Feminicidio: El asesinato de una mujer, por el simple hecho de ser mujer.

Un término que escuchamos diariamente en las noticias, que leemos en los periódicos y deslizamos en las redes sociales. Un término que se ha vuelto un tanto cotidiano en nuestro país. Un término que no es otra cosa más que el reflejo de la tragedia que se vive en México.

Los campos de cruces rosas y moradas que buscan recordar a las niñas, adolescentes y mujeres que han sido asesinadas, se multiplican a lo largo de la república, escondiendo una tragedia mayor. En México no se puede saber con certeza cuántas son.


Consultamos las bases de datos oficiales, preguntamos a activistas, nos acercamos a organizaciones civiles y al INEGI. Cada uno tiene números distintos para dimensionar la misma catástrofe: los feminicidios.

Nos encontramos con tres familias que no han hallado justicia por la muerte de sus hijas. Hablamos con un funcionario que prefirió mantenerse en el anonimato para revelarnos las fallas al interior de la Fiscalía del Estado de México. Nos reunimos con especialistas para intentar entender porqué los asesinatos de mujeres van en aumento.

¿Una pista? En México no sabemos investigar los feminicidios y tampoco los podemos contar, ¿cómo podemos resolver un problema que ni siquiera sabemos cuantificar?

Nos Están Matando: Radiografía de Feminicidios en México es un trabajo que busca profundizar sobre la violencia de género, ¿qué es lo que define un feminicidio? y sobre todo ¿quién y bajo qué criterios decide qué es un feminicidio y qué no lo es?

“ME DIJERON QUE FUE LA FAUNA”

Jessica Sevilla Pedraza salió de casa después de estar con sus padres y su hijo. Apenas había pasado un día del cumpleaños de su papá cuando la doctora de 29 años fue vista por última vez con vida. Y así se desencadenó una historia que ha sido un proceso largo, complejo y que comenzó el 4 de agosto de 2017 en el Estado de México.

“A ella se la llevan el 4 de agosto. El 5 de agosto aparece asesinada en Huixquilucan con extrema violencia”, nos cuenta Juana Pedraza sobre la jornada en que su hija desapareció. O, más bien, cuando fue atacada junto con su acompañante por un grupo de sujetos en una gasolinera del municipio de Xonacatlán.

Ilustración de Jessica Sevilla Pedraza

A él sólo le dispararon en una pierna y lo dejaron ahí. Ella no corrió con la misma suerte y fue obligada a seguir el camino con los agresores.

Su familia se enteró de su desaparición por la llamada telefónica de una de sus colegas. Al instante, sus familiares comenzaron con la búsqueda. Acudieron a las autoridades y, finalmente, el 5 de agosto supieron que el cuerpo de Jessica había sido hallado en un paraje de la comunidad del Hielo, en Huixquilucan.

“A ella le quitaron la piel, le quitaron el pulmón, corazón, tenía la nariz rota, costillas rotas… no tenía cuero cabelludo. Fue extrema violencia”, con voz firme, Juana intenta describir una escena que es difícil de recordar.

“Me dijeron que fue la fauna”

Juana asegura que, tras las primeras investigaciones, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México le dio una verdad histórica: la fauna del lugar había causado las lesiones en el cuerpo de Jessica.

Así comenzó el camino de esta familia para acceder a la justicia y esclarecer uno de los cientos de feminicidios que se registran en nuestro país.


¿QUÉ ES UN FEMINICIDIO EN MÉXICO?

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) estima que en México, 6 de cada 10 mujeres mexicanas han enfrentado algún incidente violento durante su vida, y que más del 40% ha sido víctima de alguna agresión sexual. El feminicidio no es otra cosa que la representación más extrema de la violencia contra las mujeres.

En 2012, tras una larga lucha de activistas, familiares y organizaciones civiles, el delito se reconoció oficialmente en las leyes mexicanas.

“Comete el delito de feminicidio quien prive de la vida a una mujer por razones de género”, comienza el artículo 325 del Código Penal Federal. “Se considera que existen razones de género cuando concurra alguna de las siguientes circunstancias”.

Infografía de Las 7 causas para catalogar un homicidio como Feminicidio

La norma nacional describe siete causales distintas que prueban las razones de género dentro de un homicidio. Con la presencia de una sola de ellas, se debería considerar un feminicidio.

