Quién sabe cómo, pero otra vez se acabó el año. Oootra vez estamos en esa época en la que conviene no salir al mundo exterior después de las 7 u 8 de la noche o tal vez ya nunca. El transporte es un desmadre, las calles están llenísimas, los centros comerciales andan imposibles y en general, las neurosis de todos se quieren disparar. O sea, normal, es diciembre: la época más feliz del año.

Este fin de semana es para pasarlo con la familia, comer mucho y juntar fuerzas para llegar vivo al próximo lunes. Una de las pruebas más importantes es la cena de Navidad. No es que no queramos a nuestras familias. No es que no nos guste reunirnos con ellas –una o dos veces al año–, es sólo que en ocasiones estas fechas pueden sacar lo peor de nosotros y hay que estar preparados para la magia de la Noche Buena.

Primer consejo: No llegues con hambre a la reunión familiar, por si la cena tarda en salir. Es horrible que te empiece a dar hambre desde las 8 de la noche y que todavía falten horas para que sirvan la comida. El hambre lleva a la ira, la ira lleva al odio y el odio lleva al sufrimiento… y a que te pongas de malas con todos.

 

Segundo consejo: Si no te gusta el menú, aguántate y come. Ni modo, otra vez hay que fingir que nos gustan los romeritos, las tortas de camarón, el bacalao y las pasas en las ensaladas. Pero si no ayudaste con la preparación de la cena, ni pusiste nada para lograrla, tu derecho de quejarte queda revocado.

Tercer consejo: Es casi una ley, la familia va a hacer preguntas incómodas sobre todo tipo de cosas… que si ya te titulaste –no; sigues debiendo las mismas materias desde hace un año–, que si ya tienes novia o novio –estás más forever alone que nunca–. Si sí tienes pareja, para cuándo se van a casar. Si ya están casados, para cuándo van a tener hijos. Si ya tienen hijos, para cuándo van a tener más. Y así, complacer a los parientes es una fantasía, un hermoso unicornio que sólo existe en nuestra imaginación. Así que a dar el avión se ha dicho. A desviar la plática, a preguntar que si alguien ya vio Game of Thrones. Par favar, si algo nos ha enseñado internet es que no hay circunstancia que no se pueda sortear con un buen video de gatitos.


Mira, tía, ¡gatitos!

Cuarto consejo: Bueno, ya pasó la cena. Ahora es probable que algún familiar quiera ponerse a decir unas palabras… Y muy seguramente alguien más siga su ejemplo… Y luego querrán que tú lo hagas. Esta es tu oportunidad de conmover a tu abuelita y tus tías, lo único que hay que hacer es ser sincero y hablar de lo afortunado o afortunada que eres al tener una familia que te quiere. Muchas veces algunos de los momentos más fastidiosos pueden resultar en algo chido si te das la oportunidad de abrir tu corazón… O todo puede salir horrible, la verdad, no hay garantías.

Quinto consejo: Cuando el tío que siempre se pone hasta atrás se ponga hasta atrás, apóyalo y sírvele de guía y compañía. Nunca sabes si tú serás ese tío borracho en el futuro. Consejo 4.1: Procura tratar bien a tus sobrinos o primitos, para que en el futuro estén a tu lado y así continúe creciendo el árbol genealógico de la embriaguez.

Sexto y último consejo: Nomás diviértete. La Navidad no es un castigo, aunque a veces lo parezca. Es una oportunidad para pasarla increíble con gente que a veces se aleja de tu vida. También es la oportunidad de compararte con tus primos y ver que no la has regado tanto, o de evitar hablar con tu familia para poner una película o una serie navideña. Hey, hay muchas salidas.

 

 

Que tengan una deliciosa cena y una llevadera convivencia familiar. Si no, ya saben, gatitos!!1