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Con peras y manzanas: ¿ahí viene la vacuna?

Por Esteban Illades

La semana pasada hubo dos noticias prometedoras sobre una posible vacuna que detenga al covid-19. La primera, dada a conocer por Vladimir Putin, es que Rusia ya aprobó la suya y comenzará producción masiva en fechas próximas. La segunda es que Carlos Slim se puso las pilas, y México, junto con Argentina, serán los países que doten a Latinoamérica y al Caribe de la vacuna de AstraZeneca, que actualmente se encuentra en fase tres.

¿Quiere decir que ya nos salvamos? No, todavía no. Vayamos por partes.

Para que una vacuna sea aprobada necesita superar tres fases. La primera corresponde a seguridad y a dosis: cuál es la correcta y qué efectos causa. Esto es crucial porque la vacuna no sólo debe enfrentar el virus, también debe evitar generar algún tipo de efecto secundario.

Pensemos en el caso extremo de la talidomida en los años 50 del siglo pasado: un medicamento utilizado para curar los nervios y que nunca se probó lo suficiente. El resultado fue la “tragedia de la talidomida”, en la que miles de bebés nacieron con malformaciones debido a que sus madres tomaron la medicina durante el embarazo. (Atacar al diablo, un documental disponible en Netflix, narra este terrible episodio de la historia de la medicina.)

De pasar la primera fase se llega a la segunda, donde se empiezan a hacer pruebas en grupos pequeños para determinar su efectividad. De superar la segunda fase, entonces se llega a la tercera: pruebas de gran tamaño. En caso de que la vacuna sea efectiva y no cause mayor daño, entonces se puede aprobar. Pero he ahí una nueva dificultad: se necesita ampliar la producción a una escala enorme, y se tiene que hacer de manera rápida y segura.

Pero no nos adelantemos.

¿En qué fase está Rusia? Imposible saberlo. Putin dijo que ya la tienen, pero los especialistas occidentales están más que preocupados. (Y con total razón. Que no te digan nada de que Sputnik o RT tienen la puritita verdad y la prensa occidental nos está lavando el coco, no. No hay datos que avalen el anuncio. Ninguno. Cero. Nada. Sólo dichos.) 

Rusia no ha transparentado absolutamente nada de su vacuna. Lo único que hay es el anuncio de Putin. No hay datos sobre la fase uno o la dos, y según se ha reportado, ni siquiera se sabe si se hizo una fase tres antes de prometer una producción masiva.

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Foto: @KremlinRussia_E

Resulta, más bien, que el anuncio de Putin parece ser lo que en póker se llama bluff. En la carrera espacial de mediados del siglo pasado, el chiste era ver quién llegaba primero. Y ahí ganó la Unión Soviética, cuando envió el primer satélite al espacio –también llamado Sputnik– y después al primer cosmonauta –Yuri Gagarin–. Y aquí Rusia intenta hacer lo mismo: llegar antes que el resto del mundo y obtener una victoria política. No por nada la vacuna también se llama Sputnik (ya deja de decir Sputnik, por favor).

Peeero, a diferencia de la carrera espacial, en donde todo el chiste radicaba en ser el primero –a como diera lugar; ¿alguien recuerda a Laika en el Sputnik 2?– aquí el asunto se trata de producir una vacuna que sirva. De nada funciona decir que se hizo la primera vacuna contra el covid si no lo evita. Y por eso es que hay tanto escepticismo frente a lo dicho por Rusia. A duras penas se sabe cuál es la base de su vacuna, pero no qué efectos produce y qué pruebas ha hecho. 

Uno pensaría que, por tratarse de un esfuerzo global, bien nos podríamos ahorrar el duelo estilo Guerra Fría, pero algunas cosas nunca cambian.

El caso de AstraZeneca, por su parte, no es un bluff sino una apuesta o un riesgo calculado. La vacuna ya está en fase tres, en el proceso de pruebas masivas, lo cual indica un avance significativo. Sin embargo, eso no quiere decir que su éxito se garantice: la historia de vacunas que llegaron a esta fase y nunca se produjeron es larga: sólo el 58% que llegan a este punto tienen éxito.

A ello hay que agregar que la vacuna contra el coronavirus se investiga a contrarreloj. Nunca en la historia de la ciencia se ha logrado producir una en tan poco tiempo. El récord, hasta hoy, es de cuatro años. La prisa no es la mejor compañera.

Pero incluso si la vacuna se aprobara mañana su aplicación no sería inmediata. Falta que se pueda replicar y fabricar en gran escala. Ya dijo el ingeniero Slim que México y Argentina empezarán a producirla de una vez, aunque todavía no se haya superado la fase tres, todo con tal de ganar tiempo. 

De ahí serán los gobiernos quienes decidan quién la recibe primero.

Aun si la vacuna de AstraZeneca resulta exitosa, hay que ser realistas: será hasta el próximo año que comience su aplicación masiva

Mientras tanto a esperar. Nada de que “venga el líquido”.

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Esteban Illades

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