  • Que existan antecedentes de violencia del sujeto activo hacia la víctima.
  • Que existan amenazas del sujeto activo en contra de la víctima.
  • Que haya sido incomunicada previo a su muerte, cualquiera sea el tiempo.
  • Que el cuerpo haya sido expuesto en la vía pública.
  • Que presente signos de violencia sexual.
  • Que tenga lesiones o mutilaciones degradantes.
  • Que haya existido entre la víctima y el sujeto una relación sentimental, afectiva o de confianza.

En un país como México, que registra más de 33 mil homicidios violentos al año, la definición es fundamental.


NO SABEMOS CUÁNTOS FEMINICIDIOS HAY

Si algún día intentas averiguar cuántos feminicidios hay en México, la única conclusión confiable a la que vas a llegar es “quién sabe”.

No existen datos suficientes que te permitan saber con certeza cuántas mujeres pierden la vida por la violencia feminicida. No hay números comparables entre las diferentes publicaciones y tampoco hay margen de comparación con años anteriores. No existen metodologías homologadas. Cada medición que encuentres tendrá diferente frecuencia, diferentes técnicas y, sobre todo, diferentes resultados.

“Es un desastre de medición”, se lamenta Carolina Torreblanca, directora de análisis de datos y contenido de Data Cívica, que ha dedicado los últimos años al análisis de las enredadas cifras de feminicidios.

Una muerta: un certificado

De acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en 2017 —los datos del 2018 se harán públicos hasta noviembre del 20193 mil 430 mujeres murieron a causa de un presunto homicidio. Nueve mujeres son asesinadas al día.

La cifra es alarmante. Sin embargo, es importante aclarar que ahí no se cuentan feminicidios, sino víctimas de presuntos homicidios. Es decir, en esos números no se hacen distinciones por el posible motivo. ¿Por qué?

Edgar Vielma, director general de Estadísticas Sociodemográficas del INEGI, explica que “el feminicidio es un término jurídico, no médico”, por ello las cifras que publica el instituto son la suma de todos los certificados de defunción a nivel nacional. “Para nosotros es: un muerto, un certificado”.

Cada que alguna persona fallece, un médico legista hace un análisis preliminar de las posibles causas de muerte. Si estima que la mujer hallada fue víctima de un homicidio, un suicidio o una muerte accidental, así quedará asentado en el acta. El criterio de los forenses —y lo que tachen en una hoja— determinará finalmente en qué columna se acomoda.

Formato: Preguntas que responde el médico legista ante una defunción

Si quisieras contar específicamente los homicidios de mujeres en los que, según la autoridad, la violencia de género se hizo presente, tienes que consultar la fuente que recopila los datos de las fiscalías y Ministerios Públicos en el país: mes a mes, el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) da a conocer los datos sobre la incidencia nacional de más de 40 delitos distintos, entre ellos, el feminicidio.

Contando los delitos

Según el SESNSP, en 2018, hubo 3 mil 607 mujeres asesinadas en México. De ellas, 2 mil 746 fueron clasificadas víctimas de homicidio doloso y solamente 861 como víctimas de feminicidio.

De acuerdo a esa base de datos, dos mujeres al día pierden la vida por el simple hecho de ser mujer.

No obstante, esta información no refleja el total de feminicidios y homicidios dolosos de mujeres en el país, sino el número de víctimas que el Ministerio Público así clasificó. Una importante diferencia. Tal vez eso explica por qué, en 2017 —el último año en el que hay datos comparables—, el INEGI reportó 136 víctimas más que las que contabilizó el SESNSP.

Es peligroso tomar los datos públicos de las procuradurías como si fueran verdad”, explica Carolina Torreblanca.

La especialista se refiere a que existen distintos criterios y subjetividades a lo largo del país en la clasificación de homicidios dolosos de mujeres y feminicidios: cada Ministerio Público consigna bajo sus propios parámetros.

Aun si los Ministerios Públicos hicieran perfectamente su trabajo y le “atinaran” a todos los feminicidios que investigan, los números a nivel nacional seguirían siendo poco confiables. Lo que se considera un feminicidio ni siquiera es comparable entre los estados del país.

“Un feminicidio aquí no es lo mismo que un feminicidio en Nayarit”

A pesar de que existe una tipificación federal de los siete causales de un feminicidio, cada entidad interpreta por su cuenta cómo se demostrará ese delito en su código penal local. De acuerdo al Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, solamente 19 estados tienen en sus códigos penales una tipificación “adecuada”.

