Debo confesar que a mí, al igual que al presidente Chávez, me pareció que el asesinado de Muamar Gadafi constituyó “un atropello más a la vida”. El mundo fue testigo de una ejecución descarada, documentada, salvaje que le negó a los Gadafis sus derechos legales y humanos.

El día de ayer las nuevas autoridades libias proclamaron ante miles de personas en Bengasi la “liberación” del país: “Declaración de liberación. Levantad vuestras cabezas. Sois libios libres”, declaró el vicepresidente del Consejo Nacional de Transición.

Esta guerra, o me atrevería a decir, esta etapa de la guerra, dejó un saldo de 30 000 muertos según el CNT y ciudades como Sirte que son ahora zonas cero atestadas de cadáveres.

¿Qué esperábamos que sucedería tras la muerte de Gadafi? ¿Una declaración de principios democráticos?¿Una actualización del pensamiento musulmán que luchara por los derechos de todos y cada uno de los ciudadanos libios?

Pues resulta que lo primero que se anunció en el discurso “fundacional” del gobierno interino es que esta “liberación” significará la prohibición del divorcio y la permisión de la poligamia al estilo musulmán, es decir, se permitirá a los hombres casarse legalmente hasta con cuatro mujeres.

Dicha disposición religiosa musulmana también estaba permitida en el gobierno de Gadafi pero con fuertes garantías para las esposas. Al Chater, fundador del Partido de la Solidaridad Nacional declaró que la norma es una catástrofe para las mujeres libias: “La anulación de la ley de Gadafi sobre el matrimonio hará que la mujer pierda el domicilio en caso de divorcio”. Por su parte una de las afectadas que prefirió el anonimato declaró que “Es insultante constatar que miles de libios han entregado sus vidas para que en el primer discurso de liberación la prioridad de los dirigentes sea conceder a los hombres varias mujeres”.

Sin duda este caso recuerda un poco a cuando en el 96 los Estados Unidos y algunos otros países europeos apoyaban la entrada de los Talibanes a Kabul, confiando en que un régimen extremista ayudaría a unificar y reestablecer la calma en Afganistán. Ahora 15 años más tarde la guerra contra aquél régimen continúa luego de que los talibanes apoyaran a Al Qaeda y crearan un ejército terrorista que le ha sacado canas verdes a la Casa Blanca. Los Talibanes, como lo hace ahora el Consejo Nacional de Transición libio, basaron su régimen en la Sharía de una forma extremista y fundamentalista.

Esto sólo comprueba el enorme abismo que existe entre la mentalidad capitalista que reina en el mundo occidental y la tradición, y más que tradición, ley, musulmana que rige el medio Oriente y en el norte de África. Nuestro concepto de libertad y soberanía no se relaciona tan íntimamente con el suyo, y eso por eso que es tan sospechoso el apoyo y la celebración de Obama y Clinton ante la ejecución de Gadafi.

¿Cuales serán las verdaderas intenciones que causaron semejante apoyo para los insurgentes libios?, La Nacional Oil Company de Libia, constituye una potencia petrolera, como lo era la difunta INOR en Irak. En el terreno liberado, entregado al régimen, hay mucho combustible por el cual entablar una guerra, por supuesto, oculta tras la defensa de los derechos humanos y la igualdad. No me extrañaría que estuvieran dejando que se hunda el barco para rescatar los tesoros.

¿Qué será de un país cuyo nuevo gobierno decide asesinar a sangra fría y sin temor a nada, a su antiguo dictador? ¿Qué será de un país cuya prioridad es revivir una ley que sólo declara desigualdad para las mujeres? Sin duda habrá que esperar unos meses para descubrir las estrategias del nuevo gobierno libio, y por supuesto, las reacciones internacionales que estas causarán.