Con peras y manzanas: el desabasto de chips

En el fondo de los últimos meses, se han gestado emergencias a nivel internacional por un desabasto generalizado de chips semiconductores.

Por Raúl Bravo Aduna

Desde que comenzaron los confinamientos por la emergencia sanitaria global por covid-19, diversas crisis se han encadenado a ella. La más obvia, por supuesto, es la económica, derivada de cierres prolongados en casi todos los países del mundo que han mermado los ingresos y fuentes de trabajo de las mayorías. Sin embargo, en el fondo de los últimos 15 meses, se han gestado varias emergencias a nivel internacional por un desabasto generalizado de chips semiconductores. Van y vienen y han tenido distintas intensidades y consecuencias entre 2020 y 2021. Particularmente, a últimas semanas se han exacerbado en la industria automotriz; sin embargo, la falta de estos materiales han impactado, sin exagerar, todos los puntos de las cadenas de suministro y producción del planeta.

El problema no es menor. Está poniendo en jaque a regiones enteras que dependen de industrias que, al tener que parar completamente, afectan a una gran parte de su población, así como a su integración económica a cadenas que cruzan fronteras. De igual manera, la falta de chips en el mundo tienen un potencial muy concreto de impactar en los bolsillos de consumidores (o sea, nosotros) obligados a tener que cambiar sus hábitos para integrarse a rutinas laborales, sociales y personales casi completamente digitalizadas a raíz de estar confinados a nuestros hogares.

Si continúan estas crisis por mucho más tiempo, como todo parece indicar, las consecuencias de ellas serán cada vez más desastrosas; sobre todo, si consideramos que nuestras vidas están mediadas por chips: desde automóviles (que pueden llegar a utilizar más de 3,000) hasta lavadoras e incluso cepillos de dientes; sin olvidar, obvio, a las computadoras y celulares a los que estamos pegados en estos días.


¿Y cómo llegamos a esta crisis?

He tratado de no hablar de una sola crisis, porque el problema del desabasto de chips es multifactorial. De saque, la industria de producción de semiconductores es cíclica; es decir, depende demasiado de temporadas, de integración de tecnologías y de demandas regionales e internacionales. Asimismo, es un sector que gira alrededor de tres empresas (Intel en Estados Unidos, TSMC en Taiwan y Samsung en Corea del Sur); por tanto, cualquier asimetría de demanda de una, inmediatamente impacta a todo el mundo. Así pues, las crisis de desabasto de estos componentes no son novedosas. Hace apenas 10 años se vivió una muy similar a la actual. No obstante, la pandemia ha sido clave para mover las piezas de la industria a la situación actual.

En un primer momento, a principios de los confinamientos, hubo cierres de fábricas en el sector que impactaron la producción de chips y, por consiguiente, su distribución a todo el planeta. Pero como el 80% de su manufactura se concentra en Asia (Taiwan encabezando la lista), donde la disciplina social permitió reabrir economías al cabo de un par de meses, los cierres fueron menores y la producción comenzó a restablecerse más o menos rápidamente. Ese primer cuello de botella fue fundamental para comenzar a retrasar toda la cadena de suministros a lo largo de 2020 y ahora en 2021. Pero no se habló de una crisis hasta que comenzó realmente a aumentar la venta de equipo de cómputo en montones de países. Al tener que utilizar computadoras con más potencia en casa, la demanda se disparó por encima del 11% a nivel global.

¿Y nada más?

Precisamente no. A esto se han sumado otros factores que no han permitido que la oferta de chips alcance a la demanda a lo largo de los últimos 15 meses. El hecho de que en plena pandemia se lanzaran consolas de videojuegos tanto de Sony como de Microsoft hizo que la distribución de chips se concentrara fuertemente en un solo mes en esos productos. Por ello mismo, por ejemplo, ambas empresas han reportado que no podrán llegar a sus ventas estimadas para su primer semestre de lanzamiento. Igualmente, el boom de criptomonedas y sistemas que se encabalgan a Blockchain han creado por su parte cuellos de botella en el acaparamiento de chips en un sector en MUY constante expansión. Casi por último, cabe mencionar que con el avance de campañas de vacunación en el mundo, la industria automotriz tuvo un aumento brutal de ventas a principios de 2021.

Ahora sí por último, no se puede soslayar que Estados Unidos y China llevan algunos años en medio de una Guerra Fría tecnológica que en gran medida se libra en la demanda, oferta y distribución de chips semiconductores. La manufactura en EEUU está altamente encadenada a la implementación de chips; sin embargo, han tratado de prescindir de socios asiáticos para golpear a la producción china; por eso, la cadena de suministros de ese sector en este lado del charco se ve mermada por una acaparación casi total de chips por nuestro vecino del norte. Las consecuencias de este conflicto geopolítico son notorias en la industria automotriz, porque nuestro país está completamente integrado a Canadá y Estados Unidos en el sector. Si sumamos esto a todo lo anterior, podemos entender por qué varias armadoras mexicanas están y estarán paradas en mayo.

¿Y qué sigue?

Las estimaciones más optimistas apuntan a que la crisis de desabasto de chips terminará a finales de 2021. Pero hay quienes consideran que esto podría seguir hasta 2023. Y es que no es posible simplemente expandir la producción de semiconductores. Es carísimo articular fábricas de este tipo. Samsung, por ejemplo, vende cerca de 56,000 millones de dólares de chips al año, pero ellos mismos consumen alrededor de 36,000 millones de dólares. TSMC, para tratar de ganarle a la demanda, va a invertir este año 28,000 millones de dólares en fábricas solamente para poder cumplir con sus pedidos. Cada vez cuesta más producir la tecnología que usan casi todos nuestros aparatos hoy en día. Y mientras se intenta sortear la crisis, la demanda no para. 

Esta crisis no hará más que encarecer televisiones, teléfonos, automóviles y electrodomésticos (algo que ya se nota más o menos en el mercado). Pero la cosa no acaba ahí. Toda la integración vertical de nuestro estilo de vida pasa por chips: la producción y manufactura de casi cualquier producto necesita de semiconductores. Por el momento, las soluciones a este problema se ven de muy largo plazo: invertir miles de millones de dólares en fábricas para aumentar la oferta, acortar lo más posible cadenas de suministro en casi todas las industrias o, de plano, dejar de consumir por completo.

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