Lo que necesitas saber:
Un estudio reciente arroja luz sobre los procesos neuroquímicos que se alteran al consumir videos cortos en exceso.
¿A quién no le ha pasado? Entras a Tiktok o a Instagram y se te atraviesa un reel o video corto que te llama la atención. De pronto, cuando te das cuenta, ya pasaron dos horas de scrollear sin parar.
¿Falta de voluntad? ¿Falta de disciplina en el tiempo en pantalla? No tanto así. Un estudio reciente demostró que el cerebro entra en “modo automático” cuando vemos videos cortos.
¿Qué le pasa al cerebro cuando vemos videos cortos en redes sociales?
La revista científica NeuroImage publicó el artículo titulado Inhibición de la actividad cerebral durante la visualización de vídeos cortos: perspectivas neuroquímicas, donde analizan qué le pasa al cerebro cuando vemos videos en formato corto.
El estudio se realizó en 56 adultos jóvenes que fueron sometidos a una resonancia magnética de protones y una resonancia magnética funcional mientras veían videos cortos en redes sociales digitales.
Al integrar ambas resonancias descubrieron que la visualización inmersiva de videos cortos por ocio “desactiva la red de control cognitivo“. Es decir, esa parte del cerebro encargada del autorregulación, la toma de decisiones lógicas y la concentración.
En otras palabras, como el cerebro no está haciendo un esfuerzo mental significativo o análisis profundos, deja de ser consciente del entorno, como la hora o el paso del tiempo.
¿Cuáles son los riesgos reales de ver videos cortos?
Como te contamos arriba, el control cognitivo es el más afectado. Es decir, que el uso excesivo de teléfonos inteligentes y el doomscrolling están directamente relacionados con la falta de regulación de pensamientos, emociones y acciones para alcanzar metas específicas, según la Biblioteca Nacional de Medicina.
El control cognitivo apagado o desactivado nos quita el control de frenar impulsos, malos hábitos o reacciones automáticas que no son ideales en ciertos momentos. Además, reduce la adaptación a los entornos cambiantes y afecta la memoria a corto plazo para resolver tareas diarias.
¿Has notado que reaccionas con más ira, frustración o ansiedad? Podría ser la incapacidad de regular tus emociones por consumir videos cortos en exceso. ¡OJO! El estudio señala que ver dos que tres videos cortos no es grave.
Lo realmente preocupante es la dificultad que tenemos para detenernos. Entramos a un espiral donde no existe el espacio-tiempo y nuestro cerebro necesita hacer un mayor esfuerzo consciente para soltar la pantalla y volver a nuestras actividades.
Adicción en todas sus letras. Incluso, el estudio señala que las personas que muestran adicción a los videos cortos tienen comportamientos alterados respecto a la percepción de riesgos. ¿Qué tanto vale la pena hacer el esfuerzo por “desintoxicarnos” digitalmente?
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