El día de hoy, el director del Sistema de Transporte Colectivo (STC), Joel Ortega Cuevas, hizo una visita bastante incómodo a la Cámara de Diputados, respondiendo a la invitación de Laura Barrera, presidenta de la Comisión del Distrito Federal, para que les explicara puntualmente a los señores legisladores qué diablos ocurre con la línea 12 del metro (más vale tarde que nunca, ¿verdad?)

Joel llegó a la cámara con cara de “Santo Cristo de los Metros, estos tipos terminarán linchándome” y sí… más o menos eso hicieron. Diputados del PRI y del PAN se la pasaron formulando preguntas en torno al precio del proyecto y las posibilidades de encerrar a los responsables de lo que la ciudadanía ha denominado sabiamente como “una reverenda porquería”.

En efecto, Ortega dejó clara una cosa: el servicio podría renovarse más o menos en 6 meses, hasta que la empresa francesa TSO (Triacaud Societè Organizè) determine que ya está arreglado todo el desmancito de las empresas ICA, Carso y Alstom, así como la española CAF, que arrienda los trenes.

No sólo los diputados de partidos rivales se la pusieron difícil. También la diputada perredista Yesenia Nolasco le causó algunas incomodidades… bueno, algo mayor que eso: le sugirió que lo mejor era que se retirara del cargo para abrir una investigación “correcta y adecuada” sobre los trabajos de construcción y contratación desde la administración pasada. La diputada debe el banquillo legislativo a los favores de Marcelo Ebrard y a todos sorprendieron sus palabras. Si echamos un poco de coco, es probable que se trate más de una estrategia de defensa para el ex jefe de Gobierno: más vale echarle la culpa a Ortega y así limpiar el nombre del que, con mucha seguridad, será uno de los gallos amarillos para la contienda electoral de 2018.

Los panistas Jorge Franciso Sotomayor y Fernando Rodríguez, de quienes se temía que dejaran caer la gorda sin pelos ni tapujos, acusando a Ortega y  a la administración perredista de manejos irregulares en el proceso de construcción, como antes hicieron por aquí y por allá en algunas de las pistas del circo político, lograron guardar muy bien la compostura, haciendo preguntas bastante puntuales, aunque nada halagadoras, sobre problemas técnicos y económicos del proyecto.

El premio al show de la sesión se lo llevó José Ángel Dávila (quien fuera secretario de gobierno en la administración de Ebrard) al levantarse y llevarle una tarjeta electrónica de transporte colectivo al priista Isidro Morales, para que tuviera la fortuna de, por primera vez, treparse al metro y darse un baño de pueblo. El asunto levantó incomodidades, molestias y susurros entre los presentes y sacó mucho de onda la pobre Joel que no veía la hora de irse a dar el rol y olvidarse del asunto (básicamente como hizo durante el primer año de la administración de Mancera).

Ortega recordó que la suspensión del servicio afecta a 435 mil personas todos los días y se comprometió a defender la posición de que las empresas ICA, Carso y Alstom, así como CAF, cumplan con su obligación, aunque también se echó una profecía de aquellas que levantan los pelitos ante tiempos oscuros: “se está ante la probabilidad de que el consorcio determine que no quiera reparar la línea”.

“Pero como servidores públicos tenemos que apostar a que sí reparen la línea, es nuestra primera intención. Todos cumplieron con las especificaciones, pero en los hechos el tren y la vía se despedazan mutuamente, y hay que hacer una revisión técnico-científica detallada para definir qué pasa entre esos metales cuando ruedan, y lo cerrado de las curvas de 300 metros”.

Ah, va, Joel. Apuéstenle, al cabo que no pierden nada… los que perdemos somos nosotros, como siempre.

En fin, el titular del Sistema de Transporte Colectivo no dejó pasar la oportunidad de invitar a los legisladores a visitar las instalaciones de la línea 12 para que corroboren con sus ojos neófitos que en efecto sí están medio de la patada las cosas. ¿Se imaginan a los diputados echándose una excursión escolar al metro, todos en filita, más que puestos para que un simple tren pase y…? Pero bueno, no hay que echar a volar la imaginación: quienes deben estar usando la cabeza para resolver pronto las cosas son los chicos del STC.

La reunión tuvo un tinte mucho más político que operativo. Sirvió para que lo diputados se desplumaran de una forma ligeramente recatada, y para poner a prueba fidelidades y rebeldías. Los ciudadanos, sin embargo, nos seguimos preguntando: ¿y nuestros 5 pesos?, ¿y nuestro metro?, ¿y el respeto?

Si queremos terminar con una observación más astuta y triste que aquellas exigencias básicas, podemos preguntar: ¿está dispuesto el PRD a pagar 6 meses de costos políticos que serán inolvidables para los votantes frente a las urnas en 2018?

Vía: La Jornada

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