sino que los resultados de la prueba PISA son contundentes: el 37% de los estudiantes de menos de quince años dijeron distraerse en clase con un dispositivo. Por su parte, el INEGI reportó que 8 de cada 10 niños en el país tienen acceso a un teléfono inteligente con internet, una cifra muy alta, que sigue creciendo.

Este panorama de descontrol tecnológico coincide con una de las crisis de aprendizaje más intensas del mundo. La prueba PISA muestra un enorme retroceso en las nuevas generaciones en disciplinas claves para la formación. Solo en México, el promedio nacional en matemáticas registró su nivel más bajo desde el 2003, mientras en comprensión lectora el rendimiento cayó tanto que la SEP ha calificado el fenómeno como el equivalente de haber perdido un año entero de aprendizaje escolar.

El rendimiento académico ha disminuido y el uso de internet entre menores a subido./imagen Unsplash

Además, durante una Consulta Nacional realizada por la Secretaría de Educación Pública el 24 y 25 de agosto a maestras y maestros de más de 200 mil planteles de educación básica, el 81% de los docentes estuvo de acuerdo en regular el uso de celulares durante las clases y los descansos, debido a que los dispositivos generan distracción y un aumento preocupante del ciberacoso.

Por si todo lo anterior fuera poco, en otro sondeo nacional, 84% de las madres y los padres de familia dijeron sentirse inseguros de que sus hijos entren libremente a internet; en particular, mostraron inquietud en que los menores de edad usen las redes sociales, ya que no solo les quitan tiempo de vida, sino que los exponen a la violencia digital en todas sus formas.

Regular el uso de celulares es una NECESIDAD

Ante este panorama, que la verdad resulta bastante apocalíptico, es necesario recuperar a la brevedad todos los espacios de aprendizaje y esparcimiento que tienen nuestras infancias. No se trata de satanizar la tecnología, sino de establecer normas claras respecto a la convivencia digital.

La primera misión, y quizá la más importante, es cambiar la forma en la que los más pequeños significan los dispositivos. Los celulares no deben usarse para quitar el aburrimiento, ni para vincular personas, sino más bien como una herramienta pedagógica guiada y resguardada por maestros y padres.

La idea es enseñar a usarlos./imagen Unsplash

Si bien las escuelas no pueden aislarse del mundo real y hay que enseñar a las y los alumnos la importancia y el uso responsable del internet, sí es transcendental que todas las instituciones trabajen juntas para dar una educación en la que se prepondere el valor de la desconexión y en la que las y los niños entiendan que las mejores partes de la vida no están en una pantalla, sino en el juego, los libros, en la imaginación y en el apapacho familiar.

¿Cómo regular el uso del celular en la infancia?

Tanto la UNICEF como la Organización Mundial de la Salud sostienen que la solución no está en prohibir, sino en lo que los expertos llaman “dosificación por etapas” y límites de espacio físico. Esto significa que, dado que los niños no tienen la capacidad de regularse ante estímulos que generan dopamina, se requiere una vigilancia pedagógica en la que prestemos atención a cuánto tiempo pasan los pequeños frente a una pantalla y qué ven.

El primer consejo y quizá el más central es saber, según la edad, cuánto tiempo de exposición puede tener un niño sin que el celular lo afecte. Si son menores de cinco años, se recomienda menos de media hora al día; por su parte, de los seis a los doce, solo sesenta minutos, y de los trece a los dieciséis, un par de horas. Los expertos también sugieren retrasar el regalo de un smartphone lo más que se pueda.

Los papas tienen un rol central en esta tarea./imagen Unsplash

Finalmente, hay que regular también los lugares donde se puede ver el dispositivo móvil. Hablamos de una colección de sitios en los que el celular está restringido para todos, no solo para las infancias, como la hora de la comida, la escuela y hasta el dormitorio, un espacio sagrado y analógico, que los niños deben asociar con el juego y la imaginación.

¿Y ustedes de qué lado están en este debate?

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