Este año se celebran 20 años de uno de los festivales más importantes de Iberoamérica, el Vive Latino. Este evento se ha colocado como uno de los pilares de mayor relevancia para la escena musical en México, pero desde su creación y con el antecedente en el país del Festival de Avándaro, también se transformó en una gran vía para expresiones no solo artísticas, sino también sociales. 

Y es que el arte tiene esa función, la de expresar, la de incomodar y la de decir al mundo lo que todos piensan, lo que siempre sucede pero nadie se atreve a decir. Por ello, el Vive Latino forma parte importante de la historia de México, pues se ha convertido en una plataforma no solo para reventar de emoción cantando a todo pulmón con tu artista preferido, sino que es ahora también un espacio abierto para las protestas y el diálogo entre los únicos que realmente saben lo que pasa en este país, el pueblo.

Vive Latino: Un testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical

Cortesía

La cercanía del Vive Latino con la sociedad mexicana ha hecho de este festival un fiel testigo del desarrollo de la misma y en aras de uno de los momentos más importantes  que están viviendo las mujeres en el mundo, el VL también ha tomado un papel relevante para el movimiento feminista que desde hace un siglo llegó a nuestro país.

Inicia la lucha de las mujeres rockeras 

Basta con ver los primeros carteles del VL. A finales de los 90, en pleno apogeo de las marchas por la libertad sexual y la equidad de género, el line up de la primera edición del festival incluía a menos de 10 mujeres de las cuales solo dos eran solistas: Julieta Venegas y Ely Guerra. Esto, por donde quiera que se mire, hablaba de lo opacadas que se encontraban las mujeres dentro de la industria musical, una mayormente ocupada por hombres.

Vive Latino: Un testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical

Vive Latino

Peor aún, tanto como la segunda como la tercera edición redujeron aún más el número de actos de mujeres y aunque ni Guerra ni Venegas quitaron el dedo del renglón y se habían ganado el cariño del público –para ese entonces más exigente y purista del rock–, el Vive Latino de 2003 dejó uno de los episodios más incómodos para la que ahora es una de las voces más reconocidas de México, Natalia Lafourcade. 

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En aquella ocasión, cuando Natalia recién comenzaba su carrera, su estilo pop-rock no fue del agrado de los asistentes y todo terminó en burlas, vasos volando, bolsas llenas de cosas que ni la propia cantante quiere recordar, corcholatas y un sinfín de productos.

“La gente me gritaba muchas cosas, había mujeres que me gritaban ¡bájate! Yo tenía un temperamento mucho más rudo que el de ahora, así que ellos me gritaban y yo les gritaba de vuelta. Ellos me decían ‘chinga tu madre’ y yo les contestaba ‘chinga tu madre tú, ¿quieres que me baje? A ver, súbete y bájame’ Era muy aguerrida y tenía muchas inseguridades acerca de muchas cosas, pero de lo que sí estaba segura era de que yo quería hacer música, mi música y quería pisar los escenarios”, cuenta Lafourcade en el libro especial de los 20 años del Vive Latino.

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¿El pecado de Natalia? Ser vendida como “pop comercial” a un público purista del “rock” y que era fanático de deslindar un género de otro porque “qué fresa escuchar ‘En el 2000′”. Pero eso ha quedado atrás, los géneros musicales ya no existen, ahora las mezclas de estilo enriquecen y favorecen a las nuevas bandas. Con el pasar de los años y con un público cada vez más grande y más diverso, los géneros poco importaron, pero la constante de incluir a pocas mujeres dentro del cartel continuaba ahí, doliendo.

Vive Latino: Un testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical

Vive Latino

En 2006, cuando el Vive Latino se extendió a dos días de shows en vivo, su line up se mostraba más rico y eso abrió las puertas para que más mujeres participaran dentro del festival, sin embargo, la diferencia con los hombres seguía siendo abismal.

Aunque el esfuerzo de las rockeras mexicanas y latinoamericanas ha sido gigante y provocó que se abrieran más escenarios para las mujeres, la brecha de género es todavía muy grande, tanto, que ni siquiera cuando el Vive Latino comenzó a apostar por bandas internacionales se logró nivelar el número de shows de hombres con los de mujeres. 

Voces rudas

Aun así, con una diferencia doliente, el Vive Latino ha sido testigo de la lucha que llevan a cabo las músicos de la industria para conseguir que sea más equitativa. Con más mujeres liderando bandas, sin estereotipos como el que una chica debe estar en una banda de pop y sin estándares impuestos de belleza. Por una industria que pague lo justo y equiparable a un hombre y por un lugar de trabajo que no se vea permeado por el acoso ni los abusos para poder sobresalir.

Julieta Venegas, Ely Guerra, Natalia Lafourcade, Ximena Sariñana, La Mala Rodríguez, Carla Morrison, Javiera Mena, Francisca Valenzuela, María Daniela, Anita Tijoux, Jessy Bulbo y muchas -¡MUCHAS!- más son algunas de las mujeres que están partiéndose la espalda todos los días para demostrar que no necesitan un par de huevos para demostrar que son fuertes y que su voz es igual de importante.

