Al más puro estilo Javidú, tres exfuncionarios de la CDMX orquestaron un desvío millonario utilizando una empresa fantasma… pero, igual que al exgobernador de Veracruz, les cayeron en la maroma y fueron arrestados. A ver si no también salen con que no los detuvieron, sino que se entregaron (con pacto previo, claro).

De acuerdo con La Jornada, el trío de presuntos transas laboraban en distintas áreas de la Secretaría de Finanzas de la CDMX. Una se desempeñaba como subsecretaria de Planeación Financiera, otro era exdirector de Operación de Robos y Valedores… digo, Fondos y Valores y uno más trabajaba como director general de Administración Financiera. En resumen, puro directivo con las suficientes facultades como para embolsarse aproximadamente 190 millones 24 mil 307 pesotes.

Según las investigaciones, el desvío estuvo más o menos así: el año pasado la subsecretaria Berenice “G” firmó para autorizar pasar recursos públicos a una cuenta de una disque empresa (no registrada en el padrón de proveedores de Finanzas, por cierto). Pero a ella y sus supuestos cómplices les faltó el colmillo de transas de la vieja escuela… o simplemente hicieron el trámite como siempre se hace desde el gobierno… es decir, con las patas: no especificaron para qué fue la transferencia (si para una obra o un servicio) y, en general, no dejaron cubierto ninguno de los trámites administrativos previstos por las leyes de la CDMX para realizar transacciones por montos tan chonchos como el indicado.

¿Quién pagó los 99 centavos? - Fenómeno de internet

Fotografía de Shutterstock

“Nos hackiaron”

Bueno, para no dejar tan mal parados a los susodichos, El Universal señala que el trío de exfuncionarios hackearon dos cuentas de la Secretaría de Finanzas y, así, realizaron la transferencia de los millones de pesos… pero como haya sido, fueron cachados por la Policía de Investigación de la PJG y ya fueron puestos a disposición de las autoridades.

Según el diario capitalino, una vez que se les echó el guante, los presuntos responsables declararon que cometieron el “golpe” porque pensaron que, por el “desastre” que se vivía el año pasado en la dependencia en la que trabajaban, nadie los descubriría… así que “se les hizo fácil” tomar el dinero que –según indica la averiguación– era para el pago de la nómina de trabajadores de la Secretaría de Cultura y otras dependencias de la CDMX. El desvío afectó a más de 10 mil empleados.