Si tomamos como cierta la máxima de que la política es solo un juego de popularidad, al final de este sexenio podemos estar seguros de que Enrique Peña Nieto perdió… y por goliza. En un reciente estudio se reveló que el priista se retira de la silla presidencial con la aprobación más baja de los últimos cinco sexenios.

Enrique Peña Nieto llega a su último día en el cargo con solo un 24 por ciento de aprobación.

Curiosamente, el presidente saliente es como el América, no hay medias tintas. De acuerdo a los resultados publicados por Consulta Mitofsky, el 74 por ciento de los mexicanos desaprueba su gestión. Ouch.

Eso sí, entre tantas malas noticias para el gabinete y el presidente, tal vez puedan encontrar alegría en que estos no son los peores resultados de su sexenio. En febrero del año pasado, solo el 17 por ciento tenía una visión positiva.

Estos números no son ni remótamente normales. En realidad, la aprobación de Peña Nieto es históricamente mala.

Salinas de Gortari salió de la presidencia con el 77% de aprobación. Sí, eso dice el estudio, no nos reclamen a nosotros. Mientras tanto, Zedillo dejó la silla presidencial con un 66% de respuestas positivas. Fox casi pasa de panzazo el examen del sexenio, pues su aprobación estaba en el 59% cuando terminó su administración.

Felipe Calderón no alcanzó buenos resultados, pero su 53% de aprobación se ve maravilloso en el papel si lo comparamos con el 24% de Peña Nieto.

¿Y qué hizo para terminar así?

De por sí, desde su llegada, el copetón no era el presidente electo más querido, aunque fotografiara bonito. Cuando Mitofsky midió su aprobación en diciembre de 2012, recién tomó protesta, solamente alcanzó el 54% de aprobación. 

De ahí en adelante arrancó la picada. Según el estudio, lo que más le costó frente a la opinión pública fueron los gasolinazos, seguido de su combate —no se rían— a la corrupción. Tampoco le ayudó la inseguridad, los años más violentos en la historia de México y la economía que no mejoró mucho.

De acuerdo a Mitofsky, de los pocos puntos que le están ayudando a mantener su aprobación arriba del 0% es la reforma educativa, su relación con otros gobernantes, su participación en las elecciones del 2018 y que tiene una pinta de ser “tolerante”.