El día de hoy, el país se despertó con dos malas noticias sobre el futuro de nuestros bolsillos. Por un lado el Banco de México bajó su pronóstico de crecimiento. En vez de 3.29%, México sólo crecerá 3.08 y no debería parecernos extraño que a través del año la expectativa baje todavía más hasta rozar el 2.5%.

En otras palabras, México producirá sólo lo suficiente como para no caer en crisis frente al año pasado, pero para nada lo necesario como para impulsar un crecimiento de la economía. Probablemente, los grandes empresarios no lo resentirán demasiado, aunque para los ciudadanos comunes, esto representará una alza en los precios que a duras penas podrás sostener.

Por otro lado, el dólar amaneció en un precio histórico: 15.53 pesos, el más alto en seis años.

Las razones son tan sencillas como tristes. De acuerdo con el 24% de los expertos encuestados por el Banco de México, las dos razones principales son la desconfianza que los empresarios tienen para invertir en México y, por otro lado, el precio del petróleo.

En realidad, lo segundo es causa de lo primero: el gobierno Mexicano creó una estrategia de crecimiento económico basada en la arriesgada apuesta a que el petróleo se vendería tan bien como a finales de 2013, es decir, a unos 90 dólares por barril. Hoy, el precio del petróleo, nuestro producto de exportación por excelencia, es de 30 dólares. No importa cuánto vendamos, ganaremos sólo una tercera parte de lo proyectado. El gobierno federal ya está aplicando serios recortes al campo y ha congelado planes de desarrollo para sectores urgentes. Los senadores también ponen su granito de arena par unirse al plan de austeridad y se han recortado nada menos que 100 pesos de su sueldo.

Por su parte, la razón de la caída del petróleo es, irónicamente, la hiperproducción de crudo que Estados Unidos logró el año pasado. El país del norte ha logrado hacerse de unas buenas reservas, lo que le ha llevado a reducir su demanda. A menor demanda, menor precio. China se une al grupo de grandes potencias que han decidido comprar menos petróleo, lo que deja a México con un negocio sin clientes y con un producto depreciado.

La caía del petróleo hace pensar a los inversionistas que ésta no es tierra fértil para su industria y los aleja. A su vez, los empresarios nacionales, grandes y pequeños, han limitado su crecimiento y sus planes se dirigen a mantener a flote sus negocios. Sin movimiento de capital la economía se estanca, y tu bolsillo también.

México necesita tomar esta situación en serio y los secretarios de Hacienda y Economía deben presentar planes de desarrollo tan ambiciosos como lo fue la #ReformaEnergética para evitar que el estancamiento se convierta en una crisis irremediable, como esas que bien conocemos.

@plumasatomicas