Hace 60 millones de años, los dinosaurios desaparecieron. Un meteorito que impactó la Tierra en la península de Yucatán, terminó con la vida de estos seres que, de alguna manera, definieron la forma en que el planeta sirve a aquellos que lo habitan. En otras palabras, descubrimos (con base en estudios) que la Tierra, el único planeta en que hay condiciones de vida como la conocemos, evoluciona conforme a las especies que habitan en ella y viceversa.

Procesos naturales, o que están fuera del alcance del ser humano, han llevado a la población de las especies, así como su existencia, a obedecer un proceso de adaptación dirigido por, precisamente, por la Tierra. Y así, encontramos distintos puntos o características biológicas que se relacionan a la extinción de las especies:

Relación con otras especies; es decir, la forma en que se mezclan con especies “superiores” o que forman parte de un ciclo. Por ejemplo, cuando dos especies buscan un mismo tipo de alimento. Uno de ellos domina, y no sólo eso, la “presa”, al verse en esta situación, también está en riesgo. Nuevamente, es un proceso natural. 

Número de población. Esto también afecta a las especies, sobre todo cuando su número es menor como consecuencia de su proceso de reproducción. Por ejemplo, la tortuga angonoka tarda 15 años en alcanzar edad para tener crías. 

La distribución geográfica es de suma importancia para la existencia de una especie, y suelen ser catastróficas para algunas si no se adaptan a los procesos relacionados a la región como el clima, la disposición del agua y las demás especies que conviven en un mismo ecosistema. 

Tamaño de los organismos, sorprendentemente, también interviene 

Todos ellos están relacionados y, como mencionamos, con un proceso natural que ha formado parte del ecosistema desde que hay registros de vida en este planeta. La evolución es parte de esto mismo, íntimamente relacionado con un proceso de adaptación. Sin embargo, del otro lado, hay cambios que están dirigidos por las distintas actividades humanas.

Destrucción de hábitat como deforestación, destrucción de arrecifes o urbanización. La sobrepoblación de la especie humana ha llevado al hombre a ocupar enormes espacios naturales, dejando a las especies sin un lugar dónde vivir, o bien, obligándolos a convivir con los seres humanos, los cuales no se adaptan o siquiera comprenden las necesidades de las cientos de especies afectadas. 

Sobreexplotación en cuanto a actividades comerciales. Aquí entra la cacería de especies (exóticas o en peligro de extinción) en distintos puntos. La cacería furtiva es una de las actividades más peligrosas para la existencia de cualquier especie sin importar si esta se encuentra en una lista roja o no. 

Contaminación a partir de industrias o uso de materiales específicos. Es bien conocido el proceso de degradación de las bolsas de plástico, por ejemplo. Una bolsa tarda casi 100 años en descomponerse, y la cantidad de estas en el mundo es abrumadora, provocando así un exceso de materiales que terminan en mares y océanos.  

Escasez de agua relacionada, del mismo modo, a las industrias, sobrepoblación y destrucción del hábitat. Este punto afecta, especialmente, a las especies marinas como anfibios, cuyo proceso de extinción es el menos estudiado por su complejidad y por la atención que generalmente reciben las especies de mamíferos. 

Introducción de especies exóticas en regiones no adecuadas la cual se relaciona también a la destrucción del hábitat, pues las especies se ven obligadas, en muchos casos, a migrar a otras zonas. 

Son estas, las actividades humanas, las que han llevado a un punto límite a la Tierra. El cambio climático es una realidad que pone en riesgo la existencia de miles de especies vegetales y animales, incluido el ser humano. A un nivel consciente tanto individual como colectivo, estamos lejos de comprender las consecuencias funestas de las distintas actividades que realizamos.

En los últimos años, la extinción de seres vivos en México, América Latina y el mundo, se ha acelerado al grado en que pronto no habrá marcha atrás (para algunos ya no hay solución). Distintas organizaciones a nivel mundial, así como autoridades, han hecho esfuerzo los últimos años de concientizar de forma individual al hombre de lo que puede hacer para evitar una catástrofe. Entre las más destacadas está reciclar; evitar el uso de ciertos materiales que tardan años en degradarse como el plástico; ahorrar agua; usar bicicleta en lugar de automóvil; etcétera.

Este lunes 22 de abril, se celebra el Día de la Tierra no sólo para recordar al mundo que está en nuestras manos el cambio que el planeta necesita, sino para de últimas, decirnos que nosotros mismos nos estamos llevando a la extinción. Mientras la población de ser humanos crece de manera exponencial, hay especies cuyos números caen de forma fatal. De acuerdo con National Geographic, algunos de ellos son:

Oso polar

Pangolín

Mono dorado de nariz chata

Lémures

Gorilas occidentales

Mandriles

Axolotes

Tortuga angonoka

Chimpancé

Oso panda (quedan, aproximadamente, dos mil en todo el mundo)

Mariposas monarca

Águila filipina

Tigres (reducción de 97 por ciento de su población)

Olm (un animal fascinante que está en la Tierra desde la época de los dinosaurios)