Esas diferencias, aunque parezca un simple detalle legal, provocan grandes cambios en las estadísticas y en la manera en la que intentamos estudiar —y castigar— este delito. Un ejemplo:

En 2018, no se consignó ningún homicidio doloso de mujeres en Sinaloa, pero todas las víctimas (49) quedaron registradas por las autoridades como feminicidio. En el mismo año, Baja California Sur registró 25 mujeres víctimas de homicidio doloso y no catalogó ni un solo feminicidio.

Dato, En Sinaloa no se registra ni un sólo homicidio doloso de mujeres: por ley, todas las muertes violentas hacia mujeres en el estado se clasifican como feminicidio.

A primera vista, podrías pensar que no hay violencia de género en Baja California Sur. Pero esto no significa que no se cometiera ni un solo feminicidio en el estado. Lo que los datos del SESNSP sí muestran, es que las autoridades de procuración de justicia en México son disparejas en su manera de consignar los delitos.

La sociedad también cuenta

Si de criterios se trata, también puedes buscar información en los recuentos anuales que las activistas publican. Estos números no son cifras oficiales —ni pretenden serlo—, pero se sustentan en los feminicidios y homicidios que se reportan diariamente en la prensa nacional. A estos recuentos se les conoce como fuentes hemerográficas.

Frida Guerrera, una activista que registra las historias de las mujeres asesinadas en el país, encontró mil 831 reportes de presuntos feminicidios. “Sus números jamás van a empatar con los nuestros”, acusa al comparar sus cifras con las oficiales.

¿Sabemos contar los feminicidios en México?

Para ella, el hecho de que las víctimas sean mujeres, es razón más que suficiente para catalogar los homicidios de mujeres como un feminicidio y después investigar los motivos; a diferencia del proceso que llevan los Ministerios Públicos y las fiscalías.

Por su parte, María Salguero, creadora del Mapa Nacional de Feminicidios —una herramienta digital que recopila con geolocalización las muertes violentas de mujeres en México—, cuenta que en 2017 analizó reportes detallados de 2 mil 205 mujeres asesinadas. De estos, estima que, por la violencia o el contexto, mil 159 podrían ser considerados feminicidios

Sin embargo, medir los homicidios observados por los medios de comunicación presenta nuevos problemas.

“La probabilidad de que un homicidio sea reportado por los periódicos no es lo mismo para todas las mujeres”, explica Torreblanca. Después de todo, para la prensa no es lo mismo la historia de un asesinato en Polanco, en el corazón de la Ciudad de México, que la aparición de un cuerpo violentado en la sierra de Oaxaca.

Entonces, ¿a quién le creemos?

¿Contamos los 3 mil 430 cuerpos que reportaron los médicos legistas en el INEGI? ¿Las 3 mil 607 víctimas que aparecen en las cifras de Seguridad Pública? ¿Los mil 831 feminicidios que reporta Frida? ¿Las 2 mil 205 mujeres asesinadas que encontró María? No importa qué cifra decidas reportar o compartir, en México necesitamos datos de mejor calidad si aspiramos a comprender mejor la violencia.


“LO QUISIERON HACER PASAR POR UN SUICIDIO”

El día de su muerte, Fernanda Sánchez Velarde fue encontrada colgada en su casa, con las venas cortadas y brutalmente golpeada. Le rompieron la nariz y la quijada. Tenía golpes en la cara, en las rodillas y los codos, “como si la hubieran arrastrado”, describe Magdalena Velarde, madre de la víctima.

“Como familia, cuando (murió) Fer, nos morimos con ella… pero nos levantamos porque nosotros queremos justicia”. A cinco años del asesinato de Fernanda, su familia mantiene la fuerza para decir estas palabras, para contar lo que sucedió el 4 de enero de 2014.

Ilustración de Fernanda Sánchez Velarde

Entre fotografías, cruces color rosa y morado con el nombre de su hija, así como fotocopias de una carpeta de investigación, Magdalena nos guía para darnos una imagen más precisa de su hija.

A comienzos de 2014, Fernanda Sánchez Velarde vivía con su esposo en Cuautitlán Izcalli, municipio del Estado de México. Tenía 18 años, un hijo de casi dos y cuatro meses de embarazo. Por motivos de violencia quería separarse de su pareja.

Pero esto no sucedió.

En un principio, el hecho de que el cuerpo de la joven permaneciera colgado, apuntaba a un suicidio. Sin embargo, las contradicciones de esta escena —¿cómo pudo tratarse de un suicidio si la joven presentaba golpes?— fueron evidenciadas por las mismas autoridades.

