La noche ya se había apoderado de la costa de Acapulco. Durante más de 30 horas la fiesta había estado a tope, muchos músicos ya habían pisado el escenario, que combinados con el alcohol y otras “sustancias”, habían hecho que los ánimos estuvieran encendidos. Sin embargo, bien dicen que después de la tormenta, viene la calma.

Ya lo había hecho una noche antes en su concierto en la Ciudad de México. Por redes sociales, la mayoría de los fans habían salido decepcionados de aquel show. Algunos salieron encantados, pero en otros la queja común era la pasividad y la falta de conexión con el público. Pero acá, ya podíamos divisar a Devendra Banhart por atrás del escenario. Estaba muy sonriente y respondía de forma muy amable a unos cuantos fans que lo reconocían y se acercaban a saludarlo.

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Se lo tomaba con mucha calma porque los horarios del escenario estaban atrasados. Cerca de media hora después de lo que estaba pactado, tuvimos que esperar para que subiera al escenario. La penumbra y los gritos de la gente anunciaban el comienzo de un set, en donde el cantante de origen venezolano se encargó de llevarnos y sumergirnos en su mundo sonoro.

Devendra mezcló canciones de sus primeros discos con las de su nuevo álbum Ape In Pink Marble, pero parecía que todas tenían la misma atmósfera tranquilizante. Visiblemente emocionado y feliz, Banhart le agradecía al público mezclando el español y el inglés, pero poco a poco fue bajando los ánimos, fue como si llegara a una fiesta y le bajara el volumen a la música. Al principio la gente parecía desconcertada, pero poco a poco se dejaron seducir por este nuevo ritmo que no habíamos escuchado en día y medio en el festival.

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Algunos aprovecharon para acercarse a la barra, unos más para platicar y algunos otros hasta para comenzar a jugar con un hula hula, mientras Devendra acompañado de su banda, bailaba y se movía de un lado al otro del escenario, susurrando las letras de sus canciones y raspando la guitarra de forma tan sutil, como las melodías que salían de ella.

Las canciones siguieron sonando, y todo comenzó a tener un ambiente como si fuera una velada romántica: música a la luz de la luna, mientras una que otra pareja se contoneaba al ritmo de las canciones, aunque algunos otros bailaban con pasos que parecían de otro ritmo musical. Una a una fueron pasando las canciones, y entendimos que a lo mejor la decepción del día anterior, había sido la pasividad de Devendra, todo el tiempo es tranquilidad que parece que va a explotar en un momento que nunca llega, pero al que al mismo tiempo nos mantiene hipnotizados, completamente sumergidos en su alucinante mundo.

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La única vez que todo mundo se encendió y salió brincando frenéticamente de sus lugares, fue hasta el cierre cuando comenzó a sonar “Carmensita”. La gente comenzó a cantar las letras y el “la la la” del coro se oía en toda la costa de Acapulco. Aún no llegaba lo mejor de la noche que sin duda era Brian Wilson, pero aquí Devendra Banhart, con un concierto muy a su modo, a su estilo, nos dejó con un buen sabor de boca.

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Texto y fotos: Abraham Huitrón

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