Lo que necesitas saber:

Los chilangos tenemos actitudes y características únicas y aunque vivimos a un ritmo acelerado en una ciudad enorme, nos sentimos orgullosos de serlo.

Ser un verdadero chilango es algo más que nacer en la Ciudad de México, es amarla y sobrevivirla cada día y, sobre todo, conocer sus costumbres y lugares más icónicos, desde la Cineteca Nacional hasta los barrios y las estaciones del metro más inadvertidas. ¿Qué tan chilango eres? Nuestra ciudad tiene un ritmo acelerado y somos millones los que andamos por sus calles, perdidos entre las multitudes.

Ser chilango es todo un orgullo./Imagen Pexels

Aunque en un principio el término se usaba como un peyorativo y los chilangos eran (y de vez en cuando son) menospreciados en provincia debido a diferencias culturales, rivalidades históricas y actitudes diferentes, en la actualidad ser chilango es un orgullo y representa una identidad única, vibrante y cargada de folclor, así como el ingenio y la creatividad para imponerse ante las adversidades.

Los chilangos sabemos salir adelante ante las adversidades./Imagen Pexels

Existe una expresión que dice “Ser mexicano es un orgullo, ser chilango es un don de Dios”, y aunque sabemos que los capitalinos no somos el centro del mundo, ni mucho menos, vivir en una ciudad enorme que puede llegar a ser caótica hace que desarrollemos ciertas habilidades que no le resultan indispensables a los habitantes de otras partes del país.

Algunas características de los chilangos

Los ciudadanos de la capital mexicana vivimos en una urbe multicultural, propensa a los sismos, llena de edificios, comercios, tráfico, barrios populares y tradiciones que van desde lo moderno hasta lo más autóctono. Como chilangos debemos aprender a trasladarnos de un lugar a otro por la inmensa ciudad sobreviviendo al transporte público y otros contratiempos siempre con una buena actitud, aunque algunos dicen que los chilangos nos quejamos de todo.

Llevamos nuestro barrio en la sangre y en el corazón./Imagen Pexels

Nuestro lenguaje se distingue por su “acento cantadito” y por el uso de la “ch” con palabras típicas como “chamba”, “chido”, “chale”, “chafa”, “chela” y “ch****n”. Dominamos una extensa jerga urbana que va desde modismos y expresiones particulares, hasta el buen dominio del arte del albur. Tenemos una forma de expresión dinámica que va de acuerdo con el ritmo de vida capitalino y nuestro vocabulario está empapado de términos de la antigua cultura náhuatl. 

Un buen chilango sabe reconocer los mejores puestos de comida callejera./Imagen Pexels

En cuanto a gastronomía dominamos el arte de la torta, pues sabemos que cualquier alimento puede ser introducido en un bolillo y sabemos gozarlo. También aprendemos a identificar las mejores fondas y puestos de comida callejera, comemos tacos de lo que nos pongan enfrente, disfrutamos de los sabores intensos y nunca nos hace falta un “tente en pie”. Ante todo, tenemos un estilo de vida alegre y auténtico.

¿Qué tan chilango eres?

No hace falta conocer cada barrio popular o las colonias lujosas y sofisticadas, pero cada sitio de la capital enriquece nuestra cultura. En provincia se nos puede tachar de presumidos por tener más variedad de todo, entre tiendas, cantinas, restaurantes, lugares de esparcimiento, museos y sitios históricos, pero esa abundancia tiene el costo de una vida acelerada que de vez en cuando nos provoca nostalgia por el estilo de vida provinciano.

Los chilangos somos multiculturales y tenemos un vocabulario muy especial./Imagen Pexels

Podemos decir que cada chilango tiene su barrio de origen en la sangre, conoce los transbordos más cortos del metro y el metrobús, ha bebido micheladas exóticas, asistido a algún clásico de fútbol, a las megamarchas, ha visto cine de arte en la Cineteca, dado el grito en el Zócalo entre mares de gente y disfrutado de la fiesta en lugares icónicos como la Plaza Garibaldi o Xochimilco.

No te puede faltar el amor por los antojitos y garnachas./Imagen mexicocity.cdmx.gob.mx

Y esto, por no hablar de las visitas a la gran cantidad de museos, teatros, festivales, tianguis y mercados interminables. Un buen chilango sobrevive al ajetreo y a la inflación, se adapta al día a día, al tráfico y a la contaminación. No nos complicamos la vida, tenemos un espíritu solidario y la ciudad nos trata con cariño. Cada mexicano se siente orgulloso de su lugar de origen, pero el chilango tiene bien arraigado el sentimiento de pertenencia, identidad y resiliencia.

Chilangos de corazón

Así que, si has ido a chacharear a La Lagunilla, Tepito o La Merced, a celebrar el triunfo de la selección al Ángel, a ver la ciudad desde el mirador de la Latino, conoces la historia de los barrios y monumentos y disfrutas de las garnachas a cualquier hora del día, puedes considerarte un buen chilango.

La cultura chilanga es única en su tipo./Imagen Pexels

No hace falta “andar al tiro”, aunque se nos considere una mezcla entre “chile”, “chango” y “huachinango”, los chilangos tenemos un gran corazón y lo sabemos compartir con todo México y el mundo.

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