‘Reject False Icons’: Tres años, dos discos y 96 conciertos en una crónica sobre Gorillaz

Alerta: contenido repleto de spoilers. La primera vez que 2D, Murdoc, Noodle y Russell lanzaron el mensaje que da nombre a este nuevo documental, fue en el video para “Rock It”, canción que critica el modo de vida de las celebridades y la importancia que le damos a los íconos que proyectan, en muchos casos, una imagen vacía.

El hijo de Jamie Hewlett le da sentido al título al tener una mirada indiscreta a la maquila de dos discos radicalmente distintos, 96 shows y el acceso a los camerinos de Damon Albarn y la familia que llama Gorillaz, como personas reales que se divierten, se enojan y fiestean a veces sin control.

En orden cronológico, la película inicia desde la concepción en la mente de Albarn sobre un disco que hablara sobre el fin del mundo, titulado finalmente ‘Humanz’ y lanzado en abril de 2017.

La travesía que fue grabar el disco, entre Nueva York y París, muestra al frontman y el animador haciendo lo suyo, usando toda clase de instrumentos con colaboradores y mostrando, por ejemplo, cómo es un jam entre Albarn y Jean Michel Jarre en un oasis lleno de sintetizadores.

Al ser un documental sobre el proceso creativo y de ejecución, los famosos dibujos pasan a segundo plano, sirviendo para las transiciones o mostrando a su creador bocetarlos previo a sus versiones finales. Esto funciona porque, aunque no hemos tenido la ansiada película o serie animada, lo último que vimos de la banda virtual (entrevistas, confesiones y hasta bots de inteligencia artificial que te contestaban en Facebook) no nos dejaba pasar al estudio o a backstage, en donde realmente se cocina todo lo que conocemos del cuarteto animado.

Ver el show de Gorillaz en Humanz o en The Now Now en el documental, resulta muy agradable ya que se editan los temas, tocados en distintas ubicaciones del planeta y se mezclan los visuales en capas que te hacen regresar al concierto, o te dan la posibilidad de sentir que estuviste ahí si no alcanzaste boleto.

El documental es efectivo en transmitir la humanidad de los sujetos detrás de Gorillaz: celebrar acabar el disco con tragos, las peleas creativas, la capacidad de sorpresa ante públicos entregados e inclusive la tristeza de cerrar, como dijo Seye Adelekan: “los mejores dos años de nuestras vidas”.

Los 95 minutos se vuelven ligeros gracias a la dinámica de la película, como el apoyo en los momentos bobos en los que Albarn canta haciendo chistes, o muecas, o desvaría en referencia al ojo que todo lo ve: el hijo de Hewlett. También conocimos los chistes locales de la banda, las bromas pesadas y sus tragos preferidos, además del ritual antes de subir al escenario.

El servicio al fan es permanente, ya que hay canciones e interludios sin publicar que se usan, que funcionan como soundtrack junto a viejas conocidas, que sonorizan el fenómeno que es Gorillaz, mostrando material de los mares de fanáticos que moviliza la banda en todos los continentes.

Fiel a su ideal colaborativo, se muestran las distintas ciudades y cómo se sumaban artistas como Vince Staples, Peven Everett, Mos Def y Little Simz, conforme se cruzaban sus giras.

Puesto en un formato como este, sorprende caer en cuenta que Gorillaz es una banda con, “más de cien colaboradores”, como lo pone Albarn, y posiblemente la primera en la historia en contar con integrantes vivos y muertos que, de alguna manera, están con ellos sobre el escenario. Mención especial hacen para Bobby Womack e Ibrahim Ferrer, y nos faltó el homenaje al también fallecido Lou Reed.

Anoche fue la única muestra a nivel global en cines de Reject False Icons, esperemos pronto lancen más formatos, para conservar un documental sobre la familia que es Gorillaz.