Música

Razzmatazz: No más festivales, por favor

En este domingo de elecciones federales, Game of Thrones, finales de la NBA, y premios Tony vamos a hablar de algo realmente importante: la economía del entretenimiento.

En este domingo de elecciones federales, Game of Thrones, finales de la NBA, y premios Tony vamos a hablar de algo realmente importante: la economía del entretenimiento. Aunque para ser justo, el nuevo capítulo de Game of Thrones estuvo INCREÍBLE. Cortemos todos un pedazo de rama para que Melisandre sufra una lenta y horrible muerte en la hoguera como la bruja maldita que es. Lo mismo va para Stannis– ¡El Norte recuerda! Sniff…

Pero como les decía… esta semana, el ilustre diario británico The Guardian publicó una entrevista con Harvey Goldmisth, un agente y promotor veterano de artistas de alto perfil como The Who, The Rolling Stones y Queen. Digamos que es un sujeto que tiene peso en la industria, de lo contrario no valdría la pena citarlo. En resumen, el señor Goldsmith dijo que la era dorada de los grandes festivales de rock ha llegado a su fin:

“El circuito de festivales ha alcanzado la cima,” dijo el promotor desde un festival literario en Gales. “En realidad llegó a la cima hace dos años. Hay demasiados de ellos y no hay suficientes grandes actos para encabezarlos. Eso es un problema muy, muy grande en nuestra industria. Y no estamos produciendo una nueva generación de este tipo de actos -al estilo de los Rolling Stones, Muse, incluso los Arctic Monkeys- que puedan encabezar.”


Un tanto pesimista pero el buen hombre tiene razón. En parte. El problema no es que haya pocas bandas que puedan encabezar un festival. Bandas hay, y muchas. El problema es que hay un exceso de festivales. El mundo tiene tantos festivales con line-ups de más de 50 actos que Consequence of Sound tiene que hacer un directorio del tamaño de una Sección Amarilla.

Por allá en el lejano primer mundo, cualquiera podría decir sin exageración que existe *por lo menos* un festival de rock a la semana, pero incluso esa estimación queda muy por debajo del dato. Nada más entre mayo y septiembre del año pasado hubo 900 festivales en el Reino Unido, lo cual es una locura. Entre los más grandes festivales en aquel país, en Sopitas.com a menudo nos toca hablar de Reading & Leeds, T in the Park, Isle of Wight, BST en Hyde Park, Download, Latitude, Bestival, V Festival, todos los que monta BBC Radio, y por supuesto, el honorable tata de todos ellos, Glastonbury. Y hay que tomar en cuenta que esos son únicamente los del Reino Unido, un país relativamente pequeño en el que habitan 65 millones de personas y 1 de cada 5 toca en una banda. Ok, ese último dato me lo acabo de inventar, pero seguro que no estoy muy lejos de la marca real.

Si aquí en México se escucha un quejido colectivo cada que vemos a The Horrors o a Miami Horror en la alineación de otro festival, imagínate en Estados Unidos o en Europa donde sus line-ups son reflejos de los otros. Como demuestra este diagrama de Venn publicado en Spin, en las ediciones más recientes de Coachella, Bonnaroo, y Governors Ball, son demasiados los actos que repiten entre uno y otro. No es por decir que sean bandas mediocres, pero definitivamente le restan identidad a un festival. Si todos se parecen entre sí, ¿pues qué chiste tiene? No tiene mucho caso viajar a California, a Tennessee, o a Nueva York si puedo esperar a que mi festival local se encargue de bookear a esos mismos grupos.

venn

Un festival debería ser visto como algo especial: un evento que reúne a varios artistas y te ofrece un día o dos de música ininterrumpida (más de tres días ya me parece un exceso). Es un lugar ideal para que veas a muchas de tus bandas favoritas en un mismo lugar y, por el mismo precio, conozcas nuevas propuestas. El problema ocurre cuando cada promotor quiere lanzar su propio festival, entonces dicho evento ya no es tan especial. Al contrario, se vuelve rutinario. ¿Por qué? En una palabra: DINERO.

En la década anterior, el festival de música se convirtió en el lugar ideal para socializar, drogarse, interactuar con marcas, comprar y vender productos y servicios a precios ridículos, y ya que andabas por ahí, escuchar algo de música. Algo así como el Super Bowl: entre todos los comerciales y los espectáculos, hay un juego de football si te paras a ver. Es por eso que más que un evento artístico, el festival se vendía como una “experiencia”. ¡Oh si! La experiencia de estar con tus amigos, tomarse la selfie con un Samsung Galaxy, grabar el concierto con un iPhone, agarrar una bolsa de Doritos que deja caer un drone, o tuitear algo genérico con el hashtag de #cervezaindio para que salgas en la pantalla grande. Es el sueño capitalista hecho realidad: gente joven, de 18 a 35 años, con poder adquisitivo, sueltos en un terreno como consumidores agresivos de cultura pop.

¿Tiene eso algo de malo? No. Por supuesto que no. Si la demanda existe, la oferta estará ahí para alzar la barra hasta que llegue a un tope. Sin embargo, parece que ese tope ya lo alcanzamos, por lo menos en el primer mundo en donde ya están hartos de lo mismo una y otra vez. Es por eso que Glastonbury se ve en la necesidad de meter actos como Metallica y Kanye West en su pirámide, ante la protesta de una minoría. Aquí en México el hartazgo se refleja a nivel local por lo que festivales como Vive Latino también deben recurrir a actos de otros géneros, como la cumbia, el sonidero, y hasta el reggaeton, para devolverle algo de frescura a sus tan quemados elencos. Pero todavía se aprecia la alineación de un Corona Capital (por las bandas grandes), un NRMAL (por los actos independientes) o un MUTEK (por los artistas de un género en particular).

Mientras no se sature el mercado con tanta propuesta en lo relativo a la demanda, creo que seguiremos teniendo un ambiente saludable y productivo para todos. Pero eso sí: La curaduría es la clave. No se trata solo de pescar nombres conocidos en tu cartel y esperar que uno sirva de gancho para vender boletos ¿Por qué la curaduría importa tanto? La curaduría es la razón por la cual un festival de Barcelona como Primavera Sound es rankeado como uno de los mejores, sino es que el mejor, según los editores de la revista Time Out, poniéndolo por encima de Coachella y Glastonbury, demostrando que en aquella región del mundo le saben más que al fútbol. No hay que descuidar ese detalle. Pero bueno, dejemos este fascinante tema para la próxima publicación de Razzmatazz (en serio es un tema fascinante, no estaba siendo sarcástico).

P.D. ¡Hey! Escuchen la playlist no oficial, y sin patrocinios, del CC15. Está horrible.

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