De la nostalgia a la realidad britpopera con Richard Ashcroft

Por alguna no tan extraña razón, Richard Ashcroft me recuerda Trainspotting. Tiene todo: desde el físico de un hombre que apenas va saliendo (o entrando) de una “granja”, hasta esa actitud de duro english man que, no importando que tan vapuleado esté, no deja de ser arrogante y buscar la próxima pelea. También me recuerda a la cinta de Danny Boyle porque, así como en ésta, los momentos musicales del ex The Verve pueden ser hipnóticamente aletargados, para después repentinamente explotar y hacerte mover el cuerpo con total frenesí.

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Para quienes no hayan querido repetir la dosis del pasado Corona, creyendo que la presentación de Ashcroft sería pan “con lo mismo”, grave error. Desde la abridora “Out Of My Body”, el nacido en Wigan demostró que venía en un mood diferente al del año pasado y, a la melancolía de su guitarra con la que en 2015 hizo que más de uno soltara tremendos lagrimones, añadió la compañía de una efectiva banda y, así, lo que fue nostalgia noventera se convirtió en una completa experiencia britpopera. Hasta el frío clima ayudó.

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Si bien entre el público había férreos fans del intérprete de “Song for the Lovers” que, sin ninguna bronca y con todo júbilo  corearon temas como “Break the Night With Colour”, “Music is Power”, así como del nuevo álbum con el que está de gira: These People (“Hold on” fue un gran momento), la gran mayoría estaban ahí para escuchar nuevamente (o por primera vez) las canciones con las que Ashcroft sigue vigente en el inconsciente musical de miles (seguro millones) de personas. Claro que tenía que prender con “Sonnet” y echarse nuevamente “Space and Time” y “Lucky Man”… y por supuesto que iba a cerrar con “Bitter Sweet Symphony”.

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“¡Hey!, me estás contando lo mismo del año pasado”, podrán pensar… La gran diferencia entre la presentación del año pasado y lo que se vivió ayer se ejemplifica con uno de los mejores momentos del set de Richard Ashcroft (quizás de todo el Corona): “Drugs Don’t Work”. Así como en 2015, Ashcroft en el centro del escenario, sólo con su guitarra. Uno a uno cada uno de los versos de la melancólica pero esperanzadora canción: “All this talk of getting old, It’s getting me down my love“. Las estrofas seguían, pero la banda se conservaba en silencio. Al de The Verve, “sólo” lo acompañaba el coro de todos los presentes (y vaya que si se escuchó). El bajista amagaba una y otra vez con entrar. El tema ya casi finalizaba y parecía que sería una hermosa calca del año pasado, pero… ya en el último coro de la canción, batería, bajo y guitarra eléctrica irrumpieron para darle un aire festivo a la nostalgia que la desgarradora voz de Ashcroft transmite.

“I’m never going down, I’m never coming down, no more, no more, no more, no more, no more…”

Richard Ashcroft me recuerda Trainspotting. Por lo que ya les conté y también por la gente que logra reunir. Jóvenes probando sus primeras borracheras; cuarentones que, aunque sea por una hora, regresan a aquello que fueron en sus veintes; también mucho inglés… o chicos que creen serlo y orgullosamente portan la bandera británica. En el aire el olor a mota. A mi lado una chica quemando “piedra” en su mini pipa. El próximo año sale la segunda parte de Trainspotting. Muchos no la quieren ver, porque dicen que es un sólo un apelar a la nostalgia noventera. Yo la iré a ver porque creo (espero) que tendrá algo nuevo. Así como Ashcroft ayer.

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Setlist

  1. Out of My Body
  2. Sonnet
  3. Break the Night With Colour
  4. They Don’t Own Me
  5. A Song for the Lovers
  6. This Is How It Feels
  7. Music Is Power
  8. Science of Silence
  9. These People
  10. Space and Time
  11. Lucky Man
  12. The Drugs Don’t Work
  13. Hold On
  14. Bitter Sweet Symphony

Texto: Álvaro Cortés
Fotos: Elizabeth Cacho