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Let’s Rock: The Black Keys regresan al garage en su nuevo disco

En esa simple pero atractiva fórmula de dueto de blues o rock, Patrick Carney y Dan Auerbach pasaron del mundo underground a ser actos principales de festivales masivos, en menos de diez años.

Después de álbumes con una producción cruda, sin más elementos que guitarra y batería, apuntaron con ambición a dos LPs continuos y poderosos, Brothers (2010) y El Camino (2011), que los colocaron como una exitosísima banda de principios de década.

Black Keys

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Tras esas dos aplanadoras, dejaron las anclas del género para aventurarse con un sonido más experimental en Turn Blue (2014), con un dueto más psicodélico y elongado, con aún los reflectores sobre ellos.

The black Keys

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Durante cinco años produjeron a otros proyectos, lanzaron esfuerzos como solistas y creció a la par en ellos un deseo simple y fuerte, que se resume en el título de su novena entrega de estudio: Let’s Rock. Parte de este descanso de ellos mismos, es la introducción para el video de “Go”.

Para este LP, escribieron, grabaron y produjeron todo el material en el estudio Easy Eye de Auerbach en Nashville. De regreso a los orígenes de blues y punk, ellos mismos han reconocido que jamás buscan la perfección, sino darle prioridad al sentimiento, lo que se escucha a lo largo de su nuevo trabajo.

No faltan riffs, la fuerza sobre la batería y puentes sencillos, lo que se extrañaba de los Black Keys, sin embargo, hay otros matices nostálgicos y naturales en este álbum. El control sobre las voces para canciones como “Tell Me Lies” y “Walk Across The Waters”, da un sentido de regreso a las viejas grabaciones corales de iglesia, con la ayuda de dos coristas que efectivamente tienen raíces como cantantes en misas.

Black Keys

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Con los sintetizadores sin titularidad, se concentran en coros para estadios (“Go”, “Shine A Little Light”) que tienen como mantra el título del álbum. El reencuentro se dio sin Danger Mouse, productor estrella y encargado de “Brothers” y “El Camino”, ya que el dúo decidió tocar como cuando comenzaron, sin un plan específico, ensayando sin rumbo, para ver a dónde los llevaba esta reunión.

Hasta los títulos que parecen hacer referencias Lynchianas a algo enredado, no tienen complicación alguna en su desarrollo, y así funcionan las doce nuevas canciones del dúo de Akron, como un catálogo de rock creado por dos amigos que tocan juntos desde la adolescencia.

 

En un disco completamente unidireccional, inclusive en su arte, no existen digresiones que vayan más allá de lo que cada título ofrece, no hay reflexiones exageradas, sino un sentimiento de disfrutar el género y su presentación en vivo.