Lo que necesitas saber:
En 'Arboretum', David Byrne crea mapas mentales en los que conecta ideas aparentemente inconexas, llegando a revelar nuevos sentidos.
Para Walter Benjamin es urgente y necesario que el filósofo cree otras maneras de pensar, de ver y de vivir y una de las herramientas que diseñó para tal fin fue la de las “constelaciones”, es decir, “umbrales” capaces de liberar al sujeto de la inercia que lleva el movimiento del mundo.
Las constelaciones de Benjamin son metáforas visuales en las que se unen ideas, textos e imágenes que, aparentemente, no tienen relación alguna. Puertas que, una vez sobrepasadas, dejan atrás la condena a la repetición a la que está sometido el sujeto, incluso de manera inconsciente, una vez sumergido en el sistema del día a día.
Entonces, las constelaciones son una forma de ofrecer algo de “resistencia”: comprender que, si el sistema somete por medio de varias estratagemas (incluso algunas involucrando cuestiones estéticas), se puede hacer lo mismo. Usar sus mismas estrategias para liberarnos.
Las constelaciones de Walter Benjamin conectan lo inconexo para revelar verdades… como el acto de apreciar el espacio, las estrellas, y descubrir lo que ocultan.
¿Y por qué hablamos de Benjamin si esto se trata de un libro de David Byrne? Porque, así como el gran pensador alemán, el exlíder de Talking Heads se sumergió en la tarea de tratar de ver conexiones donde no se cree que no existen, plasmándolas en mapas mentales, dibujos que, como lo sugirió Benjamin, nacen de manera intuitiva, sin revelar de inmediato la sabiduría profunda que contienen.
Los diagramas de árbol de David Byrne sugieren que, de las duras raíces sobre las que nos encontramos plantados, todavía pueden florecer cosas que nos asombren. Sino es que ya han florecido.
Lo que vemos en Arboretum inició como un pretexto para dibujar. Luego, se convirtió en un ejercicio de autoanálisis y, por veces, en una actividad que parecía inútil. Pero terminó dando como resultado casi un centenar de imágenes en los que vemos los territorios imaginarios en los que transita David Byrne. “Quizás una suerte de terapia personal que permitía a mi mano ‘decir’ lo que la voz no podía”.
Byrne acepta que sus dibujos responden a una lógica sin mucho razonamiento. Y eso salta a la vista: muchos de ellos parecen haberse ejecutado por medio de una escritura automática. Sin embargo, no cuesta mucho alcanzar a encontrar en ellos un nuevo sentido. Algo de “lógica irracional”, sugiere el propio músico.
“¿Cómo puede el sinsentido emerger como sentido?”, se pregunta Byrne, para pronto resolver que, a final de cuentas, todo siempre será un sinsentido… incluso en la ciencia y, entonces, las investigaciones académicas lo que hacen –en muchas de las ocasiones– es justificar un pensamiento, a veces por medio de una “superracionalización”.
Y las reflexiones de Byrne no son las de alguien prejuicioso de la ciencia. Para nada. En los textos que acompañan Arboretum (muy pocos), da muestras de que es un hombre que sabe de lo que habla y, cuando no, recurre a físicos, matemáticos y filósofos. Todo para intentar comprender lo que aún no existe, pero que sabe que el mundo no tarda en descubrir. Todo un visionario que todavía quiere dejarse asombrar.
Arboretum contiene 92 esquemas en los que David Byrne habla sobre psicología, religión, economía, movimientos sociales, filosofía y demás temas. En algunos de forma más clara, en otros dejando que el lector-observador trate de sacar sus propias conclusiones…
Él sabe que no siempre es fácil, así que acompaña algunos de los gráficos con textos en los que trata de aclarar su idea y ayudar a que uno sea el que resuelva o problematice más. A final de cuentas, “las piezas del rompecabezas somos nosotros”.
Algunos de los mapas mentales de David Byrne
La música del futuro
El líder de Talking Heads ve como raíces casi secas a los géneros que, durante el siglo XX, sembraron las bandas más increíbles de la historia. Rock, reggae, gótico, emo, hip-hop, todo eso ya está cimentado: las bases de música que aún no conocemos pero que algunos ya imaginan. Góspel ácido, el no-vibe… hard cheeze que, si suena como sabe, será más que intenso.
Memorias selectivas
En este mapa, Byrne reflexiona sobre lo que conservamos de una relación amorosa o sexual. Lo que nos queda después de que ésta termina y lo que voluntaria o involuntariamente dejamos en el olvido. La mayoría de las veces, queda en la memoria aquello que nos permite “romantizar” el pasado… pero “¿qué pasaría si ocurriera al revés?”, pregunta. Si en lugar de lo “valioso” nos quedaramos con los desechos. Bueno, cuando es una relación (muy) fallida, ocurre así… pero, ¿y cuando no?
Transformaciones lujosas
La culpa y la generosidad van de la mano: a lujos descomunales y absurdos, acciones de caridad más superlativas. Y más cuando los lujos son inmerecidos. Esto es lo que trató de representar David Byrne en este árbol que creció (y sigue creciendo) a partir del ego y la búsqueda de estatus de muchos ricachones.
Sentidos morales de Hutchenson
El filósofo irlandés, Francis Hutchenson, creía que la moral del individuo estaba ligada a su percepción de belleza. Entonces, mientras más bellezas (lo que sea que eso significara para él) tuviera a su alrededor, mayor sentido moral tendría… una ¿ridícula idea? que el ex Talking Heads toma para imaginar, entonces, qué tipo de moral desarrollarían ciertos personajes, si fuera tan fácil como hablar del entorno. Igual uno puede hacer el propio.
Volar a ciegas
Varios de los esquemas de Arboretum son basados en la cinta de Moebius, la cual es una superficie que, debido a su torsión, siempre muestra una sola cara. Aquí Byrne utiliza el modelo para compararlo con el pensamiento lógico: cualquier verdad aceptada es susceptible de despertar duda y, así, incluso la creencia más firme puede volver a ser cuestionada. El ejercicio puede iniciar en cualquier punto del bucle diseñado por Byrne.
