Isidro Baldenegro, uno de los ecologistas más importantes de nuestro país, fue asesinado a tiros el pasado 16 de enero. Recientemente había regresado a su pueblo natal tras recibir amenazas de muerte en contra de él y su familia.

Baldenegro, líder de la comunidad indígena Colorada de la Virgen, dedicó gran parte de su vida al  activismo ecológico, protestando de forma pacífica contra la tala ilegal ocurrida en las montañas de la Sierra Madre. Tal fue el impacto de su labor que, en 2005, fue reconocido con el prestigioso Premio Goldman. Tristemente, en menos de un año ya son dos los activistas a los que se les entrega este premio y son asesinados. Antes ocurrió con la hondureña Berta Cáceres, quien en 2015 fue galardonada por su batalla contra la construcción de una presa que amenazaba con desplazar a las comunidades indígenas. Cáceres fue asesinada en marzo de 2016.

El asesinato de Baldenegro ocurrió el mismo día en que Michel Forst, relator especial de Naciones Unidas sobre la situación de defensores de derechos humanos, comenzaba una visita oficial en nuestro país. Al enterarse de los sucedido, Forst externó su conmoción, señalando que este hecho sirve para recordar los “peligros y riesgos” que viven los defensores indígenas en Chihuahua.

isidro baldenegro

“Estoy profundamente conmocionado por el asesinato a sangre fría de Isidro, quien tan sólo deseaba para su comunidad la preservación de los bosques tradicionales de la sierra Tarahumara (…) deja un doloroso vacío no sólo en su comunidad, sino en el movimiento global de los derechos humanos”.

De acuerdo con la Red de Organismos Civiles de Derechos Humanos, todos los derechos para todas y todos (Red TDT), con Baldenegro ya son 11 los defensores de los bosques rarámuris que han sido asesinados desde 1973. ¡Cuatro de ellos en el último año!

Por su parte, el observatorio internacional Global Witness, lamentó lo sucedido y recalcó que “las amenazas que enfrentó Isidro por su resistencia son emblemáticas de las que sufren innumerables personas que se oponen al robo de sus tierras y a la destrucción del medio ambiente. En ninguna parte es más mortal hacerlo que en América Latina, donde al menos 122 activistas fueron asesinados en 2015.

Cuando niño, Isidro fue testigo del asesinato de su padre, también opositor a la tala indiscriminada de los bosques. En 1993 fundó una ONG con la que combatió pacíficamente la deforestación. Aunque desde ese entonces ya había atraído la atención nacional (de los interesados en el tema), fue en 2002, cuando su movimiento cobró fuerza. A base de bloqueos y marchas obligó al gobierno a suspender temporalmente la tala en la región. Un año más tarde, coincidentemente, fue encarcelado por 15 meses bajo los cargos de posesión de armas y drogas. Este acto, visto por defensores de derechos humanos como una venganza de terratenientes y personas involucradas en la deforestación ilegal, provocó una condena internacional generalizada y gracias a ella Baldenegro obtuvo su libertad en 2004.

 

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