Sus nombres acaparan las tendencias regularmente. Su música se ha asentado en la escena de occidente, especialmente en Estados Unidos y Latinoamérica. Algunos, incluso ya pueden presumir de codearse en colaboraciones con figuras de la talla de Coldplay, Lady Gaga, Dua Lipa o Halsey. La movida del k-pop ha ganado mucho terreno en el panorama internacional… y no se detendrá, eso es un hecho.

El éxito no ha llegado a la escena surcoreana del pop por mera casualidad. Sus puestas en escena, tanto en vivo como en videos musicales, es tan llamativa que roza la perfección. Como cantantes y bailarines, la ejecución es de primer nivel, con un estándar de calidad pocas veces visto en la industria musical. Y dentro de todo eso, el talento es innegable, pero también hay una severa dosis de disciplina y preparación que algunos definen casi como militar.

Sí, el k-pop llegó a la cima. ¿pero a qué costo lo hace? ¿Qué hay detrás de todo ello? Así funciona la polémica y exitosa maquinaria del pop coreano.

Foto por Han Myung-Gu/WireImage

Las bandas de k-pop y los ‘idols’

La industria musical y los altos ejecutivos que la manejan, tienen sus mañas. Para nadie es un secreto que ciertos artistas, desde muy temprana edad, deben desprenderse de su vida común y corriente para volverse superestrellas como en su momento pasó con Justin Bieber, Lorde (si eres un melómano de corte más alternativo) o por ejemplo, varios de la camada Disney como los Jonas Brothers, Demi Lovato o Miley Cyrus.

Pero estas figuras del pop estadounidense, aunque efectivamente comienzan sus andadas desde muy jóvenes, mantienen cierto control sobre sus vidas personales dentro de todo. Y eso, no pasa de ninguna manera con los exponentes del k-pop. A estos últimos, los conocemos más por conformar grupos juveniles casi al estilo de las boy-bands o girl-bands estadounidenses y británicas, pero con un concepto más definido en estética y música.

Taeyeon de Girls’ Generation. Foto: Getty

A las bandas de k-pop las vemos con vestimentas extravagantes, videos coloridos, haciendo coreografías dignas de un bailarín profesional y en algunos casos, hay agrupaciones que se dividen los deberes entre cantar, rapear o simplemente acompañar voces. Sus funciones por integrante están bien definidas. Estas bandas como BTS, Twice, Blackpink, BigBang o Super Junior, entre otras, también procuran dar una buena imagen, lejos de los escándalos más convencionales que uno vería en el pop de EE.UU.

Los llamados ‘idols’ -artistas instruidos en canto, baile, modelaje y otros ámbitos- del pop surcoreano tienen un prestigio que deben cuidar casi a capa y espada. De ahí, ese término referente a la idolatría con el que se les conoce. Y como regularmente pasa con las bandas juveniles, detrás de ellos hay una maquinaria importante que se mueve para llevarlos a la cima… pero con regímenes bastante exhaustivos de entrenamiento que se dan en academias. 

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Foto: Getty Images

Las academias y las empresas del entretenimiento

Para entender bien cómo funciona el k-pop y su éxito, hay que saber que detrás de sus artistas hay algunas empresas de entretenimiento que se ocupan de conformar a las bandas. Algunas de las compañías más conocidas son YG, JYP y SM Entertainment, esta última conocida como una de las pioneras en el terreno. Y por si se lo preguntaban: sí, este modelo de negocio artístico no es algo precisamente nuevo pues tan solo SM, lleva produciendo artistas desde finales de los 80.

En ese sentido, algunos expertos mencionan la importancia de la realización de los Juegos Olímpicos de 1988 en Seúl como un factor de atracción de público y poder económico. Tan solo un año después del evento deportivo, SM Enterteinment fundada por el excantante Lee Soo-man (recuerden su nombre de aquí en adelante) comenzó operaciones y serían los encargados de liderar la llamada ‘Ola coreana’.

La tecnología cultural, idols y academias: El lado oscuro del éxito del k-pop
Lee Soo-man. Foto: Getty.

