Por Mariana Castro Azpíroz

Ya es temporada de ponche, pavo, galletas… pero también temporada de partículas. Así se le conoce al periodo de noviembre a febrero, cuando la calidad del aire está peor que nunca, por distintos motivos.

Pidiendo posada entre capas atmosféricas

Normalmente, conforme aumenta la altura, disminuye la temperatura. Esto nos queda muy claro al imaginar la sensación de ir escalando una montaña. Pero en ciertas condiciones ocurre el caso contrario: el aire que está en una capa superior de la atmósfera está más caliente que el que se encuentra más abajo. Entonces, entre el aire “frío” y el “muy frío” se forma una capa intermedia de aire caliente: el fenómeno conocido como inversión térmica. Mientras más frío esté el aire, es más denso, así que por más que forme corrientes que corren presurosas intentando subir, el aire caliente forma una capa que no las deja pasar y los contaminantes se alojan en ella.

Esto sucede más frecuentemente en las ciudades porque el cemento de las construcciones y el pavimento absorben calor durante el día; y en la noche, el aire caliente se eleva y el suelo se enfría rápidamente, dejando esta capa de aire caliente por encima. Lo anterior no permite a la polución dispersarse o alejarse de la superficie terrestre, provocando las famosas contingencias ambientales por mala calidad del aire (y que no podamos ver el lucerito mañanero).

La inversión térmica ocurre más en invierno porque los días son más cortos. La radiación solar sobre el asfalto genera corrientes ascendientes, pero rápidamente llegan las noches frías y no da tiempo de que se forme el gradiente de temperatura en las capas de aire. La Ciudad de México tiene un factor agravante adicional: al tratarse de un valle, es más fácil que los contaminantes se queden estancados, ya que está cercado por cerros y montañas. Aquí las inversiones térmicas duran de las 11 de la noche hasta las 9 de la mañana, aproximadamente. Conforme sube la temperatura una vez que salió el Sol, todos los niveles de aire se calientan y eventualmente la polución puede dispersarse nuevamente. 

Contaminante sobre contaminante

Con prácticas como encender fogatas frecuentemente y un exceso de pirotecnia, contribuimos a empeorar la calidad del aire. Ambas generan gran cantidad de contaminantes que se quedan suspendidos en el aire y pueden reaccionar para crear productos aún más tóxicos. Asómate a la ventana y verás los efectos ambientales que genera la combinación de todos ellos: smog y lluvia ácida, entre otros. Además, durante las fiestas decembrinas, el consumo de electricidad en nuestro país aumenta 30%.

Foto: Pixabay

A nivel nacional, el Estado de México es el principal productor de fuegos artificiales y México es el segundo productor de pirotecnia en Latinoamérica. Los fuegos artificiales tienen varios componentes importantes. El color se lo da la quema de metales, como el rojo estroncio o el verde bario. El combustible es pólvora: una mezcla de nitrato de potasio, carbón y azufre. El azufre eventualmente forma el gas tóxico dióxido de azufre, así como ácido sulfúrico: un componente de la lluvia ácida. Además, para que se lleve a cabo la reacción de combustión en los fuegos artificiales, se necesita oxígeno. Este oxígeno lo aportan agentes oxidantes como nitratos, cloratos y finalmente, perclorato de sodio, que también le da la propulsión. Los nitratos al quemarse producen óxidos de nitrógeno: los mismos que emiten los escapes de los automóviles y las chimeneas. Éstos pueden reaccionar posteriormente para formar el ácido nítrico de la lluvia ácida. Una vez en el aire, la mezcla libera monóxido de carbono: un gas tóxico de efecto invernadero; además de las famosas PM 2.5.

… Que tenía la nariz roja como la grana

El tamaño de las partículas contaminantes suspendidas en el aire (que llevan el nombre oficial de “materia particulada” o “PM”) va desde millonésimas de milímetro hasta el tamaño de un grano de arena. Las más pequeñas, o “partículas finas”, son las más peligrosas para la salud, ya que entran a lo más profundo del sistema respiratorio (los alveolos, donde se lleva a cabo el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono durante la respiración). Están compuestas de sulfatos, nitratos, amoniaco, cloruro de sodio, carbón, polvo mineral y agua. Como podrás notar, muchos de éstos provienen de las quemas antes mencionadas. PM 10 y PM 2.5 se refiere a materia particulada cuyo tamaño es de 5 a 10, o de 1 a 5 micras (milésimas de milímetro), respectivamente. Las quemas aportan casi la mitad de las PM 2.5 en la Ciudad de México. Exponerse a estas partículas causa tos, resequedad, irritación y puede reducir la función pulmonar y provocar o agravar enfermedades cardiovasculares y respiratorias, así como cáncer de pulmón. Es por esto que los altos niveles de contaminación atmosférica también se consideran un factor que aumenta el riesgo de covid-19.

De acuerdo a IQAir, socio tecnológico del Programa Hábitat ONU, México ocupa el puesto 48 en el ranking de países más contaminados, con la ciudad de Toluca a la cabeza. En los primeros lugares se encuentran países asiáticos, comenzando con Bangladesh, que tenía un impresionante índice de PM 2.5 de 83.3 microgramos por metro cúbico en 2019. México tiene un valor promedio de 20. El valor seguro para respirar, según la OMS, es una concentración anual promedio de 10. En Toluca el promedio es de 29.4, aunque en mayo de 2019 llegó a 44.4. En la Ciudad de México el valor es de 20.5; en Monterrey, de 19.3; y en Guadalajara, de 18.9. En 2016, el 91% de la población mundial vivía en países que sobrepasaban el límite establecido por la OMS, lo cual provocó 4.2 millones de muertes prematuras.

Así que no quemes basura, reduce el uso de automóvil particular y haz un uso eficiente de energía eléctrica y gas. No desperdicies y celebra estas fiestas de la manera más ecológica posible. No es necesario detonar cohetes para festejar. Se verán muy vistosos, pero unos segundos de color no justifican los efectos permanentes en el ambiente y en la salud. Eso sin mencionar la contaminación auditiva… mejor optemos por una noche de paz. Y si de espectáculos celestes se trata, ¿qué mejor que un cielo limpio y despejado en una noche estrellada?

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Mariana Castro Azpíroz estudió biología molecular en la UAM Cuajimalpa. Ha realizado investigaciones en colaboración con el Centro de Investigaciones Biológicas y Acuícolas de Cuemanco (CIBAC, UAM-X); además, se ha dedicado al cuidado y conservación de especies acuícolas endémicas. Desde 2019 se dedica a la divulgación científica y actualmente hace educación ambiental a través de redes sociales.

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