A lo largo de los años, Pink Floyd nos regaló conciertos memorables, presentaciones que se salieron por completo de todo lo que habíamos visto antes. Pero a pesar de todo, ninguno será tan especial como el show que dieron en 2005 como parte del Live 8, pues además de ser una presentación que la humanidad llevaba esperando por años, fue la última vez que vimos a la alineación más popular de la banda.

En 1983 y tras todo el éxito que habían recibido por The Wall, la banda lanzó The Final Cut, un nuevo disco de estudio. Sin embargo, las fricciones que venían arrastrando de las sesiones anteriores eran cada vez más latentes. Para este nuevo álbum, Waters trabajó prácticamente en solitario y por si fuera poco, había corrido al tecladista Richard Wright, quien para ese entonces era un músico de sesión contratado por Roger.

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A pesar de que fue bien recibido el disco, Gilmour y Mason ya no podía con la tensión de lidiar con Waters, pues él sentía que era el único que podía sacar adelante a Pink Floyd, a partir de aquí todos tomaron caminos distintos. Lo peor llegó en diciembre 1985, cuando el mismo Roger anunció la separación de la banda, diciendo que el grupo era una fuerza agotada.

Aquellas declaraciones para muchos fueron tomadas con el final de la banda, Gilmour y Mason comenzaron a grabar en 1986 un nuevo disco bajo el nombre de Pink Floyd. Esto comenzó una enorme batalla legal con Waters por el nombre del grupo, reclamando que debió haber sido abandonado cuando él anunció su salida.

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Pero Nick y David afirmaron que ellos tenían los derechos para continuar con ese nombre argumentando que Roger se había ido por decisión propia. Al final y tras involucrar a un montón de abogados, el baterista y guitarrista se quedaron con los derechos de la banda, terminando con una separación definitiva entre ellos y Waters que duró un muy largo tiempo.

Durante todo ese tiempo, David Gilmour, Nick Mason –y de nuevo junto a Richard Wrightpublicaron en 1987 un nuevo disco de Pink Floyd, A Momentary Lapse of Reason, que significó el regreso de los miembros de la banda a las giras y siete años después llegó The Division Bell. Por su parte, Waters comenzó una carrera como solista con discos como The Pros and Cons of Hitch Hiking, Radio K.A.O.S y Amused to Death, así que una reunión entre ellos se veía imposible.

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En 2005, Bob Geldof –quien había organizado el Live Aid 20 años antes–, tenía la idea de armar otro concierto benéfico, el cual llamó Live 8. A diferencia de la versión anterior, este show no pretendía recaudar fondos como tal, sino concientizar a las sociedades –especialmente aquellos que viven en países pertenecientes al G-8– sobre la pobreza que hay en el mundo y en una de esas, presionar a sus gobernantes para que ayudaran con este problema. 

Así como en el Live Aid, Geldof presentaría conciertos simultáneos en diferentes partes del mundo, como Londres, París, Tokio, Filadelfia, Toronto, Berlín, Moscú, Cornwall, Roma o Johannesburgo. Aquí también contó con un lineup de ensueño, con bandas y artistas enormes del tamaño de Paul McCartney, The Who, U2, Elton John, Sting, The Cure, Stevie Wonder, Björk, Pet Shop Boys y más. Sin embargo, Bob quería a una banda en específico. 

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Debido a los múltiples conflictos que existían entre Roger Waters y sus ex compañeros, David Gilmour, Richard Wright y Nick Mason en la época en que se desarrolló el Live Aid, para Bob Geldof fue imposible contar con Pink Floyd en el cartel. Pero 20 años después y tras llevar una buena amistad con los miembros –tras protagonizar la versión cinematográfica de The Wall–, encontró la oportunidad perfecta para volver a intentar reunir a la banda con una presentación única durante el concierto benéfico.

Por ahí dicen que el tiempo lo cura todo, y tras un montón de pláticas con los miembros de la banda, Geldof lo logró, aunque no fue nada sencillo. Para empezar les dio total control sobre la duración del set y las rolas que tocarían, y este último fue el mayor problema entre ellos, pues Gilmour no quería tocar la mundialmente famosa”Another Brick In The Wall Part. II” y Waters hizo lo propio con las canciones de Pink Floyd donde no participaba, como todas las que vienen en los discos A Momentary Lapse of Reason y The Division Bell.

Pink Floyd en el backstage de Live 8/ Foto: Getty

Al final, Bob Geldof tuvo que intervenir para que escogieran un setlist con el que todos estuvieran de acuerdo y sobre todo, que pudieran tocar en 20 minutos que duraría su presentación. Después de muchos rumores, Pink Floyd se anunció –indirectamente– como el acto principal para el Live 8 el 2 de julio de 2005, haciendo que todos los increíbles artistas que ya estaban confirmados pasaran a segundo plano con la reunión de la legendaria banda.