‘“A mi hija le cortaron las venas después de muerta”

– Magdalena Velarde Tepoz

“En ningún momento nos dejan entrar, pero el comandante de ahí me empieza a hacer una pregunta… que dónde había visto yo un muerto que se cortara las venas y yo le pregunté ‘¿por qué?’ Y ya me empieza a decir que a mi hija le cortaron las venas después de muerta”.

La carpeta del caso de Fernanda Sánchez salió como homicidio. Pero la familia Sánchez Velarde no quedó convencida y ha luchado por una investigación adecuada, hasta llegar a la reclasificación del caso como feminicidio.


LOS ESTADOS FEMINICIDAS

El Estado de México es el epicentro de asesinatos de mujeres en el país. De acuerdo a las cifras oficiales de Seguridad Pública, en 2018 hubo 400 mujeres asesinadas en la entidad. Las autoridades mexiquenses aseguran que solo 110 de esos casos podrían ser considerados feminicidios.

Las otras 290 quedaron catalogadas como víctimas de homicidios dolosos y no entrarán en las estadísticas de violencia de género nacional.

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), reporta que durante 2018 hubo 861 víctimas de feminicidio en todo el país. Ecatepec, con 14 registros, es el cuarto municipio con más casos. Con nueve cada uno, Nezahualcóyotl y Chimalhuacán, también tienen un lugar en la lista negra de las 10 municipalidades con más feminicidios.

Infografía de Los 10 municipios con más presuntos Feminicidios

Ciudad Juárez, Chihuahua y Culiacán, Sinaloa, son los municipios con más feminicidios en México: 28 delitos registrados cada uno.

Sin embargo, en Sinaloa no se registra ni un solo homicidio doloso de mujeres: por ley, todas las muertes violentas en la entidad se clasifican como feminicidios porque investigan “con perspectiva de género”. Eso no sucede en ningún otro estado del país.

“Yo por eso mejor hablo de mujeres asesinadas, porque sabemos lo que hacen las procuradurías”, cuenta María Salguero, la creadora del Mapa Nacional de Feminicidios. Las diferentes tipificaciones del delito y la arbitrariedad con la que los Ministerios Públicos clasifican los asesinatos, hace casi imposible encontrar una medición confiable de feminicidios a lo largo del país.

Lo más sencillo es buscar otra medida

Como toda estadística, las tasas de homicidio borran las historias personales de cada una de las víctimas, pero también ayudan a contextualizar el problema y encontrar situaciones desproporcionadas de violencia contra las mujeres en alguna entidad o municipio.

“Más de 10 mujeres asesinadas por cada 100 mil habitantes es considerado una epidemia de violencia”, detalla Salguero.

Si buscas esos datos en las tasas de mortalidad del INEGI, puedes encontrar focos rojos de violencia a nivel nacional. Por ejemplo, Baja California Sur, donde los Ministerios Públicos no reportan ni un solo feminicidio, supera las 20 mujeres asesinadas por cada 100 mil habitantes. Lo mismo sucede en Colima.

Tasa de homicidios de mujeres por cada 100,000 habitantes

Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estadísticas de defunciones registradas 2017.

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Siguiendo la clasificación de Salguero, en Chihuahua, Baja California, Guerrero y Zacatecas, también se podría decir que hay una epidemia de violencia. En Nayarit, la situación está llegando al límite.

No importa dónde busques, cada vez son más

Sin importar en qué bases de datos oficiales decidas buscar, cada vez hay más mujeres asesinadas. En los años recientes, la violencia homicida y la violencia feminicida en México han ido aumentando constantemente hasta llegar —en algunos casos— a duplicarse.

De acuerdo al SESNSP, en 2015 hubo mil 737 mujeres víctimas de homicidio. Tres años después, reportaron 2 mil 746.

Según las cifras del INEGI, en menos de 10 años se ha duplicado el número: en 2008, había mil 425 mujeres víctimas de homicidio en el país. En el último año de registro —2017—, la violencia mexicana cobró la vida de 3 mil 430 mujeres.

“Es un máximo histórico”
– Edgar Vielma

“Es un máximo histórico”, señala Edgar Vielma, director general de Estadísticas Sociodemográficas del INEGI. “Es importante señalar que la tendencia va a la alza y a niveles del doble”, apunta el funcionario mientras presenta una gráfica en donde la línea de violencia solamente ha tenido un constante crecimiento.


