Thomas Olsen hizo una fortuna armando barcos en Noruega. Olsen, su esposa y sus dos hijos, veraneaban en Hvitsten donde tenían una casa junto a la de Edvard Munch, el atormentado pintor nórdico que entre 1893 y 1910 pintó una serie de cuadros sobre la melancolía, el miedo y la nostalgía.

La serie incluía cuatro versiones de “el Grito”, una de ellas la compró Olsen con el dinero de sus barcos y la colgó en la sala.

Un día el buen Thomas amaneció muerto y su esposa se convirtió en la heredera de la fortuna familiar entre la que se incluía el Grito y otras treinta pinturas de Munch. Un día ella también amaneció muerta y sus dos hijos heredaron la casa en Hvitsten con el cuadro de un hombre en tonos verdes contra un fondo anaranjado.

Ayer, ese mismo cuadro, la única de las cuatro versiones de “el Grito” que permanece en manos privada fue subastado por la casa Sotheby’s en 119.9 millones de dólares. La cifra más alta que se haya pagado por un cuadro en toda la historia. La obra salió a la venta por un precio de 40 millones de dólares y millón a millón fue subiendo a lo largo de 12 minutos hasta los 107 millones, cifra sobre la que cayó el martillo del subastador y a la que hay que sumar 13 millones de la comisión.

El arte es una burbuja del mercado. Ante el temor de que las bolsas se desplomen y el oro caiga, los inversionistas han encontrado en el arte un lugar seguro para invertir… ante el colapso de bancos y de países enteros, el arte se ha convertido en refugio de los grandes capitales.

Así se explican los especialistas los casi 120 millones que alguien ha decidio pagar por el Grito de Munch. Curioso que un cuadro que parece reflejar a la perfección la zozobra, el miedo, la ansiedad y la incertidumbre.

El cuadro perteneció hasta ayer a Petter Olsen, lo heredó en 2001 tras una agria disputa legal con su hermano en la que se repartieron la herencia de su madre. Los dos hermanos no se han vuelto a hablar.