Por fin llegó el día, al caer la noche en el Hyde Park de Londres y con “Speak To Me” de fondo, David Gilmour, Nick Mason, Richard Wright y Roger Waters tomaron sus lugares para darnos el show más visto de todo el concierto. Mientras el público seguía escuchando los latidos y sonidos sampleados de la introducción del icónico Dark Side of the Moon, se escucharon los gritos que nos llevaron a “Breathe”, donde la banda sonó como en los viejos tiempos, coordinados como una máquina creativa y poderosa.

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Después de tanto tiempo de espera, el público se emocionó cuando las voces de Gilmour, Wright y Waters se juntaron para entonar la poderosa frase “breathe, breathe in the air”pues en realidad eso fue la presentación de Pink Floyd en el Live 8, un respiro de aire fresco ante todos los problemas que hay en el mundo, haciendo que todos se olvidaran por un momento de lo que pasaba alrededor para ponerle toda su atención a una de las bandas más legendarias de toda la historia.

Tras tocar el reprise de “Breathe que suena al final de “Time y sin tiempo que perder –porque ya saben que tienen los minutos contando–, la banda siguió con “Money”, donde David Gilmour hizo llorar a su guitarra, Waters tocaba espectacular y Wright se hacía a cargo de los teclados, mientras Dick Parry volvía a interpretar el épico solo de saxofón que grabó en la versión de estudio.

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Poco a poco el público estaba recordando el poderoso show que Pink Floyd da en vivo, que a diferencia de años anteriores, no necesitaban de visuales o puestas en escena para conseguir que todo el mundo se emocionaran. Y sin duda el momento que le puso la piel chinita a la mayoría fue cuando se escuchó el sonido de una radio cambiando de estaciones de “Wish You Were Here”, que  finalmente se detuvo y muchos ya sabían lo que vendría.

Mientras se escuchaba la guitarra acústica de la introducción, Roger Waters dedicó unas palabras para el miembro fundador de la banda, Syd Barrett: “Es muy emocionante estar aquí con estos tres chicos después de todos estos años. Estar de pie para contar con el resto de ustedes. De todos modos, hacemos esto para todos los que no están aquí, pero particularmente, por supuesto, por Syd”. 

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Fue gracias a esta canción que se terminó de sentir una comunión entre cada uno de los miembros de la banda, todo mientras un cerdo volaba por el cielo. Por si no fuera lo suficientemente especial –y como símbolo de reconciliación–, David Gilmour compartió los vocales de la canción con Waters, ya que el bajista cantó casi todo el segundo verso, y cuando no estaba al frente del micrófono, se le veía a Roger bastante entusiasmado, cantando con fuerza. 

Para terminar, Pink Floyd sí tocó una canción de The Wall, pero no la que Waters quería, una que de verdad representaba la majestuosidad del momento que estaban viviendo. De repente y sin avisar, Nick Mason marcó el tiempo y todos comenzaron a tocar “Comfortably Numb”, otra de las partes donde se puede sentir que Roger y David trabajan juntos para presentarnos una de las canciones más hermosas de toda su discografía.

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Con el inmenso solo de guitarra de David Gilmour –el cual está siempre en la lista de los mejores de todos los tiempos–, acompañado de la batería precisa de Nick Mason, las maravillosas armonías de Wright junto con la línea de bajo de Waters, y así como dice la rola, el sueño se acabó para todos los que estaban en Hyde Park.

Tras tocar cuatro canciones durante 24 minutos y con las emociones a flor de piel, Richard Wright, Nick Mason, Roger Waters y el propio Gilmour se despidieron del público fundiéndose en un abrazo y con una sonrisa de oreja a oreja. Sí, no había durado casi nada su set (pues después de tanto tiempo faltaron rolas de su extensa discografía), pero fue el tiempo suficiente para dejarnos una de las presentaciones más importantes de toda su historia. 

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Pasaron los meses y a un multimillonario se le ocurrió la grandiosa idea de ofrecerle una cantidad impensable para que la banda diera una gira de reunión, sin embargo, a ellos poco les importaba el dinero. Lamentablemente este fue el último concierto con la alineación completa, pues el 15 de septiembre de 2008 murió el gran Richard Wright, cerrando por completo la posibilidad de ver a Pink Floyd juntos una vez más en el escenario.

Después de esto, podemos contar con los dedos de una sola mano las veces que han compartido el escenario de nuevo. Pero a pesar de todo, con tan solo unos cuantos minutos de show, Roger Waters, Nick Mason, David Gilmour y Richard Wright demostraron por qué son una de las bandas más importantes de la historia.

24 minutos fueron suficientes para que el mundo recordara lo mucho que se extrañaba verlos en vivo y lamentablemente, el mar de gente que estaba en Hyde Park son los únicos afortunados que pueden decir que estuvieron en el último concierto en la historia de Pink Floyd.

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Me llamo Jesús pero todos me dicen Chucho. Me encanta la música y sé tocar algunos instrumentos, aunque creo que soy mejor escribiendo sobre las bandas que me gustan. Soy fan de los conciertos y festivales,...

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