CAMILA: EL PRIMER FEMINICIDIO DE 2019

La familia Espinosa Mendoza se preparaba para recibir el Año Nuevo. “A las 7 de la noche me metí a bañar y mi hija, como a los cinco minutos, me tocó la puerta del baño y me preguntó si le podía prestar un encendedor para que saliera a prender sus cuetes a la calle. Le dije que sí, que lo tomara de mi mochila pero que nada más la quería abajo, que no se fuera a ningún lado”, recuerda José Manuel Espinoza desde su casa en Valle de Chalco, Estado de México.

Media hora después notaron que Camila, de 9 años, no estaba. Comenzaron a buscarla con los niños con los que solía jugar, en las casas cercanas, en la tienda, en casa de su abuela y nada.

Ilustración de Camila

A la medianoche, le informaron a las autoridades de su desaparición. Comenzaron a sospechar de Marciano, el vigilante del predio, ya que no aparecía por ningún lado aun cuando tenía que hacer guardia ese mismo día.

“Que le caiga todo el peso de la ley”

La familia convocó a todos los vecinos para formar grupos de búsqueda y fue alrededor de las 3 de la mañana cuando decidieron abrir el cuarto en donde dormía el vigilante. Es ahí donde encontraron el cuerpo de Camila.

Tras la persecución y la captura de Marciano en Puebla, el 7 de enero fue vinculado a proceso por el delito de feminicidio. El juez dio un lapso de tres meses para el cierre de la investigación.

Lo que pido a las autoridades es que sean más enérgicos en esos aspectos, que no dejen salir a ese tipo de gente. Yo estoy pidiendo la prisión vitalicia para que este individuo ya no salga en toda su vida, que le caiga todo el peso de la ley. Las autoridades no se qué es lo que esperan que él haga para tenerlo encerrado”, exige el papá de Camila.

Al momento de ser detenido, la familia se enteró que el asesino de su hija es reincidente de violación. En 2012, Marciano fue detenido y sentenciado a 10 años de cárcel; sin embargo, tras una apelación, salió libre tras cumplir tres años de reclusión.


¿CÓMO SE DEBERÍA INVESTIGAR UN FEMINICIDIO?

Para investigar un caso como el de Camila, Jessica o Fernanda, el Protocolo de Investigación Ministerial, Policial y Pericial con Perspectiva de Género para el Delito de Feminicidio establece las obligaciones que deben cumplir los servidores públicos.

Como lo menciona el nombre, a la hora de investigar hay tres niveles de especialización desde los que se tienen que llevar las indagatorias: ministerial, policial y pericial.

Entonces, ¿cuál es el proceso?

Empecemos con las obligaciones ministeriales. De acuerdo con lo estipulado en el protocolo, una vez que se tiene conocimiento de la muerte violenta de una mujer, el Agente del Ministerio Público Federal (AMPF) está obligado a iniciar de oficio una investigación. Para ello, es necesario recabar información en tres áreas principales: la historia de vida y el entorno social de la víctima, los perfiles de personalidad de la víctima y del o los victimarios, así como la conducta criminal y la identidad del agresor.

Infografía: ¿Qué hacer si una mujer desaparece?

La identificación, recolección y resguardo de las evidencias se convierte en parte fundamental de estas investigaciones. ¿Por qué? El objetivo principal en caso de feminicidio conforme al tipo penal, es acreditar las razones de género que llevaron al agresor a ejecutar a la víctima.

Cuando se trata de feminicidio de niñas, es importante elaborar una línea de investigación que esté relacionada con los antecedentes de maltrato previos de la familia o de quien haya tenido a cargo su cuidado.

Esto si no se tiene claro quién es el feminicida.

¿Qué se tiene que considerar para llevar a cabo la investigación? Los hechos: el lugar, tiempo y modo en que se produjeron y la manera en que ocurrieron. También es importante hacer una valoración jurídica, es decir, evaluar lo ocurrido tomando en cuenta la ley.

Con estos dos puntos se crea una hipótesis y se tiene que proceder a sustentarla con los elementos recabados.
Los investigadores (peritos en criminalística, medicina forense, fotografía, química, antropología, física, entre otros) deben tener presente que los feminicidios también pueden ocurrir como parte de otros delitos relacionados con la explotación sexual, delincuencia organizada o huachicoleo.

Es decir, en todo momento tener una visión de género y las posibles líneas de investigación.

