En la actualidad, las personas cuentan con formas más sencillas de comunicarse en caso de que ocurra un sismo como el de hace unos días. A pesar de que las redes se saturan y la señal puede perderse, los smartphones e internet nos permiten localizar a nuestros familiares y amigos con mayor facilidad.

Ok pero, ¿cómo le hicieron antes de que eso existiera?

Cabinas de teléfono - Sismo de 1985

En 1985, alrededor de 28 mil personas estaban desaparecidas tras el sismo de 8.1 grados ocurrido aquel 19 de septiembre. Al no tener formas de comunicación al alcance de la mano, los mexicanos tuvieron que recurrir a los únicos medios que estaban en su alcance y locatel era uno de ellos. Se registraron más de 1,166 llamadas por hora en ese servicio; todas preguntando por seres queridos.

Según lo publicado en la primera plana de El Universal, se podía identificar a los fallecidos en ese centro, ya que varios hospitales registraron a quienes podían ser identificados. En esa misma edición se podía encontrar una lista con la gente que permanecía en albergues y centros de atención médica, así como secciones de dependencias gubernamentales y empresas que notificaban la movilización de sus oficinas.

En pocas palabras, uno tenía que usar el periódico si quería saber a qué lugar acudir para pedir información. Lo mismo ocurría para quienes se dirigían a su trabajo o seguían buscando a sus conocidos. Como ejemplo tenemos a Salinas y Rocha, que avisaba a sus empleados que debían acudir a la almacenadora de su empresa, que en ese entonces estaba en avenida Cuitlahuac #3352, para recibir instrucciones.

Por otro lado, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes ofreció un servicio de mensajería gratuita para quienes desearan enviar notificaciones breves. También las estaciones de radio que se encontraban al aire prestaron su ayuda a la población de manera continua, dando varias actualizaciones de sobre los damnificados y hasta atendiendo varias llamadas del público.

A falta de teléfonos celulares, las cabinas telefónicas hicieron un trabajo importante al ofrecer una conexión en varias zonas donde la comunicación era intermitente.

Lo cierto es que los tiempos son muy distintos y ahora existen muchas herramientas que facilitan la comunicación. Sin embargo, si algo no ha cambiado después de más de tres décadas es la voluntad de ayudar que existe en el corazón de cada ciudadano en México. En el pasado todos se unieron para atravesar el desastre y ahora, con tecnología o sin ella, seguiremos buscando formas nuevas de brindar nuestro apoyo.