No sabemos con certeza a quién se le ocurrió la grandiosa idea de inventar puertas que se abren para adentro (o sea, las que en vez de jalar tienes que empujar), pero de que la persona que lo hizo estaba consciente de que nos iba a hacer pasar varios momentos vergonzosos y corajes, de eso no nos queda la menor duda.

No puedes negar que en más de una ocasión tú o el “primo de un amigo”, ha lidiado con ese tipo de puertas en alguna tienda o restaurante. Al final –después de varios intentos, burlas de personas que se encuentran en el lugar y gotas de sudor en tu frente– es gracias a una persona que va de salida como puedes entrar al establecimiento y de paso, aprendes por qué tus intentos estaban siendo fallidos.

Y si te hace sentir mejor, en el mundo existen personas que también batallan con este problema a diario. Eso sí, como todo, hay algunas que lo hacen de una forma más tonta que la tuya (sin ofender, claro).

Para probar lo que decimos acá les dejamos el caso de un ladrón que, al no poder entrar a una tienda –la cual pensó que estaba cerrada–, rompió un cristal de la puerta para lograr su misión. Sin embargo, a los pocos minutos descubrió tres cosas: que la tienda no estaba cerrada, que había alguien dentro de ella y que la puerta se abría para adentro. JAJAJAAJAJAJA.

Medios locales informaron que esto ocurrió en Michigan, Estados Unidos. Un video que ya ha sido difundido por la policía local muestra al sujeto en cuestión entrando a la tienda por un hueco que hizo al romper un vidrio de la puerta.

Captura de pantalla

Sin perder el tiempo, el ladrón salta directamente a la caja registradora para robar el dinero, sin embargo, el encargado del lugar aparece de repente y el ratero se da a la fuga. Lo más gracioso del caso es que es cuando el hombre se va por el agujero que le hizo a la puerta, se da cuenta de que ésta se tenía que empujar para abrirse. ¡No pues con razón no podía!

Va el video:

Obviamente este sujeto ya es buscado por las autoridades, aunque juzgando por su capacidad intelectual, probablemente lo atrapen más rápido de lo que pensamos. Eso sí, cuando lo encuentren la vergüenza de pertenecer al club de “No puedo abrir la puerta” lo acompañará por el resto de sus días.