Los policías: el primer contacto

¿Qué es lo que deben hacer los policías? En todo momento, tendrán que actuar bajo la conducción y el mando del Ministerio Público.

Los policías tienen que recibir el aviso en caso de un probable feminicidio e informar al denunciante que tiene que acudir ante una agencia del Ministerio Público y realizar la denuncia en forma oral o escrita. Tendrán que trasladarse de inmediato al lugar de los hechos.

Fotografía de Policía Federal en investigación pericial

Durante la investigación, a la policía le toca realizar una bitácora con todos los datos del hecho y compararla con la información de los peritos, inspeccionar lugares y entrevistar a testigos, familiares de la víctima e implicados.

Investigar con perspectiva de género

Por último, se hace la investigación pericial, la cual está basada en los avances que el Ministerio Público tiene registrados hasta el momento.

Lo que se recolecta del lugar de los hechos en caso de feminicidio, no es muy diferente de otras investigaciones por muertes violentas; sin embargo, debe tener perspectiva de género.

El trabajo de investigación —desde el policía, los Ministerios Públicos, los jueces y todos los involucrados en las pesquisas— debe hacerse con perspectiva de género, porque así se puede procurar justicia sin prejuicios de por medio.


Por ejemplo, si aparece el cuerpo de una mujer en una carretera y el agente del MP lo investiga como homicidio culposo, porque alguien la atropelló, desde el inicio estamos mal. Se han documentado casos donde el feminicida priva de la vida a una mujer, la golpea, la arroja y la atropella. De ahí la presunción de que el homicidio de una mujer deba ser investigado como feminicidio”, agrega Gail Aguilar Castañón, Directora Especializada en Materia de Violencia de Género y Trata de Personas de la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.

Para que una investigación se realice con perspectiva de género, un elemento determinante es que la víctima o sus familiares, sean acompañados por un asesor jurídico, ya sea federal o local.

“La falla no es de fondo, sino de forma”

Infografía de 5 Factores que afectan la investigación de un feminicidio.

Hablamos con un funcionario de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México, a quien nos referiremos como Rodrigo, ya que prefirió dejar su identidad en el anonimato.

“La falla no es de fondo, sino de forma. Comienza en la falta de pericia, recursos y personal para poder llevar a cabo la investigación”, nos explica.

Es decir, el concepto de feminicidio existe y las fiscalías saben que deben investigar con perspectiva de género, pero hacen falta recursos y capacitación del personal.

“Se están cambiando los nombres de Procuradurías a Fiscalías y solo cambian colores y logotipos, pero se sigue operando con los mismos vicios y carencias con las que se ha tenido que lidiar por décadas”, denuncia. A la par, detalla que sin instituciones sólidas, continuará la atención deficiente a estos delitos.

A esta situación se suma “el gran número” de casos que hay por atender. Se generan grandes cargas de trabajo y, por lo tanto, no se puede realizar “una investigación minuciosa y efectiva”, concluye el funcionario.


“TE DAN LA INFORMACIÓN A CUENTAGOTAS”

Hay personas que se fastidian y dicen ‘hasta aquí’, pero desgraciadamente yo soy una persona que dice ‘no’. No podemos dejar libres a estas personas que son capaces de quitarle la vida a un ser humano que salvaba vidas, que salvó muchas vidas y que la mataron de una manera tan cruel. Yo creo que ningún ser humano merece morir así”, nos dice Juana Pedraza.

De acuerdo con la mamá de Jessica, la investigación ha tenido varias omisiones: desde el testimonio del hombre que la acompañaba en su auto justo en el momento en el que fue atacada hasta la escasa información que la Fiscalía da sobre los avances.

Fotografía Jessica

Te van aplazando los tiempos para darte información, te la dan a cuentagotas”, detalla Juana.

Por ejemplo, a los tres meses del feminicidio de Jessica, las autoridades le dijeron que podían liberar órdenes de aprehensión. Pero ella y su familia se negaron, querían una investigación completa. Recibieron entonces la promesa de llevar a cabo una investigación en 90 días que “ya se tradujeron en un año seis meses… y que sólo me dicen que tengo que esperar”.

Ante el lento avance del caso, el panorama de la familia Sevilla Pedraza se vuelve cada vez más difícil. Tanto Juana como su esposo, no pueden tener trabajos estables, y por ende, una entrada segura de dinero. Entre ir y venir de citas con la Fiscalía, seguir con su propia investigación —a pesar de que las autoridades les han indicado que pueden entorpecer el caso— y asistir a manifestaciones, ha consumido su tiempo.

