Ante las dudas sobre la salud de Josefina Vázquez Mota, López Obrador y Peña Nieto  plantearon la posibilidad de que todos los candidatos presenten exámenes médicos, la panista fue más allá y condicionó  al candidato del PRI: yo me hago las pruebas médicas, pero tú la del polígrafo y el antidoping. Entre estos dimes y diretes -que quizá no lleguen a ningún lugar-, lo que realmente  destaca es nuestro derecho a conocer las condiciones físicas y psicológicas de aquellos que nos representan.

El analista político Raymundo Rivapalacio ya había comentado al respecto en “2012, la salud de los candidatos”, y ayer la periodista Carmen Aristegui retomó este escrito y lo abundó mencionando que en Estados Unidos  no hay leyes que obliguen a los candidatos presidenciales o presidentes en funciones a divulgar información sobre su estado de salud física o mental, sin embargo, informar sobre este tema es considerado una obligación moral, y resistirse a hacerlo puede afectar la confianza del electorado y hasta la intención del voto, y más cuando hay dudas respecto a la salud del susodicho.

La historia nos da algunos ejemplos del asunto: Boris Yeltsin fue electo presidente de Rusia sin que se supiera que sufría un alcoholismo que le provocaba depresión crónica; Francois Mitterand gobernó Francia durante 14 años pese al cáncer de próstata que padeció; Roosevelt  soportó el dolor de la polio y se convirtió en uno de los mejores presidentes de Estados Unidos; Hugo Chávez se ha ausentado de su mandato en Venezuela para realizarse radioterapias en Cuba; y en México está el rumoreado consumo de Prozac de Vicente Fox y el supuesto problema de alcoholismo de Felipe Calderón. ¿Qué tanto afectó ello el proceso de toma de decisión?, pregunta Rivapalacio.

A la candidata del PAN poco le faltó para desmayarse, y aunque ya apareció haciendo ejercicio para ‘comprobar’ que está en perfectas condiciones, la duda ya fue sembrada. Semanas antes, López Obrador fue cuestionado sobre su salud, después de darse a conocer su cansancio y que de no ganar las elecciones se iría a La Chingada (nombre de una propiedad suya en el estado de Chiapas), además de los divertículos que supuestamente padece, lo cual ha sido negado por sus allegados;  y el priísta Enrique Peña Nieto… bueno, es como es. Lo cierto es que si en muchos trabajos piden un examen  de salud para saber las condiciones  en que se encuentra el aspirante para desarrollar sus funciones, ¿por qué un posible mandatario nacional o alto funcionario no lo hace?

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