Prosigamos… Estas empresas de entretenimiento establecen academias para ‘idols’ en Corea -recientemente algunas se han internacionalizado- para canalizar talento a través de audiciones multitudinarias. La mayoría de los chicos y chicas que acuden a los castings, son jóvenes que se encuentran en la preadolescencia o incluso desde edades más tempranas. De un tiempo para, algunos extranjeros también prueban suerte.

Conformar una banda de entre cinco y ocho integrantes es una tarea titánica pues el número de personas que se presentan a las audiciones es enorme. En un artículo de la BBC de 2020, la youtuber británica de origen surcoreano Euodias platica su experiencia sobre cómo intentó entrar a una academia para idols, en una audición que tenía hasta 2000 candidatos buscando un lugar. Otro artículo de LA Times, menciona que la tasa de competitividad es de un solo elegido por cada 700 aspirantes.

Uno va avanzando en las fases de selección hasta que finalmente se hace de un lugar en una academia como aprendiz o ‘trainee’… y ahí comienza lo que podríamos llamar ‘los juegos del hambre’. La youtuber dice que se firma un contrato con la empresa de entretenimiento y estas, regularmente obligan a que el aspirante, sea de donde sea, se vaya a vivir a Seúl, donde se encuentran estas escuelas.

Los contratos varían y en promedio, van desde 2 hasta 10 años. Más si se le ve potencial al candidato. Una vez dentro, la dinámica es similar a la de una escuela militar -según diversos testimonios- en el aspecto de la disciplina, tiempos de entrenamiento, acondicionamiento físico y de talento, entre otras cosas.

La polémica de las academias de ‘idols’

A raíz de la popularización del k-pop, varios excandidatos y algunos más que ya pasaron por la fama, han dado testimonios del régimen estricto que las academias y sus instructores ejercen en los potenciales idols. En el caso de Euodias, ella menciona que en el edificio donde se quedó había gente de los nueve a los 16 años, separados entre hombres y mujeres.

Los más talentosos, dice la ahora youtuber, conformaban el ‘Equipo A’ y eran grupos de candidatos reducidos. El ‘Equipo B’ tenía hasta 200 y de vez en cuando, se promovía a alguno al equipo principal. Ella menciona que los entrenamientos de baile y canto regularmente empezaban a las 4:00 AM para luego ir a la escuela a las actividades académicas convencionales a eso de las 8:00 AM. Después de regresar del colegio a la academia, el entrenamiento seguía y en muchas ocasiones, se extendía hasta las 11:00 PM. Las salidas o visitas, básicamente están prohibidas incluso en días festivos o había pocas condescendencias.

Así más o menos la rutina de un aspirante a idol que en promedio, pasan hasta 10 años formándose para la próxima gran banda.

Si eso ya suena a un entrenamiento casi de corte militar, lo más controversial es el tema de la buena imagen. Las relaciones sentimentales no tiene cabida para un candidato a idol pues hay que dar buen porte para el público. Un escándalo, por decir amoroso, es un pecado imperdonable en todos los sentidos. Se dice que algunas academias, incluso excluyen a los candidatos que den muestra de orientación homosexual.

El tema del peso y talla ideales es lo que más obsesiona a los aspirantes. Solo para que se den una idea, se dice que uno de los estatutos de las academias es que sus candidatas no pesen más de 47 kilos o de lo contrario, se implementa una dieta estricta -incluso ayunos- para llegar al peso ideal. Y no solo eso: si es necesario, la academia en cuestión paga cirugías estéticas para que sus instruidos sean más atractivos. Y si te quieres retirar de la academia, debes pagar un fuerte suma de dinero correspondiente a todo lo que la empresa de entretenimiento invirtió en ti.

La cultura del miedo al fracaso está latente ya desde edades muy tempranas. Es difícil no pensar en el fracaso… Dicen que a los 17 años tienes un 50% de posibilidades de convertirte en aprendiz. Ya tengo 19, así que mis posibilidades son escasas”, platicó a The Guardian Kevin Lee, un bailarín de apoyo de BTS. Y al final, de cientos o incluso miles de aprendices y aspirantes, solo quedan unos pocos que son los que vemos triunfar en la industria. ¿Y los demás?

