Lo que necesitas saber:
La emperatriz Carlota puede ser vista como una villana extranjera, aunque en realidad fue un personaje que se enamoró de México y luchó por mantener su gobierno.
En el contexto histórico de nuestro país, la emperatriz Carlota es vista como un personaje complejo y controvertido. A propósito de la serie que se estrenará en HBO sobre su vida y más allá del mito de la locura, recorremos la vida de Carlota de Bélgica, también emperatriz de México por poco más de tres años; una historia de ambición, política y tragedia que aún hoy da de qué hablar.

Nacida en Bruselas, en 1840, como María Carlota Amelia Augusta Victoria Clementina Leopoldina de Sajonia-Coburgo-Gotha, fue la única hija de los cuatro que tuvieron el rey Leopoldo I de los Belgas y la princesa Luisa María de Francia, quien murió cuando Carlota tenía 10 años. Con 17 años de edad contrajo matrimonio con Fernando Maximiliano de Habsburgo, archiduque de Austria.

A los 23 años de edad se convirtió en la segunda emperatriz de México, en un gobierno monárquico efímero creado por los conservadores que se oponían a la resistencia republicana de Benito Juárez. El matrimonio gobernó de 1864 a 1867 y el final de este imperio es una historia trágica que marcó a Carlota por el resto de su vida.
El Segundo Imperio Mexicano
Con la Independencia de México se instituyó el primer sistema de gobierno monárquico de nuestro país, encabezado por Agustín de Iturbide. Este primer imperio tuvo una duración aproximada de ocho meses, entre 1822 y 1823, debido a problemas económicos, conflictos de Iturbide con el Congreso y rebeliones internas. El llamado Agustín I renunció al trono y el país adoptó un sistema de gobierno republicano.

Fue en 1864 cuando el matrimonio de Maximiliano y Carlota aceptó la corona de nuestro país, en la época que Napoleón III y su intervención francesa buscaba dominar América Latina. La suspensión de los pagos de la deuda a Francia por parte de Juárez sería el pretexto que el emperador francés usó para imponer una monarquía europea que fue apoyada por los conservadores mexicanos.
Así llegaron los nuevos emperadores a nuestro país, Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica. Tocaron tierra en el puerto de Veracruz el 28 de mayo de 1864, aunque su coronación se dio un mes antes en el Castillo de Miramar, en Austria. Se dice que Maximiliano aceptó el cargo por ambición de poder, por falsas promesas de que el pueblo mexicano lo deseaba y por la presión de parte de Napoleón III.

El gobierno de la pareja estuvo lleno de tensiones. Era difícil que su cultura se impusiera en un país con costumbres tan diferentes. La pareja encontró un país dividido, y aunque Maximiliano instituyó medidas de tendencia liberal y progresista, el pueblo veía a los emperadores como monarcas extranjeros impuestos por una invasión militar.
La caída del Imperio
La emperatriz fue la primera mujer que gobernó nuestro país cuando su esposo se ausentaba a dar giras y atendía asuntos militares. El matrimonio estableció su residencia en el Castillo de Chapultepec, al que ella mandó embellecer y adaptar al estilo europeo. Se sabe que que Carlota quedó fascinada por la cultura, los paisajes y la historia mexicana y se tomó muy en serio su gobierno.

La emperatriz viajó por los estados del país para conocer las necesidades de los pueblos indígenas e incluso aprendió algunas palabras en náhuatl. Apoyó leyes para proteger a los vulnerables y mejorar las condiciones de los trabajadores.
Pero llegó el fin del apoyo de la corona francesa, Napoleón III retiró sus tropas del país y las fuerzas republicanas avanzaron. Ella viajó a Europa en 1966 para buscar el apoyo del emperador en Francia, así como el del Papa Pío IX en el Vaticano, pero no recibió la ayuda necesaria. La intervención en México ya era incosteable y la Iglesia le dió la espalda ante la negativa de Maximiliano de retirar las Leyes de Reforma y devolver los bienes de la Iglesia.
La desesperación de Carlota
El fracaso del viaje de la emperatriz la llevó a caer en una severa crisis nerviosa con ataques de paranoia. Desde su visita a la corte de Francia temía ser envenenada, y en su visita a Roma, se dice que solo bebía agua de las fuentes públicas. Su deterioro mental fue en aumento y tras el fusilamiento de Maximiliano en Querétaro, en 1867, Carlota se quedó en Europa para nunca regresar a México.

Así pasó los siguientes 60 años de su vida, recluida en castillos de Bélgica e Italia. Los delirios nunca desaparecieron y ella se pensaba a sí misma como la emperatriz mexicana hasta su muerte, en 1927.
Entre otros factores que la llevaron a la desesperación estuvo el no poder tener hijos. Existe el mito que cuenta que sus trastornos comenzaron cuando visitó a una curandera de Ciudad de México para que le diera algún remedio para concebir, pero la mujer la reconoció y por odio al imperio, le dio algún hongo o planta alucinógena que destapó sus delirios de persecución.

Carlota es vista como una mujer trágica y romántica. Obras literarias como la novela Noticias del Imperio de Fernando del Paso nos ayudan a ver su papel como mujer, más allá del estereotipo de villana extranjera. Esperamos que la superproducción que prepara HBO con Belinda como protagonista, también la represente como la gobernante dedicada que alguna vez fue.

