La Ciudad de México ha registrado la semana con mayor número de contagios por COVID-19 o coronavirus desde que comenzó la pandemia. 2,893 personas han sido hospitalizadas en los últimos siete días. 413 hospitalizaciones diarias, diecisiete en cada hora, o para decirlo de una forma que nos permita dimensionar el nivel de emergencia en la que nos encontramos: en la última semana, cada cuatro minutos una persona ha tenido que ser hospitalizada por coronavirus en la Ciudad de Mexico. ¡Cada cuatro minutos!

De acuerdo a una gráfica presentada durante la conferencia semanal (de coronavirus) que ofrece el Gobierno de la CDMX se podía leer la siguiente anotación: “Estamos en el mismo nivel de hospitalización que mayo y nos queda 1 semana para la saturación hospitalaria”.

Grafica Saturación Hospitalaria
Foto: Gobierno de la Ciudad de México

Aún así, Claudia Sheinbaum se negó a cambiar de color el semáforo epidemiológico presentado (por ella misma) el 20 de mayo, cuando dio a conocer el “Plan gradual hacia la nueva normalidad en la Ciudad de México”.

El objetivo de dicha estrategia, según se lee, “tiene el propósito de generar una vida y convivencia saludable, con base en un Semáforo Epidemiológico Diario con cuatro colores: rojo, naranja, amarillo y verde, para la reapertura escalonada de diversas actividades laborales, de gobierno, educación, espacio público y transporte, situación de personal vulnerables y seguimiento epidemiológico COVID-19“.

El boletín publicado en el sitio oficial de la jefatura de gobierno señala que “el color del semáforo dependerá de la tendencia y ocupación hospitalaria que se registre en la capital del país, en coordinación con la Zona Metropolitana del Valle de México”, rigiéndose bajo cuatro criterios que parecían claros: El semáforo deberá cambiarse a rojo cuando se registre una ocupación mayor al 65% en los niveles de hospitalización o en si defecto, se acumulen dos semanas de incremento estable en el nivel de contagios y hospitalizaciones.

Según las gráficas publicadas por el Gobierno de la Ciudad de México, este 11 de diciembre amanecimos con 66% de ocupación hospitalaria, pero además, cuando observamos el cuadro completo, podemos ver un “incremento estable” en el número de hospitalizaciones por coronavirus durante más de dos semanas. Todos los indicadores dan cuenta del nivel de emergencia en el que nos encontramos, sin embargo, Claudia Sheinbaum se negó a cambiar el color del semáforo epidemiológico y por el contrario se dedicó a evadir los cuestionamientos al respecto, limitándose a decir una y otra vez que “estamos en alerta“.

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¿Una confusión más?

El semáforo COVID-19 actualizado diariamente por el Gobierno de la Ciudad de México, mostró a las 9 de la mañana un nivel de hospitalización del 66%, en tanto que en una de las láminas presentadas durante el informe de Claudia Sheinbaum se pueden ver tres gráficas para ilustrar la “Evolución diaria de la ocupación hospitalaria”.

En la primera, se muestra un 74% de ocupación total, con un 78% de ocupación en camas generales y un 62% de ocupación en camas para intubación. Ninguna de las tres cifras coincide con la que se muestra en la página del Semáforo COVID (coronavirus), pero eso no es todo, pues al concluir la conferencia de la Jefa de Gobierno, se volvió a actualizar la página del semáforo, ahora, para colocar la capacidad hospitalaria en un 64%. Justo al límite para no decretar el color rojo.

Ocupación Hospitalaria COVID-19 CDMX
Foto: Gobierno de la Ciudad de México

Gobernar no es una tarea fácil, gobernar un monstruo como Ciudad de México en donde diariamente convergen miles de personas que provienen del Estado de México y otras localidades es aún más complejo. Es precisamente esta razón la que hace que cualquier decisión que se tome (o se deje de tomar) repercuta directamente en millones de vidas. La disyuntiva que enfrenta Claudia Sheinbaum no es sencilla, sin embargo, cuando uno decide ocupar un cargo de elección popular, asume tácitamente la responsabilidad de tomar las decisiones correctas, por más difíciles que estas sean.

Por supuesto que hay muchos factores que debemos considerar, sobre todo, las necesidades básicas de millones de personas que desgraciadamente no cuentan con un ingreso garantizado para subsistir. De igual forma, están los millones de pequeños y medianos negocios que han cerrado o se encuentran al borde de la quiebra, y por supuesto las grandes empresas que también han sido afectadas y han tenido que reducir sus plantillas laborales.

Sin embargo, ya no estamos en febrero o marzo donde la pandemia nos tomó por sorpresa, y tal vez durante estos nueve meses se pudo trabajar en un plan emergente para apoyar a quienes lo llegaran a necesitar en caso de llegar a una situación como la que estamos viviendo. Tal vez durante estos nueve meses se pudieron brindar apoyos a las pequeñas y medianas industrias, tal vez se pudo haber hecho algo más desde el 23 de noviembre que comenzaron a aumentar los casos, en vez de recorrer una amplia variedad de tonos naranjas para rehuir a la responsabilidad y terminar renunciando a la estrategia del semáforo para limitarse a decir que “estamos en alerta”. 

En la discusión de cifras y colores, olvidamos lo más importante: vivimos la semana con mayor número de contagios por coronavirus desde que comenzó la pandemia, cada día 400 personas ingresan a los hospitales, cada día hay familias que quedan incompletas; catorce mil muertos después la estrategia de gobierno consiste en hacer “exhortos”, mandar mensajes SMS y básicamente dejar que cada uno de nosotros haga lo que nuestro (poco o mucho) criterio indique o interprete por “alerta”.  Pero no todo es responsabilidad del gobierno, pues también nos toca aceptar y reconocer que como ciudadanos, no podemos renunciar a nuestra responsabilidad individual y conjunta. Cuidarnos a nosotros mismos, cuidar a quienes viven con nosotros, apoyar a los pequeños y medianos negocios, a los productores locales. Reforzar nuestras medidas de higiene como el lavado de manos, la sana distancia o el uso correcto de cubrebocas.

Suena irónico, pero el gobierno que ha renunciado a gobernar y a tomar las decisiones correctas, es precisamente el que apela, a que nosotros tomemos las decisiones correctas. Estamos solos, pues.

Cuidémonos, cuidemos a los otros y seamos empáticos.

P.D. Según la RAE, la definición de gobernar es: Mandar con autoridad o regir algo. Guiar y dirigir.

Aquí estamos.

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