Hay trabajos en las que los error u omisión, puede ser fatal, sobre todo cuando el mundo entero atraviesa por una pandemia. Ahora, gracias a un descuido, el espacio, la Estación Espacial Internacional (ISS), los seis astronautas que viven en ella e incluso, los planes a un futuro próximo, se podrían ver comprometidos, luego de que un alto funcionario ruso que estuvo en contacto con algunos astronautas que se dirigían  a la ISS, diera positivo a COVID-19, poco después del lanzamiento.

Evgeniy Mikrin, Jefe adjunto de Energía de Cohetes y Transporte Espacial de la Agencia Espacial  Federal Rusa, voló en un avión del gobierno, desde Moscú hasta el Cosmódromo Baikonur, en Kazajistán, en compañía del director de cosmódromo, Dmitry Rogozin, para presenciar el lanzamiento de la  nave espacial Soyus MS-16, que se dirigía hacia la ISS.

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Ambos empleados, estuvieron en contacto directo con los astronautas, en especial Rogozin, uno de los agentes más importantes del Kremlin, fue visto cerca de los dos cosmonautas rusos y uno estadounidense, charlaron y  celebraron, mientras se encargaban de supervisar el lanzamiento, el pasado 9 de abril del 2020.

A pesar de que las evidencias fotográficas del despegue, no muestran que Mikrin tocó a los astronautas, sí se aprecia que estuvo cerca de ellos sin utilizar ningún tipo de protección para evitar el contagio. Fue hasta poco después del despegue, que  Mikrin, de 64 años se hizo la prueba del coronavirus, resultando positivo, hasta entonces,  permaneció en aislamiento.

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Pero la cosa, no para ahí. De acuerdo con The Sun,  Roigozin, de 56 años, quien es un aliado cercano del presidente Vladimir Putin, estuvo jugando con su tapabocas en lugar de proteger a los cosmonautas. Fue hasta la despedida formal que se paró a dos metros de distancia de los tres hombres del espacio. Lo peor, es que tanto el  astronauta de la NASA, Chris Cassidy, ni los cosmonautas rusos,  Anatoly Ivanishin e Ivan Vagner, tenían los rostros cubiertos o alguna forma de protección. Estuvieron expuestos al coronavirus todo el tiempo.

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Cassidy,  dijo antes del lanzamiento de la nave  Soyuz MS-16,  que la tripulación había estado en “una cuarentena muy estricta” durante el mes anterior y que gozaban de buena salud. “Todos nos sentimos fantásticos”, agregó. Por su parte, el comandante de la tripulación Ivanishin dijo a The Sun que: “Hemos estado completamente aislados en esta etapa final de entrenamiento”. Sin embargo, las imágenes de los momentos previos al lanzamiento muestran que ni  Rogozin, ni Mikrin se adhirieron al distanciamiento social.

Cualquier patógeno podría poner en peligro a la tripulación de la Estación Espacial Internacional, pero en el caso de que el  COVID-19, llegara al espacio sería desastroso. Los astronautas, no tendrían otra forma de ayuda más que vía remota, desde luego, carecen de pruebas de laboratorio, cosa que no haría falta, pues bastaría que uno de ellos tuviera el coronavirus para que el resto se contagie y en caso de que alguno tenga síntomas graves, no habría forma de que librara la batalla.

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Como si la situación no fuera lo suficientemente estresante, luego de que Evgeniy Mikrin fuera confirmado con COVID-19, la Agencia Espacial Rusa, informó que tres de los 60 empleados confirmados con coronavirus, fallecieron a los 62, 68 y 52 años de edad, aunque este último, había sido diagnosticado con neumonía y sospechas de coronavirus que no llegaron a ser confirmadas.

La situación se mira un poco optimista, pero en palabras de la propia agencia, no hay de qué preocuparse, pues se han tomado medidas extraordinarias para evitar que el coronavirus llegue a la estación espacial. ¿Les creemos?

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