De nueva cuenta regresaría a México una de las bandas más importantes de las escena de los 90. Encajonados en lo que los medios llamaron “Nu Metal”, la etiqueta jamás le ajustó a los Deftones.

Ellos crearon su propio camino haciendo una amalgama de influencias que hasta su aparición no se había escuchado. Crearon su propio estilo. Su propio nombre ya es sinónimo de un sonido.

La cita fue en el Pepsi Center WTC, un recinto que hasta la fecha ha dejado mucho que desear en cuanto a la calidad del audio ofrecida. En punto de las 8 de la noche, ante una nutrida audiencia salieron a calentar los ánimos Le Butcherettes, aquella banda formada en México por Teri Gender Bender hace ya siete años y expatriados en Estados Unidos. El grupo ha tenido una buena acogida en el extranjero, ha llamado la atención de destacados nombres del Rock como Iggy Pop, Mike Patton, Henry Rollins, Shirley Manson por mencionar algunos. En México por alguna razón el grupo no ha logrado causar un impacto significativo, aunque cuentan con un buen número de incondicionales, sin embargo Teri y la actual baterista Lia Braswell con mandiles ensangrentados como es su costumbre (y bajista no identificado) supieron manejar bien al público, que si bien comenzaban siendo hostiles con las damas, al poco tiempo ya les hacían propuestas de matrimonio. Obviamente Teri hizo de las suyas y se bajó con el público al tiempo que hasta hizo que un tipo de seguridad se la llevara cargando con la cabeza casi metida en la entrepierna. Buena actuación de Le Butcherettes teloneando.

Para las 9 de la noche en punto, una explosión sónica se dejó sentir con los primeros acordes de “Diamond Eyes”. El momento había llegado, los Deftones estaban tomando el escenario y ya no lo dejarían hasta que la velada sonora se hubiera completado. La rola abridora del álbum de 2010 luchaba a brazo partido por hacerse entender en una oleada de frecuencias que se disparaban excesivamente, lo cual no impidió que los asistentes saltaran como chapulines en anafre caliente. Le siguió “Rocket Skates” que corrió con la misma suerte, el audio agudo taladraba los tímpanos de la mitad del recinto hacia atrás, y así se mantuvieron las cosas hasta que terminara “Be Quiet and Drive (Far Away)”. Poco pareció importarle a la gente cuando explotó entre luces rojas “My Own Summer (Shove It)” en la que el esbelto pero aun cachetón Chino Moreno puso a cantar a todos los asistentes al tiempo que seguían saltando sin parar.

Stephen Carpenter con la mata volando frente a un ventilador profería los riffs cortantes con sus guitarras de seis, siete y ocho cuerdas. Chino tomaba la guitarra y el bajista Sergio Vega ayuda con las armonías vocales cuando llega “Tempest”. Para entonces el sonido ya ha mejorado bastante, tanto como para hacer notar el “solo” que hace el vocalista con su lira Gibson SG, aunque el tecladista/tornamesista Frank Delgado apenas es perceptible con algunos pads ambientales

“Qué hermosa audiencia tenemos esta noche” hace notar Moreno ante un emocionado público mientras se arrancan con “Swerve City”, seguida de “Feiticeira”. Toda la gente canta a desgañitándose, varios se retuercen como en un estado de posesión o éxtasis malsano. Los primeros beats de la batería de Abe Cunningham anuncian la llegada de rola “Digital Bath” con su dinámica  loud-quiet-loud  era como de alguna manera escuchar a los Pixies en una versión maximizada y brutalizada por los Deftones.

Una pausa y la batería programada anuncia un tema del Koi No Yokan, “Poltergeist” que hace que Chino se acerque a la gente que parece más ocupada en sacarle fotos que en tocarlo o saludarlo. Se interna cada vez más entre la gente y casi canta toda la rola en medio de la multitud. Una intro sombría profiere los primeros acordes de “Rosemary”, una estruendosa y contundente selección del mismo álbum de 2012, pesada, espesa y que irónicamente también sirve de remanso para este momento del show. Con unos pretendidos gritos de mariachi los Deftones le dan paso a aquel lejano tema en el que colaboraron con Maynard James Keenan de Tool, “Passenger” que fue coreada de principio a fin

Sin embargo uno de los grandes momentos había llegado pues era momento de escuchar “Change (In the House of Flies)” una de las rolas más populares de la banda, la cual eleva los cantos a pesar del nuevamente desmejorado sonido, aunque para los fans bastaron unos acordes para que todos adivinaran y cantaran la canción.

“Muchas gracias, ustedes son la mejor audiencia del mundo. Este es nuestro último show por un rato pues vamos a grabar un nuevo disco. Esto va para Chi Cheng”, tras el informe y el recuerdo a su fallecido bajista nos asestan la demoledora “Around the Fur” y sus machacantes riffs, la cual ligan inmediatamente con “Headup”, aquella colaboración que hicieran con Max Cavalera de Sepultura/Soulfly y demás bandas que se le han ido acumulando. Todos saltan y los treintones se vuelven a sentir como veinteañeros, Chino convoca al slam y por un momento amenazan con tocar “Raining Blood” de Slayer, pero no se cumple.

Se despiden dejando el escenario a oscuras. Stephen Carpenter se queda  en el entarimado haciendo riffs/ambientes discordantes, esperando a que regrese la banda para que a los primeros acordes de la guitarra de Chino nos logren asestar todo el poder de “Minerva” con todos cantando en el coro a una sola voz.

Moreno le da gracias al staff que los acompañó durante toda la gira, mientras Stephen hace las primeras notas de “Root” desde el Adrenaline, con todo y bailecito del vocalista enfundado en playera a rayas a la Pepe El Toro. Culminan con una estruendosa versión de “7 Words” y de inmediato se desatan los micro-slams por todo el recinto. “Gracias México” son las últimas palabras del vocalista antes de desaparecer tras bambalinas, mientras en el sonido local suena “Exodus” de Bob Marley al tiempo que la multitud comienza a inundar las calles de regreso a la rutina cotidiana.

T: IvanNieblas

Fotos: Diego Figueroa