Cómo el Vive Latino ha sido testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical

Facebook Francisca Valenzuela

Y es que, como mencionamos párrafos más arriba, el VL es ahora un espacio público para que activistas alcen su voz en representación de su gente. El problema es que dada marcada diferencia de hombres y mujeres, más parece que solo la voces masculinas tienen el derecho de hablar sobre los temas que golpean al país y al mundo entero, pero esto no es así.

Alrededor del globo terráqueo son millones las mujeres que se encuentran peleando por diferentes causas y dentro de la industria musical ocurre lo mismo. Voces rudas existen un montón. Anita Tijoux por ejemplo, es una de las artistas más reconocidas del hip hop de habla hispana pero al mismo tiempo es una las activistas más destacadas de América Latina, pero sobretodo de Chile, país donde nacieron sus padres (exiliados por el golpe de estado de 1973) y al cual le dedica en mayoría las letras de protesta de sus canciones.

Cómo el Vive Latino ha sido testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical

Facebook Anita Tijoux

Siguiendo en la línea del hip hop, una corriente cultural y musical nacida entre la comunidad negra de Estados Unidos mayormente administrada por hombres y que además carga consigo en muchas ocasiones discursos machistas; se encuentra la española Mala Rodríguez. Así como en EUA varias mujeres se subieron a la tarima llevando en sus gargantas barras de poderosas que hablaban desde su calidad de mujer como MC Lyte o Missy Elliot, del otro lado del océano la batuta por la equidad en el movimiento la llevaban artistas como La Mala o Arianna Puello. 

El hip hop llegó a España por la puerta grande a principios de los 80, sin embargo, la corriente era nadada casi siempre por hombres, pero dos décadas más tarde, en pleno estreno de un nuevo siglo, las cosas cambiarían con Lujo Ibérico, el primer disco de La Mala Rodríguez y con el cual cambió el curso de la historia del rap castellano. Este álbum se volvió uno de los más vendidos en toda la historia del género en España, rebasando incluso a los títulos de otros grandes como SFDK y Violadores del Verso, suceso que demostró que las mujeres también pueden destacar en este género.

Vive Latino: Un testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical

Jimena Palacios

En el sur de América otra voz que está cambiando la industria musical del mundo es la de Javiera Mena. En Chile, el pop o disco-pop son géneros que están tomando fuerza desde hace aproximadamente 30 años. Aunque existen un montón de exponentes, la intérprete de “Luz de Piedra de Piedra de Luna” es probablemente una de las más reconocidas de la actualidad. 

Mena, quien es la primera músico chilena declarada abiertamente lesbiana -y que evidentemente habla de la lucha que está haciendo-, se esfuerza de reflejar sus ideales en cada uno de sus shows, donde es acompañada únicamente por mujeres sobre el escenario.

Cómo el Vive Latino ha sido testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical

Facebook Javiera Mena

Y así podríamos seguir y la lista no terminaría. En México, en España, en Chile y el mundo entero, un gran número de mujeres han tomado la bandera feminista y se han unido a un movimiento que intenta hacer visibles las desigualdades que por años hemos -siento mi intromisión- sufrido.

Hay una meta. El camino es largo, pero se va a lograr

Para esta nueva edición, los nombres de mujeres siguen siendo escasos pero poco a poco van en aumento. De las más de 80 bandas que se presentarán los próximos 16 y 17 de marzo en el Foro Sol, hay aproximadamente 12 mujeres en el cartel, algunas en liderando bandas, otras como solistas y otras como miembros de las agrupaciones.

Las cosas han cambiado, y mucho, y esto se debe a que representantes como las que ya mencionamos han puesto mucho de su parte con arduo trabajo y esfuerzo. Las luchas han rendido frutos que se ven reflejados en la nueva generación de bandas, una que se caracteriza por ser más incluyente. 

Vive Latino: Un testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical

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Los esfuerzos de las rockeras guerreras no ha sido en vano, sin embargo, bandas y artistas nuevos o relativamente nuevos como Norwayy, Navit, Peach Creeks, Holbox, Budaya o muchas más de las que hemos hablado en #EmergenciaNacional, están inmersas en una escena musical que actualmente se encuentra luchando contra la espontaneidad de las redes sociales, la centralización de medios especializados, la de los festivales o foros, así como una cultura de consumo musical golpeada por la llegada de las plataformas de streaming que, si bien abren las puertas a cualquiera, satura al mismo tiempo las chances de ser escuchado. 

Sí, el Vive Latino ha sido testigo de la lucha de las mujeres en la industria musical y aunque ningún esfuerzo ha sobrado, la responsabilidad de que sean más voces femeninas las que pisen las tarimas del festival ahora se encuentra del lado de los espectadores y de la misma escena musical.

Foto: Ocesa