¿Qué decían?, ¿qué ya no habría más Antitendencias Sonoras

?, pues no… aún hay muchísima música por compartir para los oídos más curioso e insaciables. Únicamente estamos jugando con el mismo principio antitendencial y nos fugamos un tantito de los lunes por mero entretenimiento.

Para quienes llegan por primera vez aquí, esta sección busca compartir aquellos proyectos musicales que muestran una estética distinta a la música meramente comercial o popular, y que por ende, difícilmente escuchamos a través de los principales canales de difusión como la radio o televisión, pero que muestra una personalidad inminente que es suficiente para ser recordado y guardado con mucho cariño en nuestra colección musical.

Porque hay que entender que la música es un lenguaje complejo e infinito, existen un gran número de expresiones. Quitémonos los prejuicios, limpiemos bien nuestros oídos y dejémonos llevar sin miedo alguno por lo que la música nos haga sentir a primer escucha.

Benoît Piolard

 

Esta ocasión hablaré de Benoît Piolard, el increíble proyecto solista del compositor estadounidense Thomas Meluch, quien se encarga de confeccionar texturas, grabaciones de campo y diversos instrumentos bajo la comitiva de crear una esencia lo-fi que nos recordará la característica, borrosa y enigmática personalidad de nuestros sueños.

 

 

Y es que la música de Benoît Piolard parece haber salido del onírico mundo de Thomas bajo la único objetivo de hipnotizarnos y atraernos a la contemplación pura.

A decir verdad su nombre ya es bastante reconocido, lo cual se le atribuye a un arduo trabajo ya que pocas veces se ha detenido a tomar un descanso, lo cual deja en claro su obsesión por componer y componer. Desde el 2001 publicó su primer álbum como solista, Blurred, y hasta ahora acumula más de una decena de lanzamientos tanto como solista como en diversas colaboraciones que demuestran su increíble inquietud.

 

 

Su curiosidad por Aphex Twin y Brian Eno, levantó el interés desde la adolescencia a Meluch por la composición, jugando con lo que tuviera a su alcance para crear sus primeras composiciones. Lo que igual no imaginaba es que esta ingenuidad y ganas por la creación serían momentos cruciales en su carrera ya que logró plasmar de la manera más sincera su propia identidad a tan temprana edad.

Los primeros años jugó con grabadoras de cassette o carrete abierto caseras, y desde entonces ha utilizado el formato de cinta como uno de sus predilectos, el cual le da una textura muy característica de su música. Desde entonces Meluch se acostumbró a esta técnica de grabación un tanto austera, en donde deja que la sencillez demuestre su belleza de forma natural. Sorprende que hasta la actualidad siga utilizando programas tan básico como Garage Band, para lograr crear sus álbumes en la comodidad de su propia casa, logrando resultados sumamente atrayentes y aclamados por varios de sus fanáticos consolidados.

 

 

En varias entrevistas ha señalado la importancia de las grabaciones de campo en sus canciones, en donde explica que el sonido natural que nos rodea día a día logra levantar en él la necesidad por crear un lenguaje por encima que termine por generar historias o paisajes mucho más complejos en donde pareciera que otro mundo sonoro se crea en nuestros oídos.

Su música es cautelosa, muy bien trabajada y minuciosamente compuesta. Dar play a su música significa aceptar caer en una meditación donde su música sólo hará cuestionarnos y respondernos de la manera más sincera y naturalmente posible sin darnos cuenta.  Su música crea imágenes de inmediato y los colores azules verdosos invadirán todos nuestros sentidos. Sin duda un proyecto que vale la pena conocer y guardar con mucho cariño.

Es bastante gratificante aventarse un clavado en el extenso trabajo de Benoît porque siempre ha demostrado que no se queda anclado a un género o un lenguaje en particular. Podemos pasar desde temas donde se acompaña de su guitarra y voz, así como temas mucho más instrumentales donde los actores principales son las mismas frecuencias.

 

 

T: @hreveh