Recordando el sonido de México. Especial: Pérez Prado y su centenario

Continuamos recordando a los artistas mexicanos que, gracias a su legado, han dejado una huella inigualable en nuestra identidad cultural; misma que a lo largo de los años nos ha formado, y que nos caracteriza a nivel internacional. Hoy en día, la monstruosa industria musical parece tener como objetivo dominarnos culturalmente, haciendo que poco a poco olvidemos cómo nos hemos expresado a lo largo de los años. Esto sólo se puede mediar mediante la consciencia de quiénes fueron los artistas encargados en formarnos, y fijando la memoria en el sonido de México.

Es necesario entender que la música es un lenguaje mucho más complejo de lo que podemos imaginar a primer escucha: a través de las notas musicales, podemos conocer aspectos mucho más profundos de una época, como son los económicos, políticos, sociales y culturales.

La Historia nos ayuda a entender nuestro presente y nuestras ambiciones a futuro. Conocer nuestra identidad cultural nos recuerda cómo era México hace unos años; a qué aspiraban nuestros padres y/o abuelos; qué los conmovía; y de qué hablaban.

Esta ocasión, tenemos una edición súper especial, ya que recordaremos al gran

Rey del Mambo -quien hoy cumpliría 100 años. Por supuesto, nos referimos al músico, compositor y arreglista Dámaso Pérez Prado; quien a pesar de haber nacido en Cuba, terminó cautivado por México: Pérez Prado adquirió la nacionalidad mexicana, y vivió muchos años en nuestro país.

Dámaso Pérez Prado nació un 11 de diciembre de 1916 en Matanzas, Cuba. A muy temprana edad aprendió a tocar el piano clásico, instrumento que dominó a la perfección; su genialidad al utilizar las partituras, le permitió convertirse en un gran compositor.

A partir de 1942, con el apodo “el cara de foca”, Pérez Prado se estableció en La Habana, donde comenzó a tocar el piano en cabarets; para después hacerlo con distintas orquestas como la Orquesta Cubaney, Orquesta de Paulina Álvarez, y en la más famosa de toda La Isla: Casino de la Playa. Con ésta última salió de gira en 1947; y un año después, se estableció en la Ciudad de México para especializarse en su género favorito, el mambo, que era una adaptación del danzón cubano.

Ya en México, fundó su propia orquesta junto al cantante cubano Kiko Mendive: comenzaron a escribir tantas canciones, que ni siquiera tuvieron tiempo de ponerles nombre. De ahí salieron sus temas más famosos, como el “Mambo Nº 5” y el “Mambo Nº 8”. También comenzó a actuar en películas mexicanas del género de “las rumberas”; además de participar en otros filmes en Estados Unidos y Europa. Rápidamente, su comenzó a crecer a nivel mundial.

A pesar de su éxito en México, Pérez Prado tuvo que abandonar nuestro país en la década de los 50: algunas leyendas urbanas apuntan a que tuvo que salir de México porque quiso interpretar el Himno Nacional Mexicano al ritmo del mambo; algo que no fue del agrado de los altos mandos del gobierno. Aunque también se afirma que el artista simplemente tuvo diferencias con las autoridades mexicanas.

Pérez Prado compuso temas para las dos más grandes instituciones de nivel medio superior en México: compuso el “Mambo del Politécnico” para el Instituto Politécnico Nacional; así como el “Mambo Universitario”, para la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre las creaciones más conocidas del Rey del Mambo están “Qué rico el mambo”, “Patricia” -que el cineasta Federico Fellini utilizó en su película La Dolce Vita- y “Mambo Nº 5”. Esta última canción fue retomada en 1999 por el cantante alemán Lou Bega, quien realizó una nueva versión que fue sumamente exitosa.

En 1980, Pérez Prado obtuvo la nacionalidad mexicana; sin embargo, nueve años después, falleció a causa de un paro cardíaco, a la edad de 72 años. Su muerte significó el fin de una exitosa carrera como el mejor intérprete del mambo, así como la despedida definitiva para uno de los mejores músicos que ha dado Cuba y América Latina, y que México recibió con los brazos abiertos. ¡Feliz centenario, Pérez Prado!