En estos tiempos modernos donde muchas personas buscan pareja en las redes sociales o de plano en apps de citas, es muy difícil encontrar historias de amor, como dirían por ahí: amor del bueno. Pero de vez en cuando hay algunas excepciones, personas que al verlas te dan ganas de enamorarte y sobre todo te devuelven la esperanza para volver a creer en el amor. Una historia de amor que ni siquiera The Notebook puede superar. Les presentamos a Herbert DeLaigle y Marilyn Frances.

Este par de tortolitos se conocieron en 1947 en un café, según cuentan ellos mismos. “Frances trabajaba en un pequeño café que teníamos en Waynesboro llamado White Way Cafe, dijo el señor Herbert para WRDW. El propio Herbert aceptó que se la pasaba mirándola todos los días hasta que se envalentonó y le habló: Seguí viéndola entrar y salir, entrar y salir, y tenía mis ojos puestos en ella. Y luego finalmente junté el valor necesario y le pregunté si alguna vez saldría conmigo”. 

Afortunadamente Marilyn aceptó y salieron al cine. Un año más tarde, la pareja se comprometió y finalmente se nos matrimonearon, pero por poco no pasa, ya que Herbert casi no llega a su propia boda porque, en palabras de Marilyn, él siempre llegaba tarde a todos lados. 

Como sabemos, no todo fue miel sobre hojuelas, ya que durante la Segunda Guerra Mundial, los DeLaigle tuvieron que irse por dos años a Alemania, por supuesto que Marilyn acompañó a su esposo. Herbert DeLaigle también sirvió en Corea y Vietnam y se retiró del Ejército después de 22 años de servicio.

Después de celebrar su aniversario 71 en junio, la salud de ambos comenzó a disminuir. Herbert se rompió la cadera y el brazo y tuvo que ir a rehabilitación. Durante ese tiempo, Marilyn nunca quiso dejar a su esposo, incluso le pusieron una cama pegada a él para que nunca estuvieran separados. Tras días complicados y de luchar por su vida, Herbert murió a las 2:20 am. 

Marilyn no pudo soportar la muerte de su esposo y, exactamente 12 horas después, la pareja se reencontró en el cielo. Helen DeLaigle, una de las hijas de la pareja dijo que estaban tan conectados que su estado de ánimo y salud dependía de cómo se sintiera el otro. Toda la familia está encontrando resignación, pensando que ambos ya están descansando juntos. Helen le dijo a la misma fuente que “esto no era el fin de la historia, sino el principio de algo nuevo”. Ambos serán enterrados uno frente al otro y no, no estamos llorando, ustedes están llorando.

Después de conocer a Herbert y Marilyn nos queda claro que el amor duradero, ese que todo el mundo sueña sí existe y que, las parejas pueden pasarse la vida amándose toda la vida. Solo nos queda recordarlos con esta bella melodía de Rocío Dúrcal.