Lo que necesitas saber:
Con la presentación en CDMX, Deftones cerró su gira por Latinoamérica.
Han pasado 25 años de aquella vez que por primera vez vinieron los Deftones a México. Un cuarto de siglo de que sacaron esa joya llamada White Pony. Han cambiando un poco las cosas, ¿no? Bastante… o ni tanto.
Como siempre, Deftones llenando todo lugar en que se presenta
¿Qué habrán sido la primera vez?, ¿máximo mil en el Hard Rock Live? Ahora unas 19,000 más, en un Palacio de los Deportes que se atascó desde temprano, con mucho de la “vieja guardia”… hasta más rucos que uno (y eso que uno ya es amigo del que lleva playeras para los hijos… o lleva a sus hijos), pero también de bastantes que más o menos tienen la edad de los que los vimos en aquel (¿no tan lejano?) 2001.
“El rock está a salvo”. Ay, no ma%&/es, pinche viejo rancio. Jejeje.
La emoción es la misma. O más. “¿Para qué te vas cuatro horas antes si tienes lugar en gradas?” Hasta se me hace tarde. Ya debería estar ahí. ¿Para qué? Pues quién sabe. Para echarme una chela y unos tacos. Para ver a quién veo. Porque siento que me pierdo de algo. Porque ya tengo que estar ahí…
Y no fui el único. Desde temprano ya estaban los de los puestos de la “merch” no oficial (buenos diseños… hasta la versión bara, bara de la pop-up) y los que buscaban ese boleto que ni los revendedores tenían.
El Palacio de los Deportes retumbó como pocas veces
“No creo que se hayan vendido todos los boletos”, decía un chavo que tenía la esperanza de poder conseguir una las entradas que inexplicablemente volaron a los pocos minutos de que se vendió la única fecha en CDMX. Ni tan inexplicablemente: “Hubieran abierto más fechas y llenaban”. Seguro.
Y el tiempo pasa rápido. Luego de un poco de “bohemia” en el estacionamiento, ya todo listo para ver qué. Jenny Beth sonando de poca madre. Y unos 20 minutos después, va lo bueno. Puntuales como casi siempre. Con casi el mismo escenario que en el Corona 2025. Y, como hace unos meses, abriendo con “Be Quiet and Drive”… ¡¡no me importa donde. sólo lejos!!
Un comienzo como el del White Pony
Desde gradas no se ve tan cabrón. “Si hubiéramos aguantado”, dice uno mientras ve a la masa moviéndose como mar picado con “Swerve City”. Pero hasta truenan las rodillas cuando la cosa se pone más violenta con “Feiticeira”. Puro brinquito mejor desde acá (y eso, ya con riesgo de que le pase a uno lo que le pasó a Malagón con el saltito extra).
¿No Manchester que tocó “Feiticeira”? Sí. Y como en el “White Pony”, le siguió “Digital Bath”. Una locura. Pinche Chino… ¿no estará haciendo play back? No es de humanos cantar tan cabrón después de tantos años. Pero es Camilo Moreno Wong. Sólo él y el Robert Smith puede conservar la voz impecable después de tanto tiempo.
…Y la energía. Como hace 25 años. De aquí para allá en el escenario. Ahora hasta dando saltos desde las escaleras centrales y el cubo que se puso. ¿Cómo le hace si hubo un tiempo en que parecía que ya tiraba el bofe a la segunda canción? Quién sabe, pero que pase el tip. Sí, Chino, por ti ya le voy a echar ganas al gym, para que, para la otra, sí me aviente al mosh pit en “My Own Summer”.
Ya, ¿la otra para cuándo?
Porque va a haber otra, ¿verdad? Aunque con lo del Palacio de los Deportes cerró Deftones su gira por Latinoamérica… y quién sabe cuándo vayan a regresar. Sí, quizás sí. Cuando haya el nuevo disco que vienen prometiendo desde hace tiempo. Pero que para la próxima sí toquen “Minerva”.
“Y les faltó ‘Passenger’… y “Elite’… y… ‘Knife Prty’”, dice el wey al final, mientras mira de reojo a su cuate haciendo fila para el baño. “Sí, varias del White Pony… pos es el que venía a celebrar, ¿no?”. Aunque con “Change” muchos quedaron bien servidos. Pocas veces se puede ver a tanto metalero ondeando la manita mientras de sus gargantas sale el sensual coro “ahhhh, ahhhhhh, ahhhhhhhhhh”.
Y para el slam con “Las Siete Palabras”. Clásica para cerrar un show de, otra vez, nomás hora y media. Y muchos ya nos íbamos y regresamos porque parecía que sonaba “Pink Maggit”. Pero cuál. Era ya la música del sonido local para corrernos… pero con calma: la cosa terminó casi a las 10. Buena hora para alcanzar metro, echarse unos tacos y dormir para mañana la chamba. Bien.
La primera vez sí la tocaron. Nomás un cachito, pero sí. A ver si para la próxima. Ojalá. Y si hay una próxima, como dice mi mamá: primeramente dios, ahí estaremos. Sí, ahí volveremos a estar.
