Este domingo se cumplen dos años de la tragedia sucedida en la Guardería ABC. Un 5 de junio, bajo el inmenso sol de Hermosillo, hirvieron las paredes y los techos de la Guardería dependiente del IMSS, que pertenecía a Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, pariente de Margarita Zavala Gómez del Campo, y a otros cuatro socios que hasta la fecha no han sido responsabilizados.

La historia “oficial” cuenta que un corto circuito en una bodega del gobierno contigua a la guardería, desató el fuego. Entre cajas y papeles archivados, colchonetas y lonas, el fuego reinó sobre ambas construcciones a una velocidad que los 50 trabajadores de la guardería no pudieron controlar.

En el siniestro murieron alrededor de 30 niños, y posteriormente, en el hospital “Dr. Ignacio Chávez” y en el Hospital Infantil del Estado de Sonora, murieron más. El total fue de 49 fallecidos entre los 4 meses y los 4 años. 104 niños sobrevivieron al incendio con lesiones menores y otros 24 con quemaduras entre los 2 y 3 grados.

Más allá de la pérdida irreparable de vidas, el incendio de la Guardería ABC representa una herida en la memoria colectiva de México. Con este caso tomamos conciencia de que no importa la edad, en este país todos estamos desprotegidos.

Las historias de la gente cuentan que no era suficiente el personal de protección civil para rescatar a los bebés y a los niños; que la gente, los vecinos, los que pasaban casualmente por ahí, tuvieron que entrar y sacar a los bebés de entre las llamas; que desesperados ante la impotencia derrumbaron paredes con automóviles para hacer nuevas entradas a la guardería para poder internarse en las llamas y sacar a la mayor cantidad de niños. ¿Cuántas manos se necesitan para poder rescatar a 176 bebés? Cualquier equipo de protección civil es insuficiente ante la magnitud de este suceso, peor aún si no están calificados como deberían.

Pero eso no justifica nada. Lo cierto es que el incendio del 5 de Junio del 2009 fue el resultado de una cadena enorme de irregularidades y concesiones que el gobierno, de cargo en cargo, fue realizando. Es sabido que la Guardería no tenía las medidas de seguridad adecuadas, carecía de extintores, de detectores de humo, de salidas de emergencia (las puertas estaban cerradas con candado). Eso sin contar que el techo del establecimiento estaba hecho de poliestireno recubierto con una lona. Ambos materiales, casi es una redundancia decirlo, altamente inflamables.

¿Cómo es que una guardería, que alberga a 176 niños, carece de las medidas mínimas de prevención? ¿Quién autorizó que funcionara en esas condiciones? Eso es precisamente lo que los padres le preguntan a Arturo Leyva Lizárraga, ex delegado del IMSS en Sonora, recientemente apresado bajo el cargo de homicidio culposo (qué coincidencia que sea acusado a unos días del aniversario del incendio), delito no grave por el cual podría salir bajo fianza.

Julio César Márquez, padre de un niño fallecido, expresó hace unos días a los medios justamente esta preocupación, pues ya anteriormente se había fijado una fianza ridícula, de 2000 pesos, a los dueños de la Guardería. Desde aquél entonces Julio César Márquez exigía que “estas personas paguen su responsabilidad en proporción al daño que causaron”, cosa que no ha sucedido hasta nuestros días. Matilde Altagracia Gómez del Campo, por ejemplo, fue absuelta de los cargos el pasado 22 de noviembre del 2010. “El hecho de que esa persona se hubiera asociado con otras para poner en funcionamiento una guardería sin atender la normatividad correspondiente, no la hizo incurrir en responsabilidad penal, porque con este acto no cumplió la condición doctrinal de causar un peligro inminente de producir un daño y, consecuentemente, tampoco le impuso la obligación de impedirlo”, argumentó el tribunal colegiado, en defensa de Gomez del Campo Tonella.