“Sólo me dicen que tengo que esperar”
– Juana Pedraza

Los abogados que han contratado resultan un problema más. La falta de constancia, la ausencia de atención y hasta intentos de extorsión.

Lo que más le preocupa a la familia Sevilla Pedraza es la situación del hijo de Jessica, a quien considera el más vulnerable de todos y la víctima colateral de este caso. “Las víctimas invisibles”, dice.


NO SÓLO CUÁNTAS, TAMBIÉN IMPORTA SABER QUIÉNES SON

Como sucede con otros delitos, el registro de los casos de feminicidio ha permitido dibujar un perfil de las víctimas: una silueta estadística y sociológica que profundice en el estudio de los asesinatos de mujeres y revele —en medida de lo posible— no sólo cuántas pierden la vida por la violencia, sino quiénes son.

Si tuviéramos que decir cuáles son las mujeres que son más vulnerables, paradójicamente, son aquellas que se muestran más fuertes. “Son aquellas que rompen los roles tradicionales”, nos indica la doctora en antropología de la UNAM, Jahel López Guerrero, especialista en temas de género.

Edad de las mujeres asesinadas

Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estadísticas de defunciones registradas 2017.

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Los registros demográficos disponibles, dicen que las mujeres presuntamente asesinadas son en su mayoría jóvenes y solteras.

De las casi 3 mil 500 víctimas mujeres de un presunto homicidio registradas por el INEGI en 2017, casi el 50% tenía entre 15 y 34 años al momento de perder la vida. Al mismo tiempo, una inmensa mayoría de las víctimas eran solteras y menos de una quinta parte estaban casadas.

Homicidios

Total de defunciones registradas por presunto homicidio en mujeres según estado conyugal, 2017

Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estadísticas de defunciones registradas 2017.

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Nace ahí la importancia de implementar investigaciones certeras y que, al final del día, esos datos cuantitativos se conviertan en cualitativos. “Saber cuáles son los contextos, la descripción de estos y de las personas involucradas en experiencias de feminicidios. El número es importante, pero (al enfocarnos en él) perdemos una serie de elementos que subyacen”, señala López Guerrero.


“¿POR QUÉ DEJAN SALIR A ESOS MALDITOS?”

Con mi desesperación patee la puerta, uno de los vecinos se acercó y me dijo: ‘¡Vecino, sea fuerte, sea muy fuerte!’. Más me desesperé y lo que hice fue aventarlo y entrar. Vi a mi hija que estaba en un colchón pequeño en el piso, estaba recostada. Al principio, cuando la vi, pensé que estaba desmayada o dormida, pero cuando la toqué ya estaba fría. Me puse como loco, a gritar, a patear las paredes, a aventar todo. Una cosa horrible”, nos relata el padre de Camila al recordar el momento en que encontró el cuerpo de su hija en el cuarto del vigilante.

Fotografía de papá de Camila

La niña de 9 años fue encontrada muerta. Estaba semidesnuda, golpeada y con signos de abuso sexual. Había sido violada.

El señor José Manuel explica que la familia se llevaba bien con “el Chaparro”, sobrenombre con el que los vecinos conocían a Marciano, quien había sido despedido aproximadamente medio mes atrás, pero que seguía cumpliendo con labores de seguridad.

El presunto feminicida de Camila vivía con su exesposa muy cerca del lugar del crimen. Sin embargo, lo corrieron de su hogar y tuvo que mudarse a un cuarto ubicado justo frente a la casa de la familia de la víctima.

“Al principio, cuando la vi, pensé que estaba desmayada o dormida”
– José Manuel Espinoza

“Ya tenía antecedentes y había estado preso, ¿entonces de qué se trata? Es que yo siento que eso está mal, por qué dejan salir a esos malditos, a esos pedófilos. Todos sabemos que si lo hacen una vez, lo van a seguir haciendo, una o dos veces”, afirma el padre de la niña.

Una de las teorías de la familia de Camila es que el sujeto la llamó y ella, al confiar en él, se acercó. A pesar de la cercanía entre el cuarto donde perdió la vida y la casa de la familia, nadie la escuchó gritar.


VÍCTIMAS DE DOS VIOLENCIAS

Las mujeres mexicanas son víctimas de dos tipos de violencia que les quita la vida.

La primera de ellas es la violencia feminicida: la de los delitos de género. La que ocurre mayoritariamente en los espacios privados, la violencia que está fuertemente ligada a las agresiones sexuales, a la violencia familiar y a las relaciones de poder.

