1969 fue un año que quedó marcado por el verano del amor y por toda la música que salió durante esos 365 días. The Beatles terminaban de grabar y estaban a punto de lanzar Abbey Road, David Bowie estrenaba “Space Oddity”, Led Zeppelin debutaba con su álbum homónimo, Frank Sinatra le presentaba al mundo “My Way” y en México ‘El Príncipe de la Canción’, José José grababa “La nave del olvido”. Pero en medio de todo este boom musical, hubo una banda que llegó para cambiar las reglas del juego, King Crimson.

Durante ese año, Robert Fripp, Michael Giles, Greg Lake, Ian McDonald y Peter Sinfield se amalgamaron tras años de ir y venir para armar lo que sería su primer álbum, In The Court Of The Crimson King. En él pusieron todo de sí mismos para entregar un disco que fuera de acuerdo con la época sin caer en el típico sonido rocanrolero y psicodélico que las bandas tenían en ese entonces, no querían ser una más del montón, vaya. Y eso se nota a lo largo de las cinco canciones largas que compusieron y con los 42 minutos de magia pura que presentaron ante el mundo. 

De izquierda a derecha, Robert Fripp, Michael Giles, Greg Lake, Ian McDonald y Peter Sinfield en 1969/ Foto: Getty

King Crimson no inventó el rock progresivo, eso lo tenemos que decir, pero ciertamente fueron los que popularizaron el género y lo elevaron a la décima potencia. Todo este caos bien pensado comienza con “21st Century Schizoid Man”, una pieza que raya entre el hard rock y lo más puro del jazz, todo perfectamente equilibrado bajo la estructura de rock progresivo. Es en esta rola, hablan sobre la Guerra de Vietnam, tema de actualidad a fines de los 60, aunque años más tarde dirían que estaba dedicada a Spiro Agnew, un político republicano de la época de Richard Nixon.

Un suave sonido de flautas nos introduce al dulce viaje de “I Talk To The Wind”, una de las rolas más relajadas de su carrera. En donde podemos escuchar en todo su esplendor la guitarra de Fripp haciendo figuras casi imperceptibles mientras que la voz de Greg se presentaría para sumergirnos en una reflexión existencial sobre dejarnos llevar por el viento y volar como plumas por el aire. Más tarde llegaría “Epitaph” para cerrar el lado A del disco. Esta canción está fuertemente marcada por sus letras apocalípticas y por la presencia dominante del mellotron, que le da un cierto tono lúgubre en el que se puede sentir la depresión, desesperación y la introspección ante un momento tan impactante como este, el fin de nuestras vidas y de la humanidad.

“Moonchild” se presenta ante nuestro oídos como una canción que musicalmente podría ser una continuación de su antecesora, pero dentro guarda un nivel de complejidad enorme. En ella escuchamos la triste voz de Greg Lake lamentándose por el niño de la luna, mientras sus compañeros interpreta una tierna melodía que más tarde se transformaría en algo completamente diferente, un cántico un tanto bluesero a aquel pequeño que se encuentra perdido en el inconsciente de King Crimson. 

El disco cierra con “The Court Of The Crimson King”, la canción quizá más conocida del ‘Rey Carmesí’, que se muestra como una oda a la estética sonora de la banda, todo un carnaval de sonidos y tiempos que en lugar de ponerte a pensar en una corte donde te juzgarán, te harán sentir como si estuvieras llegando al mismísimo cielo. Un duelo de flautas dulces justo a la mitad de los 10 minutos de duración, un final apoteósico y algunos efectos tétricos es lo que nos deja el debut de uno de los grupos más importantes de la historia.

La portada del disco se convirtió en una de las más icónicas de la historia, incluso hay quien conoce a la banda por esta sin siquiera haber escuchado una sola rola de King Crimson. La pintura fue hecha por Barry Godber, artista y programador informático que era amigo de la banda. En ella vemos una cara gritando, que supuestamente representa al Hombre Esquizoide del que hablan en la canción abridora, mientras que la de adentro nos muestra al Rey Carmesí.

Lamentablemente, un año más tarde Godber fallecería, dejando desahuciada a su obra maestra y única pintura que hizo durante toda su vida. Pero no se preocupen, ya que años más tarde Robert Fripp la rescató del terrible lugar donde estaba y ahora está en su colección, donde la valora como lo que realmente es, un tesoro visual y de la historia de la música. 

Al final, King Crimson nos entregó un disco difícil de digerir, pero que tras varias escuchas puedes ir distinguiendo todos los instrumentos, texturas sonoras y voces que incluyeron. Es uno de los trabajos más completos de la banda, lírica y musicalmente, donde reflejan por completo el espíritu de esa época, donde además de existir el movimiento hippie, había incertidumbre sobre el futuro.

Aunque no duró mucho esta formación y Rober Fripp tomaría el control creativo de la banda, In The Court Of The Crimson King nos demostró que se podía hacer algo más interesante en esa época, llenando nuestro oídos de estruendos sonoros, pasajes ambientales, jazz explosivo y letras bien pensadas. Todo un viaje completo que puedes hacer con solo conectar tus audífonos (y si tienes el disco) ponerlo mientras te relajas.

Y como siempre, queremos que nos respondan una pequeña duda…