Si la ciencia hollywoodense nos ha enseñado algo es que jugarle a los valientes con la genética animal es —además de un dilema ético bárbaro— la receta para el desastre. Esta vez, el mundo real enfrenta otra más de esas disyuntivas: ahora no son tiburones genios, ni dinosaurios con mala actitud sino un experimento en China que le implantó genes humanos a los monos para ver si puede hacerlos más inteligentes.

—¿Qué podría salir mal?—

Un estudio publicado (AQUÍ) en Beijing explica que un grupo de científicos tomó copias de un gen humano —el MCPH1, para los más leídos en el tema— y se lo implantó a 11 macacos para ver qué sucedía. El gen en cuestión ha jugado un importante papel en el desarrollo de los cerebros en la especie humana y en sus habilidades cognitivas.

O sea, esperaban replicar estos resultados en los monos para ver su posible crecimiento cerebral y ya liberaron sus resultados.

La mala noticia es que de los once “participantes” seis ya murieron. La cosa curiosa, y el “descubrimiento” científico anunciado es que los cinco sobrevivientes tuvieron mejores resultados que los macacos del grupo de control en una serie de exámenes de memoria. Los científicos describieron este estudio como “el primer intento para buscar las bases genéticas del crecimiento cerebral en los seres humanos”. 

La cosa no terminó ahi

Uno de los científicos participantes en el estudio confirmó que está implantándole otros genes distintos a más monos a ver si encuentra cuál es el bueno; o sea, el que separó a la inteligencia humana de la de los primates.

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Macacos Rhesus, la especie que utilizaron en los experimentos // Foto: NatGeo

Por ejemplo, en sus estudios ha utilizado una variante del SRGAP2C —que ha sido bautizado como “el switch de la humanidad”— para ver si puede encontrar resultados comprobables pero dice que es “demasiado pronto” para hacer públicos sus descubrimientos. También, mencionó que trabaja con el FOXP2  —se cree que ese nos dio las habilidades del lenguaje— para ver si puede observar algunos cambios en el comportamiento de los macacos.

¿Y los dilemas éticos, apá?

Jacqueline Glover, una bioética de la Universidad de Colorado, explicaba que humanizar a los monos es hacerles mucho daño: “¿Dónde vivirían y qué harían? No creen seres que no puedan tener una vida completa en los contextos actuales”.

Aunque era consciente los posibles efectos negativos que su investigación podría desencadenar, el científico participante en el estudio defendía su proyecto en una conversación con CNN, decía, entre otras cosas, que no se detendrá. “A largo plazo, esta investigación nos dará valiosa información para el análisis etiológico de las enfermedades humanas (como el autismo) causadas por desarrollos anormales en el cerebro”, explica.