“Los feminicidios por crimen organizado se están elevando en el país”
– María Salguero

La segunda es la violencia homicida. La violencia de las armas de fuego, la de los levantones, las mantas. La de los tiros de gracia. La violencia del crimen organizado que se ha esparcido en el país desde hace más de una década y que inició con la llamada Guerra contra el Narcotráfico en el sexenio de Felipe Calderón.

Especialistas como Isabel Errenguerena, coordinadora del Área de Políticas Públicas de EQUIS Justicia Para las Mujeres, han encontrado un incremento específico en las estadísticas nacionales.

Homicidios

Total de defunciones registradas por presunto homicidio en mujeres según sitio donde ocurrió la lesión, 2017

Fuente: Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Estadísticas de defunciones registradas 2017.

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“Nos dimos cuenta que los feminicidios que ocurren en el espacio privado son bastante constantes. No ha habido cambios ni incrementos con los años. Sin embargo, ha habido un cambio en otro tipo de asesinatos: los que ocurren en el espacio público por arma de fuego”, explica Errenguerena.

De acuerdo con las mediciones anuales más recientes del INEGI, mil 479 mujeres murieron asesinadas en la vía pública, 111 murieron en granjas y 107 en áreas comerciales. Por otra parte, 971 murieron dentro de una vivienda particular.

Gráfico estadístico: Defunciones de mujeres por instrumento

Los estados donde más asesinan mujeres es donde hay presencia de crimen organizado”, indica María Salguero, activista creadora del Mapa Nacional de Feminicidios. Agrega que, regularmente, las matan con armas de uso exclusivo del ejército: AR-15, AK-47, con “la Mata policías” —una FN 5.7— o con alguna 9 milímetros.

De acuerdo al INEGI, las mil 743 mujeres que fueron asesinadas por armas de fuego, equivalen a más de la mitad de todos los homicidios dolosos de mujeres en el país. “Encima, el crimen organizado nos está aumentando las cifras de feminicidios”, reclama.


“LO HEMOS PERDIDO TODO”

Me dijeron que ni le moviera porque si no, iba a haber otro muerto en mi familia. Entonces, yo me empiezo a dedicar a marchas, a ver a activistas (…) porque las autoridades me ponían el pie para que yo no hiciera nada”.

Foto de mamá de Fernanda

De acuerdo con la mamá de Fernanda, hay varias deficiencias en este caso. Desde la atención de las autoridades en los ministerios del Estado de México, la negativa para entregar información de la carpeta de investigación, el cobro de las copias fotostáticas, hasta la falta de ayuda para una importante víctima colateral del asesinato de Fernanda: su hijo.

Estoy luchando para que nos regresen al (hijo) de Fer… él nos platica que sufre mucha violencia”, cuenta Magda. La custodia del niño la tiene su yerno, a quien su hija dejó por un tiempo como consecuencia de la violencia física que sufría. Sin embargo, regresó con él antes de encontrar su destino final.

Las otras víctimas

La familia comenzó a recibir amenazas, y el 27 de mayo de 2017, Daniel y José Alberto, hijos de Magda, fueron “levantados” tras asistir a una fiesta en el Estado de México.

Sus hijos fueron encontrados con signos de violencia, y ella acusa que se trató de una represalia por exigir justicia. Las autoridades —ausentes en el caso de Fernanda— tampoco le indicaron las posibles causas del homicidio.

Foto de Fernanda

Magdalena, su esposo y sus nietos, intentan recomenzar ahora como desplazados, pues abandonaron su hogar por cuestiones de seguridad. En el camino, la familia recibió el apoyo de una activista para reclasificar el caso de Fernanda como feminicidio, asunto que sigue en proceso con casi 80% de avance.

“Estamos en una verdadera ruina. Lo perdimos todo. Tuvimos que salir de nuestro domicilio por la seguridad de mi familia”.

Ante el panorama adverso, la familia Sánchez Velarde avanza en el caso con la poca ayuda que le brinda el Estado: “Me dan unos mil 500 pesos que son para los pasajes, para las audiencias y todavía nos piden facturación para comprobar los gastos, cuando en una combi o en el metro no nos dan facturas”.

A cinco años del feminicido de Fernanda, no hay hipótesis, no hay línea de investigación y la ayuda económica por parte del Estado no alcanza. Mientras, la familia lo ha perdido todo.


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