Con todo y la controversia del cerro invisible, el presidente Andrés Manuel López Obrador  confirmó que tiene el pie bien puesto en el acelerador con su proyecto del Aeropuerto de Santa Lucía. Es más, ya anunció que el próximo lunes, 29 de abril, arrancará la construcción.

“Adelanto, porque mi pecho no es bodega, y siempre digo lo que pienso, que el lunes próximo vamos a iniciar ya la construcción del nuevo aeropuerto”, mencionó.

A pesar de que le faltó show al anuncio, el presidente asistió a inaugurar la Feria Nacional Aerospacial México —curiosamente ahí mismo en Santa Lucía—, y también aprovechó el momento para adelantar el nombre de la nueva terminal. Si todo sale de acuerdo al plan, el aeropuerto se llamará Felipe Ángeles, en honor a un militar que apoyaba a Pancho Villa en la época de la Revolución Mexicana.

Luego, como no se podía quedar sin echarle flores al bello proyecto que últimamente ha sido tan vapuleado, AMLO dijo que el terreno es una chulada. 

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AMLO dando unas palabras desde Santa Lucía // Foto: Especial

“Hay la extensión suficiente en esta base aérea, tampoco se sabe mucho de eso. Esta base aérea tiene cerca de 3 mil hectáreas, el aeropuerto actual de la Ciudad de México son 600 hectáreas, estamos hablando de 5 veces la superficie del actual aeropuerto. Tierra firme”, fueron las declaraciones retomadas por El Financiero

Con cerro y con asignaciones directas

La planeación del proyecto fue exhibida recientemente en los medios pues El Economista publicó cómo se incrementó el costo inicial por casi 8 mil millones de pesos debido a que no contemplaron el Cerro de Paula —de 2 mil 625 metros sobre el nivel del mar, el angelito— para la construcción de una de las pistas. Sin embargo, AMLO dijo que ya se tenía conocimiento de la situación desde “hace 50 años”.

De todos modos la construcción sigue en marcha. Eso sí, al “mejor estructurista” —o sea, Riobóo— me lo bajaron del proyecto y le tocó la asignación directa a dos empresas francesas para hacer el plan maestro y los estudios de factibilidad.

*Con información del Economista y El Financiero