Este año nos enteramos de las disculpas públicas que el Estado mexicano ofreció a la periodista Lydia Cacho por la lucha que libró contra las autoridades locales y federales tras la publicación del libro “Los demonios del Edén”. Ahora, estamos frente a las disculpas que, de nueva cuenta, el Estado da a las familias de los alumnos del Tec de Monterrey, Javier Francisco Arredondo Verdugo y Jorge Antonio Mercado Alonso.

Recordemos que los estudiantes de posgrado fueron torturados y asesinados por miembros del ejército, el 19 de marzo de 2010, cuando las Fuerzas Armadas entraron al campus del Tec de Monterrey mientras se enfrentaban contra un grupo militar —justo en contexto de la guerra contra el narco, en la gestión de Felipe Calderón—.

Sin embargo, pese a que el gobierno Federal –después de varios años y la lucha civil por el acceso a la justicia— ha llevado a cabo las disculpas públicas, hay quienes se preguntan para qué sirve todo este rollo, ¿cambiarán las cosas?, ¿se resarcirán los daños? o como lo tuiteó el expresidente Vicente Fox ¿se desacredita al pasado?

Para entender de qué va esta acción, aquí te explicamos su importancia y en qué radica, cuáles son sus bases y objetivos.

 Estudiantes del Tecnológico de Monterrey así como familiares de los estudiantes asesinados durante una balacera entre el ejército y narcotraficantes en las afueras de la universidad hace 4 años, realizaron un memorial en una plaza pública en donde dieron pronunciamientos de paz y justicia

Estudiantes del Tecnológico de Monterrey así como familiares de los estudiantes asesinados durante una balacera entre el ejército y narcotraficantes en las afueras de la universidad, realizaron un memorial en una plaza pública en donde dieron pronunciamientos de paz y justicia (2014). Foto: Cuartoscuro.

La disculpa pública del Estado mexicano

“Pónganse a trabajar, a resolver, a cumplir!! Déjense de disculpas y descalificar el pasado. Hay demasiado que hacer para seguir perdiendo miserablemente el tiempo”, escribió el exmandatario Vicente Fox en su cuenta de Twitter, en relación con una nota sobre el IMSS y la disculpa pública que ofrecerá por la tragedia en la guardería ABC.

Como Fox, hay quienes piensan que este acto es sólo “una perdida de tiempo” y más vale ponerse a trabajar, entrar en acción y evitar que injusticias como estas sucedan.

Sin embargo, lo que critican es aquello que precisamente ayuda a encontrar los medios para la reparación del daño —si bien este es otro largo proceso para las víctimas y sus familiares—, reivindicar la voz de las víctimas y sentar precedentes para que estas situaciones no sucedan.

Pero sobre todo para reconocer la voz de las víctimas que se supone debían ser protegidas por el Estado —cuyo sistema falló para hacerlo, tal es el caso de la periodista Lydia Cacho o las indígenas Jacinta, Alberta y Teresa y ahora Javier Francisco y Jorge Antonio—.

¿Por qué?

Se tratan de casos donde el Estado falló en proteger a las víctimas y  fue partícipe de las injusticias. De acuerdo con el ICTJ (Centro Internacional para la Justicia Transicional) las disculpas por parte de los gobiernos son una forma de reparación simbólica y un reconocimiento oficial de que se cometieron violaciones a los derechos humanos de las víctimas.

Además, el Estado reconoce su responsabilidad por los casos, todo como la apertura de justicia para las víctimas y sus familiares.

Entonces, ¿protocolos como estos significan “perder el tiempo”? Organizaciones internacionales como la ONU piensan lo contrario. Es decir, las disculpas del Estado no son en vano, ya que son la culminación de un largo camino para acceder a la justicia y verdad así como el comienzo para sentar un precedente en la NO repetición de los casos.

En el México del siglo XX era difícil que la estructura gubernamental reconociera sus crímenes, apostando al olvido y a que las cosas no cambiaran —impunidad, injusticia y omisiones—.

Sin embargo, con la participación de organismos internacionales así como nacionales, la apertura se ha dado. ¿El resultado? El Estado tiene la obligación de escuchar las voces de indígenas, campesinos, periodistas y activistas, no las olvida, ni las oculta y junto con la sociedad se reconoce su lucha.

**Foto de portada: Cuartoscuro.