Dichosos los que asistieron al Circo de Maldita Vecindad

¡Que comience la función! Ya reunidos en la Carpa Astros, como niños corremos hacia la luz. “¡Ya va a empezar, mamá!”… mucho chamaco, aunque mañana hay escuela. Es TODO un bacán: hay barbacoa, alitas, jochos. Y entre todos los comensales, una santera leyéndole las cartas a los curiosos por unos cuantos pesos, porque Mexiquito.

 

“¡Es un gran honor para nosotros estar aquí, en este circo!”, abre Triciclo Circus Band. No podrían abrir otros. “El amor, el amor ya no aguanto más”, empieza una balada circense irónicamente animada por dos payasos en zancos. La Carpa Astros ayer cumplió un año en esta nueva etapa de conciertos. La Maldita Vecindad y su

Circo cumplen 25. Malabaristas, bebida, un carrusel, enanos con brillitos y frac, envueltos en una noche fría. “¡Mi’jo, tu foto!”

 

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“Welcome to Tijuana, con el coyote no hay aduana”, la gente corea y silba la playlist de calentamiento. Y por fin, para todos los inquietos, en la pantalla aparece la frase “Difícil es caminar” – “¡Pues ya tráiganlos en su andadera!”, le dice un maleducado a sus amigos.

 

Roco, “Bailando”, inicia ahora sí esta fiesta. “¿Sabían ustedes que hace 25 años presentamos El Circo en esta Carpa Astros?”. En la pachanga hay chanchullo: todos bailan, brincan y están coordinados. Traen coreografía, se saben CADA rola y El Circo aún no ha comenzado. Ellos sobre el escenario se ven radiantes, Sax es un rompecorazones.

 

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Y a propósito del festejo guadalupano: ‘Tiempos de un sistema neoliberal capitalista salvaje, que ha basado todos sus valores en el patriarcado, en la muerte hacia las mujeres. No más violencia a la mujer, no más feminicidios”, a los Hijos del Quinto Patio los acompaña la imagen de la Santísima, la única ”Mujer”.

 

“Nos sacudimos toda esta negatividad para que todo lo malo se vaya… porque ya lo pasado, pasado. Ya olvidé”. Movemos las manos hacia el cielo, hacemos un ritual para eliminar las malas vibras (Dios quiera que la buena vibra dure hasta mañana). Una limpia que sucede rodeados de luces verdes, amarillas. “Y para los medios de distracción masivo les decimos, no les creemos nada.” Antes de iniciar cada canción, Roco dice unas palabras, todas de protesta. Es fluido, habla con la misma labia sobre la Pachamama, sobre el gobierno, sobre la cultura callejera. Te prometo que yo no voté por EPN…

 

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Ya está aquí la banda pesada, “¡Ahí viene Don Palabras!”. Este es el mero barrio, aquí en Tlalpan. Todos somos pardos e igual bailamos. “Para Pérez Prado, Tongolele, todos ellos que construyeron una comunidad de barrio.” Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Dámaso Pérez Prado, y aquí lo respaldamos. Ese mismo barrio que vio nacer al Circo, el barrio precario, el rasposo. Brincamos con el ska, con las trompetas y nos sigue conmoviendo el danzón. El barrio mueve las caderas al ritmo de “El Cocodrilo”.

 

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Con disco de platino por el millón de copias vendidas, así empieza la tocada. Se acabó la introducción. “Escribimos está canción porque hace 25 años nadie pensaba en los niños en situación de calle. Se la dedicamos a los niños normalistas. ¡Ya basta!”. Hay un poco de sangre derramada en la Carpa Astros. Los Pachucos cambiaron de ropa, traen largos sacos. Igual que ellos, todos nos trajeamos, afilados para homenajear los 43 visuales que se proyectan detrás de la Maldita, cada uno con el rostro de un normalista.

 

¿Música egipcia? Las luces son tenues y empieza el show de freaks. Un hombre con la cara tatuada, muy delgado, se traga una espada, se flagela ante todos. Cruza la puerta el Gran Solín, no viene solo: lo acompañan tragafuegos, malabaristas y gimnastas que arden. Roja es la luz, así como el vestido de la bailarina (monísima, ya se imaginarán los silbidos) que aparece sobre el escenario. Entramos al Kumbala Bar. Con sus fuertes brazos se cuelga en un aro que sube al cielo. Roco traen un largo saco: toda la Maldita está impecable, listos para iniciar el danzón. Sólo les falta una rosa en la boca: Los Pachucos siempre serán los más románticos.

 

“Un mundo donde nadie sea considerado ilegal, un mundo para los patas de perro”. No son fuscas las que se disparan, son pistolas de serpentinas que cuetean e iluminan el techo. “Hace 26 años el movimiento era muy distinto… Para Juan Gabriel que está hasta allá arriba, para la música popular mexicana”. Hasta el Divo de Juárez está invitado a esta fiesta, ¡te amamos Mexico! Más cañonazos. Hay gente cachando los cuadritos plateados que caen. Juan Gabriel se retira y con él, la fiesta. Los músicos, los artistas hacen una caravana. “Un aplauso, carnales, para todos. Gracias carnales por venir a esta fiesta en la que todos caben; van a salir en la foto del recuerdo, carnales. ¡Hagan bulla!” Los Pachucos originales, sumisos ante su público. Si yo hubiera estado allá arriba, seguro lloro.

 

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Este Circo está a punto de explotar, y no es broma. “Donde más pobreza hay, nadie podrá ya reír”, hoy no hay fiesta más animada que esta. Porque el Circo lo podemos vivir todos los días en la ciudad: los tragafuegos en los semáforos, payasitos, los malabaristas del Centro, los viejitos del kiosco bailando danzón, los hombres mayores trajeados del mercado, los músicos y los graffiteros callejeros. Para ellos fue la fiesta, aunque ninguno estaba aquí. La Maldita les vuelve a rendir homenaje, como hace 25 años; al Circo marginal mexicano que hoy sí volteamos a ver, al que le dimos unas cuantas monedas. Mañana es día de la Virgen, y quizá sea distinto. Hoy domingo santo, el vaso de plástico con chela de a litro se levanta, ¡SALUD! Hace 25 años, este Circo mexicano era el mismo. “Dichosos los poetas pobres, porque de ellos será el reino de los cielos.”

 

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