Por Karen Villeda

That is to say, the wind blew from the worst possible direction for landing at the Lighthouse.

In a moment he would ask her, “Are we going to the Lighthouse?”. And she would have to say, “No: not tomorrow; your father says not.”

Fragmento de To the Lighthouse de Virginia Woolf To the Lighthouse de Virginia Woolf

En Cuaderno de faros encontramos remembranzas, historia, lecturas e incluso señalamientos marítimos. En medio de faros reales, como los que la autora visita o incluso sabe que no visitará nunca (Alejandría, por ejemplo), y faros imaginarios que proceden de la escritura de To the Lighthouse de Virginia Woolf o Northern Lights: Or, a Voyage in the Lighthouse Yacht to Nova Zembla and the Lord Knows Where in the Summer of 1814 de Sir Walter Scott.  

“Yaquina Head”, ensayo que podemos leer en línea en la sección de cultura de Nexos, abre este libro con una intensa reflexión sobre el coleccionismo de estas construcciones: “Lo que siento por los faros es todo lo contrario de la pasión, en todo caso es pasión por la anestesia”. ¿Cómo coleccionas un faro? La escritora nos proporciona una respuesta: con los viajes reales y literarios, los cuales son una parte fundamentalísima de Cuaderno de faros: “Ahora puedo distinguir entre dos colecciones: la de los libros en sí —los objetos— y la de las experiencias de lectura, que también se codician y acumulan”. En el ensayo inicial, Jazmina Barrera entreteje un reencuentro familiar en Portland con su primerísimo acercamiento a los faros: fue un sueño con uno “abandonado y lejos de la costa. Debajo tenía un jardín y una casa donde vivía con mis padres”. En “Jeffrey’s Hook”, la ensayista hace referencia a los faros falsos, como los de su propia ciudad, la de México, que añora estando en Nueva York: “Durante mi vida ha sido el hotel de México, de la colonia Nápoles, no ya la torre Latinoamericana, el referente en el horizonte. En Manhattan son tantos los rascacielos que ninguno me sirve de faro”. Es en el tercer texto, “Montauk Point”, en el que Jazmina Barrera aborda el sentido que la amistad brinda a nuestras vidas, “en esa soledad estábamos juntas, nos acompañábamos”, en contraste con la soledad de los fareros para quienes “dormirse era el mayor crimen de todos”.  “Faro de Goury” mantiene el tono confesional: “Quizás es cierto que me gustan los faros porque soy desorientada. Me siento todo el tiempo a la deriva y por eso la imagen del marinero perdido en altamar me parece tan angustiante”. Es recordando un viaje a Normandía donde Jazmina Barrera, que obtuvo el premio Latin American Voices de ensayo por Cuerpo extraño, le otorga precisamente una corporalidad a los faros: tienen mirada y tienen voz: “La luz del faro es voz en tanto que lenguaje”. Las crónicas de viaje se intercalan en la bitácora de lecturas de la misma manera en “Blackwell” donde nos relata la primera vez que visitó un faro a solas y completa un relato de Poe: “Quizás en realidad no haya ningún faro. Quizás el verdadero fantasma sea el faro”. En medio de esta obsesión, aparece la escritora que se está “enamorando de una idea de belleza que por momentos se parece demasiado a la muerte. Ciertas colecciones estarán para siempre incompletas y a veces es mejor no persistir”. “El faro de Tapia” cierra Cuaderno de faros con fragmentos del diario “de quien no tiene tiempo de redactar con calma pero no quiere olvidar” mientras está en Asturias, España: “Pero como no es un diario, sino un cuaderno, como lo que quiero en este viaje es olvidarme de ese día, de ese otro viaje y esa despedida, no voy a seguir escribiendo”.

La también editora de Ediciones Antílope nos permite asomarnos a su gabinete de curiosidades relacionadas con los faros: desde del impacto de un álbum ilustrado, The Little Red Lighthouse and the Great Gray Bridge de Hildergarde Swift, para evitar la subasta del Jeffrey’s Hook, hasta el contenido (que puede parecer anacrónico) del Cuaderno de Faros de México al momento de hablar sobre los guardafaros de nuestro país.  Jazmina Barrera nos hace detenernos ante cuadros de Edward Hopper o repasar autores como Julio Verne, Edgar Allan Poe y Yukio Mishima al momento de contarnos su paso por Roosevelt Island para conocer el Blackwell Lighthouse.

Los ensayos están espléndidamente unidos por la melancolía como una emoción estética. A lo largo de la lectura de Cuaderno de faros, es posible toparse con ciertos desgarramientos, pérdidas a las que la autora les es leal y motivos interiores que no agotan con el paso del tiempo: “Hay experiencias que se viven en un presente retrospectivo, mientras se evoca su recuerdo, a sabiendas de que éste se recordará en el futuro”. Es así que “[e]l faro siempre es otro dependiendo de cuándo y desde dónde lo mire”. Como señala Antonio Muñoz Molina, escritor español, respecto a esta colección de ensayos: “Los faros de este cuaderno son faros literales que todavía se encienden de noche en las costas del mundo y faros que se apagaron hace siglos, y algunas veces faros que nunca existieron”.

Jazmina Barrera, Cuaderno de faros, Tierra Adentro, 2017

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Karen Villeda es escritora. Ha publicado un par de libros para niños, uno de ensayos y cuatro poemarios. En 2015 participó en el Programa Internacional de Escritura de la Universidad de Iowa. En POETronicA (www.poetronica.net) explora la relación entre poesía y multimedia. (Ah, y tiene un gato llamado León Tolstói.)

Twitter: @KarenVilleda

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