Recordando el sonido de México: José Alfredo Jiménez

Y seguimos con esta sección que busca recordar aquellos artistas clave que han marcado nuestra identidad cultural a través de su inigualable legado musical. Porque hay que ver/escucha la música como un lenguaje complejo en el que podemos conocer aspectos mucho más profundos de una época en concreto. A través de las letras, las notas y las expresiones podemos tener una idea de aspectos

sociales, económicos, políticos y culturales.

Así como la historia nos ayuda a comprender nuestro presente y ambiciones a futuro, conocer nuestra identidad cultural nos recuerda quiénes somos frente a los demás, una identidad que hoy en día se ve amenazada por la monstruosa industria musical pero que podemos mediar con tan sólo ser conscientes de quiénes hemos sido a lo largo de los años.

Esta ocasión dedicaremos esta breve sección a una figura clave y sumamente importante en la música mexicana: José Alfredo Jiménez, mejor conocido como “El Rey”.

 

 

Todos hemos escuchado una canción de José Alfredo Jiménez en algún momento, es más, seguro lo han cantado a todo pulmón en aquellas fiestas familiares cuando todos estamos con unas copitas encima. Y es que la bebida, los amores, desamores y cantinas son los temas más recurrentes que plasmó en sus letras, así que no es de extrañar que nos sintamos identificados con varias de sus letras.

 

 

Él nació en la ciudad de Dolores Hidalgo, Guanajuato, en 1926. Después de la muerte de su padre en 1936 él y su familia se trasladaron a la Ciudad de México para buscar una nueva oportunidad que solventara a la familia. Con el intento fallido de poner una tienda de abarrotes, José Alfredo Jiménez tuvo que buscar diversos trabajos para poder mantener a su familia, pasó de ser mesero a un jugador de fútbol profesional; sin embargo, en donde destacó fue en el ámbito musical. Desde los 14 años componía letras muy sencillas pero bastante sinceras, lo cual maravilló de inmediato a sus colegas. Tocó con el grupo Los Rebeldes y gracias al restaurante “La Sirena”, donde regularmente trabajaban, fue que se dio a conocer poco a poco, logrando llamar cada vez más la atención gracias a sus temas originales al grado que recibió la invitación de Andrés Huesca para grabar profesionalmente su canción ”Yo”, la cual lo catapultó a la fama.

 

 

Según Miguel Aceves Mejía, quien apadrinó sus primeras grabaciones profesionales, José Alfredo no tenía ninguna noción musical académica, tanto que ni si quiera sabía lo que significaba “vals” ni “tonalidad”; sin embargo, esto no significó ningún obstáculo para su carrera. Su sinceras letras, las cuales eran inspiradas en sus propias vivencias, demostraron su genialidad y talento nato. También cabe señalar que gran parte se le debe al Mariachi Vargas de Tecalitlán y al maestro Rubén Fuentes, quienes fueron sus fieles camaradas y compañeros; muchas ocasiones se ha mencionado que José Alfredo sólo se acercaba a ellos y silbaba la melodía para que lo siguieran.

La importancia de su música es que sus letras parecen ser el registro bohemio de la vida tras las cantinas, un sitio que a decir verdad funciona regularmente como un confesionario, donde la gente plasma su sentir, sus malestares y deseos de la manera más sincera, abrupta y a veces ingenua. Se inspiro de aquella vida llena de amores y desamores y logró dar vida a aquellos sentimientos que el amor desata en cualquier persona, por lo cual todos tenemos una canción de él que pueda encajar a la perfección en nuestro estado sentimental.

 

 

Sus canciones se hicieron sumamente famosas y reconocidas no sólo en México sino en el extranjero, tanto que se han traducido sus letras a infinidad de idiomas. Cantó por todo el país y posteriormente trabajo en el teatro, la televisión y la radio.

José Alfredo murió el 23 de noviembre de 1973 con tan sólo 47 año de edad a causa de una cirrosis hepática que padecía desde años atrás. Pareciera que aquel mundo que le dio la inspiración a sus letras fue un arma de doble filo que al final cobró con su vida. Se dice que compuso más de un millar de canciones que han quedado regadas en muchísimos lugares, pero de lo que podemos estar sumamente seguros es que le debemos una gran cantidad de temas que dieron valor y fuerza a la música mexicana como las rancheras, huapangos y corridos; géneros que orgullosamente cargamos en nuestra identidad y que gracias a José Alfredo quedarán inmortalizados.

 

T: @hreveh