Gastar dinero que no tienes en cosas que no necesitas, es una conducta más común de lo que creemos. Podríamos pensar en ropa, artículos para nuestros dispositivos o detalles y objetos para el hogar que, creemos, no nos “afecta” física, económica o emocionalmente. Sin embargo, algunas de esas actitudes encajan en un trastorno psicológico llamado “oniomanía” derivado de la ansiedad y estrés, y que se presenta en compras compulsivas que tienen consecuencias negativas en varios aspectos.

La pregunta es: ¿Las instituciones pueden padecer de este mismo trastorno? En realidad, no. A eso se le llama corrupción y se presenta en forma de desvíos de fondos, fraude, gasto de cesantías, sobornos y más. Pero para fines prácticos… presentamos uno de los más grandes ejemplos de “oniomanía” por parte de una institución, en específico el Departamento de Defensa de Estados Unidos mejor conocido como Pentágono.

Resulta que algunos doctores y militares se aprovecharon de una enorme laguna en el TRICARE, seguro médico para la milicia, para gastarse unos 65 millones de dólares en cremas para cicatrices… que nadie tenía. O tal vez sí las tenían pero no querían tratarlas. Tal cual. Sin duda, se trataría de uno de los fraudes más grandes dentro del ejército de Estados Unidos desde 2015.

Pero, ¿cómo le hicieron?

El proceso era el siguiente: un marine obtenía Mederma (crema para tratar cicatrices y dolor) de una farmacia con dirección en Utah a través de una receta médica de un doctor de Tennessee. Por supuesto, el soldado nunca conoció al doctor, nunca necesitó esa crema y no sabía de la existencia de esa farmacia. Y obviamente, el ejército cubría la lanota que costaba la crema. De acuerdo con Nashville Tennessean (vía Business Insider), el soldado también recibía una cantidad de dinero en efectivo al final del proceso. 

La dichosa crema, la cual no ha superado las pruebas de tratamiento contra cicatrices y dolor, cuesta 30 dólares en Amazon (unos 578 pesos mexicanos), pero para el Pentágono, costaba 14 mil 500 dólares… cada tubito. Es decir, 279 mil 713 pesos. Y para echarle limón a la herida, como mencionamos, la crema nunca se ha probado como efectiva.

El fraude no sólo fue contra la institución, sino contra los soldados mismos. Se dice que Joshua Morgan –un marine– reclutaba soldados y les decía que formaban parte de una prueba farmacéutica para tratar el dolor a través de cremas especiales para cicatrices. Los marines recibían 300 dólares cada vez de forma ilegal. Un doctor y una enfermera de una clínica de Tennessee se declararon culpables por fraude a TRICARE  de 65 millones de dólares.

Esa laguna en el TRICARE no es una novedad. Desde 2015, año en que comenzó el fraude, este seguro médico ha dado medicinas cuya efectividad no ha sido aprobada. A veces, no sólo era una medicina, sino una mezcla de varias que no contaban con respaldo.

Con información de Business Insider