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Twice. Foto: Getty.

La cultura del miedo al fracaso y sus implicaciones

No importa si se quedaron en el camino o si lograron llegar a una de las bandas importantes; las experiencias traumáticas bajo el régimen de las academias del idols del k-pop han dejado terribles consecuencias por doquier. En su documental de Netflix Light Up The Sky, las miembros de Blackpink hablan abiertamente sobre lo complicado que era su entrenamiento de 14 horas con solo un día de descanso cada dos semanas. Otro tema recurrente es el de que las estrellas de k-pop tardan varios años en ganar dinero o establecer fortunas debido a sus contratos abusivos.

Sin embargo, en el peor de los casos se habla del suicidio. Uno de los más sonados es el de Kim Jong-hyun, el miembro de SHINe que se quitó la vida en 2017, presuntamente luego de hablar sobre las presiones del éxito. Algunos, incluso atribuyen que a partir de este lamentable fallecimiento, se comenzó a ver más a fondo la polémica industria que maquina el k-pop.

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Kim Jong-hyun. Foto: Getty.

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CT: El manual de la ‘tecnología cultural’

Sí, aunque no lo crean, el k-pop funciona con base en un manual. ¿Recuerdan que les dijimos que recordarán el nombre de Lee Soo-man? Pues bien, el hombre que fundó la SM Entertainment es a quien se le atribuye el concepto y la creación del manual de la ‘tecnología cultural’ (CT) con el que el pop surcoreano y la llama ‘Ola Coreana’ echan a andar su maquinaria en el mundo.

“La era de la tecnología de la información dominó los noventa. Yo predije que después vendría la era de la tecnología cultural”, dijo Soo-man en una entrevista con The New Yorker. Es un proceso elaborado que se estableció en 1998 y como tal, consta de tres pasos esenciales: 1.  La exportación de la cultura, 2. La segunda la expansión mediante la colaboración de artistas locales, 3. Una alianza entre empresas y por consiguiente entre artistas de diferentes países.

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Lee Soo-man. Foto: Getty.

El proceso se basa en adoptar las tendencias musicales de otros países, perfeccionarlas y llevarlas al panorama internacional. Es un espejo influenciado de los ya mencionados Juegos Olímpicos de 1988, donde el gobierno surcoreano mostró sus aptitudes para organizar un evento que históricamente se realizaba en occidente. Y eso, se aplicó a la industria del entretenimiento.

El diario El País ejemplifica el funcionamiento del manual CT en el caso de la compañía de Lee Soo-man: “Todos los empleados de SM deben memorizar sus pautas: en qué momento del proceso hay que incorporar compositores, productores y coreógrafos extranjeros; qué progresiones de acordes usar en cada país; qué color de sombra de ojos funciona mejor en cada región; cómo deben moverse las manos al saludar según la cultura; o qué ángulos de cámara aplicar para los videos.

La aplicación del manual se ve en el hecho de que, por ejemplo, las bandas de k-pop suelen tener un miembro que se sabe un idioma diferente para cuando les toca dar entrevista en distintos países. Citando de nuevo a El País, la correcta aplicación del manual de tecnología cultural permite que se venda a un artista como si fuera un producto, y que eventualmente tenga un impacto e influencia importantes en el terreno social y cultural del mundo.

Gracias a ello y a la buena imagen que suelen proyectar, los exponentes del k-pop son usados como ‘embajadores indirectos’ de Corea Del Sur. Si bien no es su función primordial, algunos expertos mencionan que el impacto de este estilo musical ha facilitado las relaciones del país y su gobierno con otras naciones. ¿Un arma cultural de la industria? Suena denso, pero así es como la maquinaria del k-pop funciona… y ha dado frutos. 

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Miembros de BTS en la ONU. Foto: Getty.

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