‘The Ascension’: La transformación musical de Sufjan Stevens no tiene límites

Con cuarenta y cinco años, Sufjan Stevens es un cantautor prolífico del cual podríamos pensar que lleva más décadas produciendo música en la que vacía cuerpo y alma. Muestra de esto es The Ascension, una épica electrónica de quince canciones en hora y veinte, con el sencillo “America” rebasando los doce minutos.

Stevens usa beats, sintetizadores elongados y progresiones digitales para dar mensajes íntimos y dolorosamente personales. Para un guitarrista, esta mutación no es sencilla, pero el originario de Detroit lo hace parecer fácil.

'The Ascension': La transformación musical de Sufjan Stevens no tiene límites

Foto: Sufjan Stevens

Sufjan Stevens plasma su intimidad en The Ascension

Las letras que construyen el disco son confesiones sobre su vida, miedos y preocupaciones, de un humano que abraza el dreampop como clave para entregar su mensaje. Como productor propio, Sufjan nos enseña que también le gusta la electrónica, y podemos ver que conoce el género y su creación, pero simplemente, el giro personal que le añade y las palabras que usa, son cosa de un genio.

Acostumbrados a verlo cargando un banjo o guitarra, ahora lo ubicamos como director de una orquesta electrónica, como lo demuestra en la fascinante “Die Happy”, en la que es una de las mejores canciones de este nuevo clásico.

Hace una crítica a la sociedad actual

Como referencia obligatoria, pensamos en Radiohead, que puede funcionar con una balada acústica o con electrónica obscura. Esto lo vemos claramente en “Ativan”, con ecos que corren tras de la voz de Stevens, quien cuestiona su lugar en el universo y para qué estamos aquí.

Su protesta contra la sociedad moderna es desnudarse para sentir y denunciar todo lo que ve mal, como la incansable carrera por obtener likes, desconectarnos de lo que es real y evadir los problemas que nos acechan a diario. En medio de una pandemia, el mensaje es aún más poderoso.

Sus miedos y sentimientos quedan impregnados en este disco

 

La espiritualidad de Sufjan permanece intacta, hablando de su alma y de Dios, cómo lo concibe y cómo le pide al universo por virtudes que parecen perdidas hoy en día. Tras el personalísimo disco Carrie & Lowell, que trataba sobre la relación con su madre, ahora The Ascension es un ejercicio en el que se ve en el espejo e intenta reconocer quién es y a dónde se dirige.

Es impresionante cómo repite Sufjan que desea amar y ser amado, lo que está presente en casi cada una de las quince canciones del disco. Tal vez ese es el mayor temor del casi cincuentón, y la honestidad para plasmarlo en un disco no es algo fácil, por momentos, se siente desgarrador.

Las percusiones post industriales atacan en canciones como “Death Star” y “Goodbye To All That”, en las que conviven con la suave voz de Stevens, quien aparentemente también hace sus propios coros.

La ambición enorme de este disco se escucha en la canción homónima, y, por supuesto, “America”, la denuncia de Stevens a su país, a la sociedad y a lo que se ha convertido Estados Unidos.

Bajo el sello Asthmatic Kitty, del propio Stevens, The Ascension se convertirá en un clásico contemporáneo, como una clara muestra de la fuerza que puede darse a una carta confesional íntima en formato electrónico.