Por Diego Castañeda

A través de la historia, en el mundo hemos visto sólo once casos de países que han crecido más de 7 por ciento al año por dos o más décadas de forma sostenida (la gran mayoría en Asia). México nunca ha sido uno de esos países; en su mejor periodo, entre la posguerra de la Segunda Guerra Mundial y la década de los años ochenta, México estuvo cerca de ese club, con un crecimiento que rondaba el 6 por ciento de forma sostenida. Desde entonces México ha estado en lo que parecería una contradicción, un “estancamiento dinámico”.

Caracterizar a la economía mexicana como un “estancamiento dinámico” aunque parece un oxímoron no lo es, la economía mexicana ha crecido los últimos 40 años a una tasa que ronda el 2 por ciento en promedio; en ese sentido, no esta estrictamente estancada, pero cuando vemos su tasa de crecimiento en términos de convergencia, ésta sigue ocupando el mismo lugar respecto al promedio de la economía mundial.

La gráfica ilustra el punto, los países que se encuentran por arriba de la línea de 45 grados han mejorado respecto a sus posiciones en 1990, los países por debajo de la misma línea han empeorado, México se encuentra justo sobre la línea.

¿Qué tienen en común los países que han mejorado ?

Los países que han mejorado tienen ciertas características compartidas, sus elevadas tasas de crecimiento provienen de una mezcla de éxito en la economía internacional, una integración exitosa, muy elevadas tasas de inversión pública y privada, una rápida acumulación de capital en todas sus formas, sobre todo físico y humano.

México no tiene muchas de esas características, sí se ha integrado con la economía global, pero su éxito comercial es anómalo, no contribuye mucho al crecimiento, producto de una mala política industrial. Invierte poco porque no tiene capacidad fiscal y los privados invierten poco porque no tienen incentivos por la estructura del mercado o simplemente porque no encuentran inversiones rentables. México ha acumulado capital humano, produce más graduados que antes, pero el mercado interno no tiene capacidad para absorberlos al grado que parece que hay más oferta de trabajo calificado que demanda de trabajo calificado (salvo algunas profesiones muy específicas).

No obstante, lo que a todas luces es un desempeño económico que deja mucho que desear, durante años se presumía como el mejor manejo de la economía en nuestra historia. Crecer mucho en el corto plazo se antoja difícil, hacen falta más recursos y el potencial de crecimiento de la economía no va cambiar sin que el gobierno y los privados inviertan como nunca en infraestructura y tecnología.  

Ahora que la debilidad fiscal del país amenaza con prolongar la falta de crecimiento y extenderla pasada las cuatro décadas, es tiempo de que preparemos una reforma fiscal para tener la capacidad de hacer lo que hace falta para crecer. Sin crecimiento, reducir la pobreza, combatir la desigualdad y mejorar la calidad de vida de las personas es una tarea casi imposible y sin más recursos fiscales es poco probable que algo de esto ocurra.  

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Diego Castañeda es economista por la University of London.

Twitter: @diegocastaneda