El clímax creativo de Björk

Sin duda uno de los factores más deseados al momento de escuchar un nuevo álbum, es la innovación.

Sin duda uno de los factores más deseados al momento de escuchar un nuevo álbum, es la innovación. Que últimamente se ha dado por muerta con muchas bandas y artistas escudándose en el clásico “ya no hay nada nuevo bajo el sol”. Sin embargo, Biophilia se perfila como una de las producciones más originales, inovadoras y cautivadoras de los últimos años.

Todo comienza con “Moon”, la canción que le abre la puerta al universo de Björk al escucha, probablemente esta es la primer canción del álbum porque la luna es el elemento cósmico con más presencia en nuestro subconciente. “Thunderbolt” es sin duda uno de los mejores tracks de Biophilia; orquestado por los rayos eléctricos de una bobina de Tesla y un lúgubre órgano, en el que la islandesa nos cuenta acerca de sus genes.

“Crystalline” y “Cosmogony” son dos de las canciones del disco que ya habíamos escuchado con anterioridad, la primera memorable por su explosión de sintetizadores y la segunda por sus impecables arreglos musicales. Las dos canciones resumen la cara explosiva y tranquila del álbum pero cabe destacar que este es un disco que se tiene que escuchar de principio a fin, por lo que ambos tracks no representan en lo más mínimo el sentimiento universal de Biophilia.


Después de haber concluído la gira de Volta, Björk se rodeó de científicos para así lograr entender los procesos básicos de la vida, en la tierra y el universo. Dichas lecciones científicas fueron también la inspiración de Biophilia y de los inusuales instrumentos musicales mandados a hacer por la artista.

Björk siempre se ha caracterizado por ser pionera en el uso de nueva tecnología musical y en esta ocasión péndulos, arpas, rayos eléctricos, iPads y extraños sintetizadores son sólo algunos de los artefactos que hacen de esta producción algo único. Sin duda el pilar más importante de Biophilia son los sonidos que emiten dichos instrumentos, creando un abanico de posibilidades sonoras totalmente nuevo y que seguramente insipirará a muchos artistas.

“Dark Matter” y “Hollow” son piezas elegantes, lúgubres y un poco “vampirescas” debido a la oscura perfección y sensualidad en su composición, ambas embonan perfectamente (recordando un poco a Medúlla, lanzado en 2004 por sus matices y coros oscuros) y dan paso a “Virus”, una canción que contrasta por contener un gran sentimiento de dulzura y mostrar el lado materno de Björk.

“Sacrifice” resume las influencias impregnadas por 16Bit, agrupación electrónica inglesa que trabajó con la islandesa en este disco y que logró aportar grandes beats que se mezclan perfectamente en un todo. “Mutual Core” es otra de la joyas de Biophilia, esta pieza simula el movimiento de las placas tectónicas y culmina con una erupción, tal vez inspirada por la violenta actividad del volcán Eyjafjallajökull en Islandia el año pasado.

Acompañada de un péndulo de Foucault (que ayudó a comprobar la rotación de la tierra) “Solstice” se encarga de cerrar el álbum con un sentimiento de eterno andar, debido a las escalas armónicas con las que la canción fue creada, mismas que estuvieron basadas en los ciclos de rotación terrestre.

Parece que durante las grabaciones de esta nueva producción, Björk se dio cuenta de que ya no tenía que demostrarle nada a nadie, creó un universo que en lugar de sentirse pretencioso, fluye de manera natural como los ciclos del universo descritos en el álbum. En mi opinión (y arriesgándome a perder toda credibilidad) Biophilia podría ser el mejor disco de la carrera de Björk, una producción que llena de elegancia se perfila como el clímax creativo de la cantante que ha logrado desviar nuestras miradas hacia Islandia por dos décadas.





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