Hace casi un año, el Ministro Arturo Zaldívar elaboró un proyecto de dictamen. Para esto realizó una investigación que costó casi 7 millones de pesos y que concluyó en que habían 14 servidores públicos que habían violado u omitido normas jurídicas. “Donde hay facultades para un servidor público debe haber responsabilidades”, dijo Zaldívar en relación a la responsabilidad indirecta que tenían estos funcionarios. Sin embargo, por mayoría en el Pleno se decidió no seguir el proyecto de Zaldívar, y se determinó no señalar a nadie como responsable de lo que la misma Corte identifica como “violaciones graves de garantías individuales”.

Así que un año más tarde, y pese a los 7 millones gastados, ninguno de estos 14 funcionarios, excepto Arturo Leyva Lizárraga, está preso.

Tal vez ante la ineptitud de las autoridades, indignados por el olvido que quiere dársele a sus hijos, los padres de la guardería ABC contactaron 5 meses después del siniestro a David M. Smith, presidente de Associated Fire Consultants, quien analizó los restos de la guardería para determinar las causas del incendio. Contrario a las autoridades, David M. Smith negó que el incendio hubiera surgido de un corto circuito, pues, en la bodega, donde se originó el incendio, no había corriente eléctrica. Su escalofriante veredicto es que el incendio fue provocado y la especulación indica que seguramente empleados de Hacienda quemaban papeles en la bodega. El fuego se extendió y se les fue de las manos. Aquí una entrevista de W radio, hecha vía telefónica a David M. Smith. Este informe fue presentado por los padres a las autoridades correspondientes, sin embargo, se hizo caso omiso de lo que concluía.

Dos años más tarde, el gobierno ha apresado a Leyva Lizárraga y los periódicos, todos, recuerdan con lujo de detalle la tragedia. Ayer salieron en El Universal las historias de los niños sobrevivientes, acompañadas de fotografías escalofriantes, que, por cierto, hoy fueron removidas.

Ya desde hace unos años que en México el amarillismo es parte principal de la labor periodística. La tragedia, el morbo, el impacto siempre venderá. Estamos en una era en la que el asombro es nulo, nada nos sorprende y poco nos cautiva, por eso se necesita llegar a ciertas fibras que atacan más adentro. La imagen siempre hablará más que la palabra, siempre impactará más. Es inmediata, clara, explícita. Con las palabras se puede confundir, se puede eludir, se puede rodear la verdad, pero con las imágenes no.

No puedo evitar, al ver las fotografías de estos niños, preguntarme ¿por qué sus padres los exponen de esta forma? Y la respuesta es igual de dolorosa que las imágenes: se nos da muy bien el olvido. Es fácil superar la tragedia: pasó el tsunami de Indonesia e impactó al mundo, pasó el terremoto de Haití y todos olvidaron a Indonesia, pasó Japón y pocos recuerdan Haití. Y están las muertas de Juarez olvidadas, y están los sin número de muertos anónimos de la Guerra de Calderón, todos olvidados, sustituidos por el nombre de unos cuantos. Estos padres no dejarán que la herida cierre, cueste lo que cueste, no dejarán que se le olvide a México lo que pasó el 5 de Junio del 2009 y lo que ha pasado en estos dos años.

Y, aunque cueste trabajo leer la tragedia de estas familias, debemos tener muy en cuenta su vida. El incendio de la Guardería ABC es el final de una cadena podrida que se llama México. Es un símbolo de que no estamos seguros porque no importamos, porque somos uno (o 176 o 40 mil) de 110 millones de mexicanos.

La muerte de los 49 niños, y el daño al cuerpo de los otros 24, no debe ser olvidada. Si los más desprotegidos, aquellos que no tienen conciencia de su destino, no están seguros, entonces no nos queda mucho. Si no se les otorgó el derecho a comenzar a vivir a tantos bebés, y ahora, tampoco se les da el derecho a la justicia, entonces no nos queda mucho.

El 5 de Junio del 2009 en Hermosillo; como el 2 de Octubre del 68 en Tlatelolco, o el 10 de Junio del 71 en la Avenida de los Maestros, o el 22 de septiembre de 1997 en Acteal, o el 20 de Junio del 2008 en el News Divine, o el 20 de Octubre del 2000 en el Lobohombo; NO SE OLVIDA.

Por Tania Carrera