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Código rojo: La lucha por la reconstrucción en Apatlaco 10

Fue testigo del sismo de 1985, pero nada se comparó con la experiencia del 19 de septiembre de 2017 y lo que vendría después. Eduardo Escamilla, ahora como padre de familia y vecino de la calle Apatlaco en Santa Cruz Acapixtla, se ha enfrentado a la falta de respuesta de las autoridades para poder entrar al programa de reconstrucción en CDMX.

A tres años del sismo de 7.1 grados que cimbró a Ciudad de México, Puebla, Tlaxcala, Estado de México, Morelos, Guerrero, Oaxaca, Hidalgo, Veracruz y Michoacán; Eduardo ha transitado por etapas que han ido desde la ayuda para el pago de renta —por parte del gobierno capitalino— hasta la desaparición de los datos de su domicilio en la Plataforma de Reconstrucción.

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Al parecer —porque Eduardo cuenta que ni las autoridades de Xochimilco o de la CDMX se han acercado para explicarle por qué salió de la plataforma— todo se debe a que su domicilio en la calle de Apatlaco número 10 es una vivienda precaria.

Sin embargo y ante la incertidumbre,seguimos en pie de lucha para que todos aquellos damnificados por el sismo podamos ser reconstruidos y ayudados por el gobierno”, nos dice Eduardo vía telefónica desde la casa de sus padres —donde ahora él vive a consecuencia también de la pandemia de COVID-19.

Apatlaco 10

“El 19 de septiembre fui afectado por el sismo, pero como hubo mucha incertidumbre, bueno, un colapso total, yo me di a la tarea de ayudar a los vecinos de San Gregorio. Yo soy de Santa Cruz Acapixtla, Xochimilco, y quedé como pasmado al ver mi casa… gracias a Dios no me pasó nada”.

Eduardo Escamilla recuerda que aquella tarde —tras el sismo— lo primero que hizo fue correr a la secundaria de su hijo y asegurarse que estaba bien. Luego, al ver las casas derribadas y los daños no dudó en sumarse para ayudar a los vecinos de San Gregorio.

De manera paradójica, aquí comenzó la historia de las fallas de comunicación con las autoridades.

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Foto: Eduardo Escamilla.

“Cuando estuve ayudando, nunca estuve en el domicilio, por eso no fui censado en su tiempo. Posteriormente, me dediqué de lleno a ver por mí y ya corrí con mala suerte”.

A dos meses del sismo —en noviembre de 2017— Eduardo llegó a pensar que la ayuda de la entonces delegación Xochimilco no llegaría. Una parte de su domicilio se cayó.

Prácticamente la mitad de la casa, la otra mitad, bueno un cuarto quedó más o menos bien. De hecho es de láminas”.

“Siempre llevé fotos para probar que mi vivienda quedó afectada”

Eduardo —de oficio reparador de electrodomésticos— no bajó los brazos e insistió en acercarse a las autoridades en los primeros meses posteriores al sismo, cuando todavía imperaba la incertidumbre sobre la distribución de los recursos. “Me dijeron tráeme fotos, tráeme evidencias, ya vamos a ir para allá. Pero nunca tuve fortuna”.

Después llegó una fecha clave: 2018, cuando logró tener un acercamiento más constante con las autoridades de Xochimilco y que lo escucharan.

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Sin embargo, las elecciones y la veda representaron un obstáculo para que la delegación lo ayudara —según el propio equipo del entonces delegado Avelino Méndez le explicó a Escamilla.

Así que el vecino de Santa Cruz Acapixtla tuvo que esperar a que pasara el proceso electoral, el cambio de poder en la alcaldía y ahora sí: poder ser atendido.

Pero no fue fácil.

Una vez que pasaron las elecciones —”a la hora que me van a echar la mano”— la alcaldía ya dirigida por Raymundo Martínez mandó a Eduardo a que expusiera sus peticiones al comisionado César Cravioto.

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Foto: Eduardo Escamilla.

Para ese entonces, él ya se había sumado a un colectivo de damnificados en Xochimilco.

Ahí,  pudo dar un paso adelante: se integró a las audiencias con la Comisión para la Reconstrucción, hubo sondeos, un binomio de geotecnistas evaluó su domicilio y por fin pudo ser registrado en la Plataforma para la Reconstrucción.

Incluso él cuenta que logró pasar el filtro de “las escrituras” ante la Comisión. ¿Cómo? Uno de los requisitos para poder sumarse al grupo de damnificados atendidos era contar con las escrituras del domicilio que habitaba —pero estas están a nombre de los padres de Eduardo.

Aún así, el vecino de Apatlaco 10 pudo mostrar un contrato de compra-venta a su nombre y continuar su camino hacia la reconstrucción. También llegó la ayuda económica —por parte del gobierno CDMX— para que Escamilla pudiera sortear los pagos de renta.

Se trataba de cuatro mil pesos que recibió de manera mensual, de julio a septiembre de 2019.

Y todo se detuvo.

Código rojo

Sin depósitos, sin seguimiento al proceso de rehabilitación de su domicilio y sin noticias de ninguna autoridad, Eduardo decidió buscar una respuesta. “El mes de febrero de este año voy a las oficinas y me dicen: ‘es que tu vivienda está como código rojo, pero en el sentido de que ya está dada de baja’. Pero, ¿por qué está dada de baja, si yo cumplo con el programa, tengo todos los papeles en regla?”.

¿Qué respuesta le dieron? Que un monitor tuvo que acudir a su domicilio para poner en regla la situación.

Al final, Eduardo se quedó fuera de la plataforma y acusa que nunca recibió la visita del monitor.

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Foto: Eduardo Escamilla.

Con el cierre de las oficinas del gobierno, por las restricciones sanitarias, no ha podido aclarar esta situación.

“¿Cuánto tiempo me voy a tardar?”

Eduardo Escamilla cuenta que ahora vive en casa de sus papás, después de no poder seguir pagando renta y perder su autoempleo como reparador de electrodomésticos, justo en Apatlaco 10.

Tras más de media hora de conversación, Eduardo Escamilla concluye que gracias a Damnificados Unidos sigue en la lucha, “amablemente me tendieron la mano”.

Lo que ahora espera es que la jefa de Gobierno interceda por aquellos casos que no han prosperado ante la Comisión de Reconstrucción. De acuerdo con el Portal para la Reconstrucción, el censo se basó en la situación jurídica del inmueble y la verificación de los daños reportados.

Y se supone que se dieron de baja algunas viviendas porque no tenían daños causados por el sismo del 19S, porque no fue ubicado el propietario, porque había conflictos jurídicos entre los miembros de la familia o el uso de suelo.

Pero va de nuevo: a Eduardo las autoridades no le han dado una razón concreta sobre por qué su casa en la calle de Apatlaco fue dada de baja en la plataforma —si le hubieran dicho desde un inicio que no entraba en el programa, buscaría otra manera de arreglar su predio. Sin embargo, el gobierno CDMX calificó su caso, se dieron los primeros pasos y ahora este es el resultado.

Se van a cumplir tres años de esta lamentable tragedia y es volver a empezar. Pero hay mucha fe, yo soy un hombre de fe y primero Dios todo va a salir bien. ¿Cuánto tiempo me voy a tardar? No lo sé, pero sé que cumpliré esa meta siempre y cuando la doctora Sheinbaum me ayude a interceder con el comisionado, a que lo sensibilice y vea que todavía hay damnificados en la calle”.